Opinión

El retrato de un instante… El arte de la improvisación/ El banquete de los pordioseros

Intentar dar una definición de improvisación es tan complicado como el ejercicio mismo de improvisar, pero en alguna ocasión, leyendo un libro sobre música, no recuerdo en este momento qué libro era, no estoy realmente seguro, pero me parece que se trata del escrito por Aaron Copland que se llama Cómo escuchar la música, me encontré con este texto que apunte en un cuaderno y lo quiero compartir ahora contigo, se trata de una diálogo entre el virtuoso pianista y compositor Frederic Rzewski y el saxofonista Steve Lacy, estos dos músicos coinciden en una calle en Roma y charlan un poco, el  tema obligado, por supuesto, es la música, Frederic Rzewski le pide, a manera de reto, que en quince segundos le explique la diferencia entre composición e improvisación, a lo que Steve Lacy responde: “La diferencia entre composición e improvisación es que en la composición dispones de todo el tiempo necesario para decidir qué decir en 15 segundos, mientras que en la improvisación solo tienes 15 segundos, su respuesta duró exactamente 15 segundos y es la mejor explicación que conozco sobre esta diferencia”, explica Rzewski.

Bien, pues con este interesante antecedente, vamos a intentar sumergirnos en las profundas aguas de la magia de la improvisación improvisando un texto sobre este asunto, o quizás este ejercicio sería, en todo caso, más cercano a la composición, finalmente dispongo de todo el día para redactar un texto que tú, amigo melómano, vas a leer solo en un par de minutos, además tengo la opción de revisar, corregir, quitar, agregar, en fin,  todo lo que se hace en el trabajo de creación.

Se ha dicho infinidad de veces que los grandes maestros de la música, aquellos compositores que consideramos clásicos, así como todos los intérpretes de la gran música de concierto, tienen la capacidad de hacer una ejecución muy digna de una partitura de primera lectura, pero difícilmente podrían hacer un buen trabajo en la improvisación, que la improvisación se da más en el rock, en el blues o en el jazz ya que se trata de una herramienta básica en su ejercicio laboral cotidiano. Pero ¿sabes qué? No estoy del todo de acuerdo con este criterio, recordemos que en el barroco y en el clasicismo esta práctica era común, la reputación como improvisadores de compositores como Bach, Haendel, Mozart o Beethoven es verdaderamente legendaria, sin embargo, el arte de la improvisación se fue diluyendo poco a poco hasta perderse casi por completo.

En la actualidad este ejercicio de crear un discurso musical a partir del instante sigue generando música increíble y pone de manifiesto las virtudes creativas de esos gigantes de la música, por supuesto, no cualquiera lo sabe hacer, la improvisación es una disciplina a la que definitivamente no cualquiera se puede acercar.

Sin el ánimo de hacer un recuento de las grandes improvisaciones que están ahí como testimonio vivo en un sinfín de grabaciones, -esto, evidentemente sería imposible-, me gustaría recordar algunas de esas obras que han surgido de la magia del momento, o como decía Louis Armstrong, de trabajar con lo inmediato, una de mis favoritas es el Köln Concert de Keith Jarret grabado en 1975 en el Teatro de la Ópera de Colonia, Alemania, se trata de un exquisito trabajo de improvisación para piano solo. Otro de los grandes monumentos de la improvisación, en este caso colectiva, es el disco Bitches Brew de Miles Davis grabado en agosto de 1969, se trata de una verdadera joyita de la que nos ocuparemos detalladamente en su aniversario 50 próximo ya a cumplirse.

Pero en realidad cada concierto de jazz, de blues o de rock tiene un fuerte contenido de improvisación, temas musicales, por ejemplo, que en el disco duran 4 o 5 minutos, en sus versiones en concierto alcanzan los 20 minutos o media hora por los extensos pasajes instrumentales producto de una fuerza creativa incontenible que surge en el momento justo de la ejecución en vivo, ejemplo elocuente de esto son los conciertos de Grateful Dead, Allman Brothers Band o Frank Zappa, que en términos de improvisación tenían argumentos de sobra, su discurso es prácticamente inagotable.

El que improvisa, además de trabajar con lo inmediato, es como el que se aventura en un laberinto, se va metiendo en caminos que le son desconocidos, va reconociendo los parajes, seguramente desconoce el final y muy probablemente él mismo se sorprenda con el desenlace de su improvisación. Me pregunto, por ejemplo si Jimi Hendrix sabría desde el inicio de su inconmensurable improvisación en Woodstock, cómo terminaría aquella aventura con su Fender Stratocaster, o Jaco Pastorius, en qué momento sabía cómo parar, cómo detener aquel torbellino de inspiración que surge como un inagotable torrente de ideas que se traducen en música.

Hace unos cinco años, en el programa cultural de la Feria Nacional de San Marcos, asistí a un concierto en el Teatro Morelos, se presentaba una entidad musical llamada Mole, cuando vi que se trataba de la mejor sección rítmica que existe en México, Hernán Hetch en la batería y Aaron Cruz en el bajo, además de la presencia del pianista Mark Aanderud no tuve duda de que se trataba de algo grande, y lo fue,  alrededor de dos horas de sublime improvisación, todos conocían el punto de partida, pero nadie conocía el final, después de todo, de eso se trata la improvisación, de llegar juntos a un mismo sitio, pero todos recorriendo caminos diferentes.

Feliz Año para todos y que la música siga siendo su fiel compañía.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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