Platillo de secretos / El banquete de los pordioseros - LJA Aguascalientes
05/10/2022

Cuando inicié esta maravillosa aventura llamada “El banquete de los pordioseros” en La Jornada Aguascalientes, tenía la duda de si nombrar a la columna así, o bien, ponerle “Platillo de secretos”, en ambos casos se trata de producciones musicales que se encuentran entre mis más grandes preferencias, la primera de los Rolling Stones y la otra del segundo disco de Pink Floyd, en inglés Saucerful of secrets, este disco se hizo público hace 50 años, en el verano de 1968, en el Reino Unido el 28 de junio y en Estados Unidos el 27 de julio y se grabó entre enero y abril de ese mismo año, ya pasaron las fechas de su publicación pero no quiero que termine el año sin ocuparme de él en este espacio, después de todo se cumplen 50 años de uno de mis discos favoritos.

Definitivamente Saucerful of secrets no es uno de los discos más emblemáticos de Pink Floyd, todavía pertenece a ese período de intensa búsqueda por definir un perfil, es parte del proceso de formación, no es un disco de lo podríamos considerar la columna vertebral de la carrera de Pink Floyd que a mi juicio inicia con The dark side of the moon, continúa con Wish you were here y Animals y se cierra con The Wall, prácticamente toda la década de los 70, de 1973 a 1979, estos son los discos que hacen de Pink Floyd una leyenda y los inmortaliza en la siempre inconclusa historia del rock, no intento con esto descalificar o restarle importancia a cualquiera de los otros discos de la agrupación británica, Ummagumma es maravilloso, como también lo es el primero, Piper at the gates of dawn, Atom heart mother, el genial Meddle o cualquiera de ellos, creo que el más débil, a reserva de lo que tú opines, es el más reciente y seguramente el último, The endless river, y digo que seguramente el último porque después de la muerte en septiembre del 2008 del tecladista Rick Wright, me parece imposible la edición de un disco con nuevo material firmado por Pink Floyd, cierto, cuando se publicó The endless river ya no estaba Wright, pero el material utilizado estaba enlatado y todavía participa él ahí.

Saucerful of secrets es el segundo disco de Pink Floyd, todavía con ese sonido psicodélico que propusieron en su debut en 1967, está impregnado de Syd Barret, fue justamente en este disco en donde se da la transición de los dos guitarristas, el original que es Barret y el que llega para grabar este disco, David Gilmour, de hecho, Platillo de Secretos tiene la particularidad de que es el único disco de Pink Floyd en donde trabajan como quinteto, Roger Waters en el bajo y voz, Nick Mason en la batería, Rick Wright en los teclados y voz, y los dos guitarristas ya antes mencionados.

En esta segunda producción de Pink Floyd ya no encontramos ese toque espacial que le imprimió Syd Barret al primer disco El flautista en las puertas del alba, específicamente en temas como Astronomy Domine o Interstellar overdrive, si acaso permanecen algunos vestigios en la canción Set the controls for the heart of the sun, una composición muy oscura, característica de Roger Waters, que siguió siendo parte del play list en los conciertos de Pink Floyd por algunos años. En realidad en Saucerful of secrets solo encontramos una composición de un muy deteriorado Barret en su salud mental, el tema musical se llama Jugband Blues y solo en ella podemos encontrar su voz y de alguna manera su participación en la agrupación. Es una canción que podríamos entender como una despedida del líder fundador de esta mítica banda británica, la letra es muy reveladora, por ejemplo, cuando dice: “Gracias por dejarme claro que no estoy aquí realmente”, me parece que el texto es muy elocuente para entender la posición de Barret en la agrupación y cómo se sentía él, sobre todo con su evidente deterioro mental, motivo por el que tuvo que alejarse, no solo de Pink Floyd, sino de la vida pública.

Una de las cosas más interesantes de Saucerful of Secrets lo encontramos en el tema que abre el disco Let there be more light compuesto por Roger Waters, está plagado, rebosante de una deliciosa psicodelia, pero el punto es que aquí encontramos el primer solo de guitarra de David Gilmour, quizás todavía de pálidas tonalidades, sin definir bien su esencia pero sí nos permite intuir el rumbo que posteriormente habría de tomar el impulso creativo del guitarrista logrando algunos de los mejores solos de guitarra en la siempre inconclusa historia del rock, de hecho el solo que Gilmour nos propone en este tema musical debería ser considerado como uno de los más representativos de este fértil período musical de finales de los años 60, digamos, de lo que se compuso de 1966 a 1970, lo que podríamos llamar la era sicodélica del rock, este solo de Gilmour es impactante, revelador, intenso profundo, creo que es una de las mejores cosas de la segunda producción de Pink Floyd, aun con semejante derroche de talento, todavía hubo alguien que dudó si Pink Floyd podría seguir funcionando sin Syd Barrett, ya conocemos la historia y no tiene caso justificarla, lo que sí nos queda claro es que si bien es cierto que el futuro de la agrupación estaba garantizado con la participación de David Gilmour, es incuestionable que se tuvo un giro de 180º y que el curso de la música de Pink Floyd tuvo tendencias declaradamente progresivas.

 


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