Opinión

Bandersnatchario/ La escuela de los opiliones

El dilema del cereal: Bandersnatch, la película interactiva de Netflix y que surge del universo oscuro de Black Mirror, pone como primera decisión al espectador algo muy trivial: qué cereal consumirá el personaje principal, Stefan. La primera escena es una pequeña y modesta declaración de principios; el libre albedrío para Stefan no existe, tú tienes el control y todo lo que suceda en esta historia, a partir de ahora, será tu responsabilidad. Si la historia y la gente detrás de la misma hizo su trabajo, al final te preguntarás si consumir otro cereal o no consumirlo habría cambiado las cosas (los caminos son diversos y son cinco finales de cinco géneros distintos: ciencia ficción, fantasía, conspiración gubernamental, etcétera) para nuestro pequeño y jodido héroe.

El peso está en los actores: me duele decirlo, raras veces un libro de “Escoge tu propia aventura” tiene argumento pero también es de bobos explicarlo. ¿No ven? Por algo se les llama libros de “Escoge tu propia aventura”. Incluso Rayuela adolece de sentido si uno le rasca demasiado. Los lectores escogieron ser lectores por una razón, su principal fetiche es un objeto que tiene la forma de un tabique y funciona de manera secuencial: inicio, desarrollo y final (hay que ponerle estructura al alma para tenerla tranquila). Cuando uno sabe de lectores que pasan páginas, o que presumen leer el final primero, o la página 78 al azar para “saber si el libro está bueno”, de menos son tachados de excéntricos. Imagínense aquellos que además compran libros a los que uno debe saltar por voluntad propia para encontrarle un propósito (pero no fueran a descubrir que la Biblia es el primer libro interactivo de todos porque se les rompe algo). Bandersnatch agrega algo valioso a la producción de estas historias enarboladas: la actuación. La siguiente decisión es un poco más importante, ¿queremos que Stefan se quede a trabajar o no en la oficina de videojuegos? El actor se ve evidentemente entusiasmado con la invitación y decir que sí parece lo más natural, de acuerdo a cómo está construido el desarrollo de la obra, pero ¿se fijaron cómo parece luchar consigo mismo cuando, como espectadores, escogemos negarse? Apreciar el rostro del actor, sus rasgos, su lucha interna por tratar de decir lo que realmente quiere decir. La trama de Bandersnatch puede ser floja pero los actores embellecen las decisiones del espectador, lo convierten en el dios cruel que siempre quiso ser.

La danza general de la muerte: uno de los placeres para nosotros, los lectores de historias locochonas como estas, son las muertes que vienen con las malas decisiones. Bandersnatch explora caminos oscuros y placenteros, juega con situaciones límite para confrontar al espectador, igual que Black Mirror lo hizo en sus primeras temporadas. Un buen libro de “Escoge tu propia aventura” es el paraíso de un sádico. Yo, en lo personal, como lector, disfruto tomando las peores decisiones posibles para ver hasta dónde podemos llegar en crueldad tanto en acción como en lenguaje. Aún si un libro tiene un propósito infantil, o uno lúdico, no creo que deba abandonar la búsqueda de lo hermoso, la resonancia de ciertas construcciones literarias que permanecerán con nosotros después de abandonado el texto (pero el amor, esa palabra). Claro, la mayoría de estos libros son limitados. Por eso algunos creen que Rayuela es, digamos, la novela interactiva por excelencia: no sólo hay un propósito de aventura pero uno de estética y de ruina.

El grosor de los libros inexistentes: como un guiño irónico, espero lo hayan visto, algunos personajes cargaban consigo el libro de Bandersnatch. ¿Vieron el grosor de esa cosa? Al menos unas 3000 páginas. ¿Qué tanta historia humana puede contenerse en 3000 páginas? (Quizás esto son como tres tomos de En busca…). Y así no son suficientes porque se supone es un libro que depende de decisiones y todo puede pasar. Si uno busca en el mercado algún libro interactivo, verá que apenas llegan a las 150 páginas. Cuando miraba el libro, antes de escoger castigos para el pobre Stefan, me distraía pensando que la novela total es imposible para la humanidad.

El lector total: quizás el lector total es aquel que ejerce su libertad; es hora de irme. No quiero leer más.

 

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Agustin Fest

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