Opinión

Percepción de la confianza / Debate electoral

El proceso electoral que concluyó este año, donde se renovaron los poderes Ejecutivo y Legislativo federal, lo hizo con un resultado en las urnas que, no obstante el tiempo mediado entre la jornada electoral, la calificación de la elección y la toma de posesión, transmitió señales entre el presidente entrante y el saliente, al menos hasta este momento y con algunos sobresaltos, que nos permite hablar de una transición tersa.

El renovar el gobierno de manera pacífica no es el único resultado por analizar derivado del proceso electoral; comparado con el año 2017, se ha medido la percepción que tiene la población acerca de la confianza que le generó la participación de partidos políticos, medios de comunicación e instituciones dentro de las elecciones.

De acuerdo con Consulta Mitofsky, la confianza promedio en las instituciones mexicanas insertas dentro del estudio creció, pues mientras tres se mantuvieron (Universidades, Ejército e Instituciones Defensoras de Derechos Humanos) y una decreció, (el empresariado) de ahí en más, en las 17 instituciones restantes, la confianza aumentó. De estas, entre quienes más creció la confiabilidad manifiesta por el ciudadano fueron las más ligadas al proceso electoral: el Instituto Nacional Electoral y los Partidos Políticos, en general.

El estudio presenta un semáforo que agrupa las instituciones en cuanto a la calificación que obtiene, confianza alta (verde), confianza media (amarillo) y confianza baja (rojo). Por poner algunos ejemplos, el mexicano cree altamente en las Universidades, la Iglesia y el Ejército; medianamente en el INE, la Suprema Corte, Medios de Comunicación en general que incluyen cadenas de televisión y estaciones de radio, y las Redes Sociales. Según el estudio, quienes menos confianza inspiran a la población, son la Policía, y empatados al fondo, la Presidencia, los Diputados y los Partidos Políticos en conjunto.

Como institución confiable, la electoral pasó de 2017 a 2018 de estar reprobada, con un 5.7 de calificación en escala de 0 a 10, a superar a la Suprema Corte, las Cadenas de Televisión, los Bancos y los Empresarios, con un 6.5 de calificación, quedando al nivel de la Comisión de Derechos Humanos, un poco debajo de las Redes Sociales, Estaciones de Radio y Medios de Comunicación.

Los segmentos de población que más confían en la autoridad electoral son quienes viven en localidades urbanas, quienes cuentan con estudios de preparatoria, quienes tienen un grado máximo de estudios equivalente a primaria, hombres y mujeres de 18 a 49 años y usuarios de Facebook. Quienes menos manifiestan su confianza son quienes viven en localidades urbanas, personas con secundaria como grado máximo de estudios, de 50 años y más, con estudios superiores y usuarios de Twitter.

Cabe hacer la mención de que el trabajo hecho por la autoridad electoral no fue diferente en este proceso electoral al ejercido en ocasiones anteriores; sin embargo, la reflexión que nos obliga a tras la lectura al análisis es que, en todo caso, no se califica a la institución de manera objetiva por su trabajo, sino que se trata de una percepción, es decir, de la imagen con la que se queda la ciudadanía, en el ejemplo, tras la participación en el proceso electoral, y ello no depende en un cien por ciento del apego a la legalidad en tratándose al actuar de la institución, sino de otros factores como la conformidad del resultado, la legitimidad que pudieran obtener los actores en la contienda luego de diversas acciones políticas que trascienden la esfera electoral, y hasta los mensajes que se difundan en los medios de comunicación, redes sociales, argumentos en pro y en contra. Es decir, el estudio da cuenta de la apropiación que se realice de una idea, en este caso por parte del entrevistado, únicamente por los sentidos.

El estudio no deja de ser un ejercicio estadístico que hay que tomar con cautela y en su justa dimensión. Aún y cuando los resultados reflejaran una confianza de la población equivalente a una calificación mayor o menor a la actual, cualquiera de ellas obligaría a seguir realizando un trabajo pulcro, apegado a la legalidad y de cara a la ciudadanía, que garantice en todo momento una tendencia a la mejora, tratando de alcanzar en todo momento una mejor percepción que tiene la ciudadanía del actuar cotidiano en la construcción ciudadana en particular, y el trabajo electoral en general.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

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