Opinión

¡A galopar! / Café Fausto

Confieso que conocí tarde la obra de Rafael Alberti. Tenía unos veinte años cuando mi amiga poeta Carmen Nozal me obsequió una edición que incluía los imperdibles poemarios “Sobre los ángeles” y “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”, desde entonces la obra de Alberti me ha acompañado, lo he leído a veces con cuidado y otras con esa imprudente rapidez o descuido que nos dan ciertas etapas de la vida.

Mañana domingo es el 116 aniversario de su nacimiento, Rafael Alberti que nació en 1902 en el puerto de Santa María, Cádiz en España y del que gracias a que también era un talentoso pintor, cuenta con textos que son a mi parecer de una imperdible riqueza visual, textura y movimiento.

Poeta que apoyó la lucha republicana durante la Guerra Civil Española, vivió el exilio por la dictadura franquista de extrema derecha y volvió a su país para continuar una obra siempre con una carga de compromiso social y cercanía con su pueblo. Rafael Alberti es un escritor que admiro, fue miembro de la generación del 27 y es considerado uno de los poetas más representativos de la llamada Edad de Plata de la literatura española.

Fallecido en 1999, de Alberti tengo por libros predilectos el antes mencionado así como “Marinero en tierra”, el imperdible “Entre el clavel y la espada” y el muy difícil de conseguir “Capital de la gloria (1936-1938)”. En esos libros hay textos que he recordado en diferentes momentos de mi vida.

Sin duda el poema más conocido de Alberti es “Se equivocó la paloma” incluido en “Metamorfosis del clavel”, la tercera parte del libro “Entre el clavel y la espada” y que fue musicalizado por Joan Manuel Serrat para su disco lanzado con su nombre en 1969, siendo la pieza que abre esa producción, pero con el título de “La paloma” ya como canción.

“Se equivocó la paloma. / Se equivocaba. / Por ir al norte, fue al sur. / Creyó que el trigo era agua. / Se equivocaba. / Creyó que el mar era el cielo; / que la noche la mañana. / Se equivocaba. / Que las estrellas, rocío; / que la calor, la nevada. / Se equivocaba. / Que tu falda era tu blusa; / que tu corazón su casa. / Se equivocaba. / (Ella se durmió en la orilla. / Tú en la cumbre de una rama.)”, dice el poema de Alberti escrito en 1941.

En su libro de memorias “La arboleda perdida”, el poeta narra que llegaba a París con un estado espiritual negro, desesperado con esa terrible sensación del exilio cuando en eso le nacieron los primeros versos de ese poema. Al terminarlo no daba crédito que ese texto le hubiera surgido en condiciones de tanta tristeza y explica que “era un misterio su aparición. Abriéndose vuelo entre los cielos y campos de muerte que arrastraba conmigo, aquella paloma había llegado hasta mis manos, traspasándola con aire de escritura a una hoja blanca de papel que tenía sobre la mesa”.

Sin embargo, el que considero mi poema predilecto de Rafael Alberti es “Galope”, el tercer texto incluido en el poemario “Capital de la gloria (1936-1938)”. El poema fue escrito en Madrid, en su casa entonces ubicada en la calle Velásquez número 53, inspirado en la Caballería Republicana en la que participaba como soldado su amigo escenógrafo Santiago Ontañón. El poema puede tener las más diversas lecturas, pero esencialmente es un canto a la búsqueda y el logro de la libertad.

Para los que sabemos que lo alcanzado apenas es el comienzo, que ahora hay mucho por hacer aún con lo logrado, este poema es inspirador:

“Las tierras, las tierras, las tierras de España, / las grandes, las solas, desiertas llanuras. / Galopa, caballo cuatralbo, / jinete del pueblo, / al sol y a la luna. / ¡A galopar, / a galopar, / hasta enterrarlos en el mar! / A corazón suenan, resuenan, resuenan / las tierras de España, en las herraduras. / Galopa, jinete del pueblo, / caballo cuatralbo, / caballo de espuma. / ¡A galopar, / a galopar, / hasta enterrarlos en el mar! / Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; / que es nadie la muerte si va en tu montura. / Galopa, caballo cuatralbo, / jinete del pueblo, / que la tierra es tuya. / ¡A galopar, / a galopar, / hasta enterrarlos en el mar!”, canta Alberti en este poema lleno de fuerza e intensidad.

Décadas después, el cantautor español Paco Ibáñez realizó una versión musicalizada de este poema cambiando el título por “A galopar”. Alberti por su parte usualmente destinaba este poema para cerrar sus lecturas públicas. En internet puede encontrarse un video en el que Alberti junto con Ibáñez interpretan este texto en un recital realizado en el teatro Alcalá de Madrid en mayo de 1991. Leer a Alberti es sin duda el mejor homenaje.

Refill: El sábado pasado, 8 de diciembre, se llevó a cabo en el segundo patio del restaurante La Saturnina la presentación del libro “Breve Historia del zapatismo” con la participación de su autor Felipe Ávila, fue un evento que organizamos los miembros la Comisión Promotora del Instituto de Formación Política de Morena en Aguascalientes con el importante apoyo de la dirigencia estatal de Morena.

En su intervención, Felipe Ávila destacó la actualidad de las demandas y propuestas del movimiento revolucionario encabezado por Emiliano Zapata en la coyuntura de la etapa transformadora que vive México.

Considero que leer y releer sobre el zapatismo y los textos históricos que dejó el movimiento zapatista es más que oportuno si el 2019 ha sido ya declarado por el gobierno federal como el “Año de Emiliano Zapata”, esto en el primer centenario de su fallecimiento. De entrada, el libro de Felipe Ávila es una buena forma de acercarnos a este personaje y al movimiento revolucionario que encabezó, los invito a leerlo. Mientras tanto y contemplando nuevas actividades los invito, como escribiera Alberti, a galopar.

 

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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