Opinión

Generación NN / Café Fausto

Era de noche en Santiago de Chile, regresaba caminando al lado del poeta y cantautor Mauricio Redolés quien apenas unos minutos antes había coordinado su taller literario semanal en una cafetería cercana. Al escucharlo recordar sus años de exilio en Europa durante la dictadura de Augusto Pinochet, el regreso a su país, sobre la represión en ese periodo oscuro de la Historia, puedo transportarme a esos difíciles años e imaginar la profunda alegría al lograr que los militares dejaran el poder en 1990.

En ese periodo de dictadura, en ese tiempo, los poetas que nacieron entre 1950 a 1960 se formaron como poetas y dieron a conocer su obra en medio de un clima de represión en el que cualquier expresión artística fuera de la oficialidad ya era sospechosa. Eran jóvenes y hacer poesía era ya en sí un acto subversivo de alguna manera, y sin embargo, a pesar de las presiones, las circunstancias adversas, lo difícil de esos momentos había que hacerlo bien.

“Hacer un poema es como lanzar a un cohete para que llegue a la luna, debe hacerse con tal precisión que debe despegar cuando el poeta que lo escribe lo decida, que tenga el diseño perfecto, ni muy adornado, ni muy austero, que lleve lo necesario en palabras, en los versos para elevarse”, explicó Redolés unas horas atrás en su sesión de taller “luego debe tener la energía para salir a la atmósfera y no explotar o regresar en picada a tierra, debe subir, elevarse, y tener esa energía para llegar a la luna, pero no demasiada energía como para irse más allá de la luna o estrellarse en la luna y no alunizar adecuadamente, un poema que no llega a su destino es un poema que no cumple su función”.

Bajo la circunstancia en que se desarrolló esta generación marcada por los acontecimientos políticos y muchas veces por un personal compromiso de lucha por la libertad a través del arte me hizo recordar las palabras del narrador y poeta Eraclio Zepeda, ya fallecido, en una conversación que habíamos tenido unos quince años atrás cuando me comentó que “un mal poema revolucionario le hace más daño a la revolución”, es decir, hay que escribir lo que se desea y con esa pasión y compromiso, pero sobre todo hay que hacerlo bien.

Ese compromiso era muy importante en los poetas de la Generación NN, como lo es regularmente en las generaciones de escritores que les toca vivir momentos históricos en su sociedad. En el caso de los NN vivían una cierta orfandad porque muchos de los poetas maduros de su país habían decidido exiliarse al igual que también lo hicieron gran parte de esos jóvenes y por lo tanto se formaban desde la distancia, el cierto desarraigo y la marginalidad que da vivir en un país con un gobierno represivo. El arte se volvía un acto de resistencia en gran medida.

Ellos, los poetas de la Generación NN, fueron bautizados por uno de sus miembros, también jóvenes, Jorge Montealegre quien en una ocasión explicó que se habían denominado así porque “al rotularla, acudiendo a la abreviación de la latina expresión Non Nomine, que se utiliza para señalar un cuerpo sin nombre (como el de los desaparecidos o el de un transeúnte muerto en la vía pública), he querido hacer un juego literario: lo NN también es una doble negación. Nada es totalmente nada, nadie es nadie, nunca nunca”.

Sin embargo, Montealegre aclaró que ese nombre era en realidad a su consideración de poca importancia e incluso dejaba abierta la posibilidad de discutir si este grupo de poetas era en realidad una generación.

De esta manera, poetas como Aristóteles España, Raúl Zurita, Teresa Calderón, Elvira Hernández, el mismo Jorge Montealegre, Eduardo Llanos, Mauricio Redolés, Elikura Chihualaf, Juan Cameron, José María Memet, Tomás Harris, Rodrigo Lira, Roberto Bolaño, Pedro Lemebel, Armando Rubio son algunos de los más representativos de la Generación NN. Me atrevo a añadir a Gonzalo Millán quien aunque también se le ubica en la generación anterior por su aporte, también lo podemos sentir parte de los NN.

Cuando yo escribía el libro “El árbol de los libres. Poetas de la Generación NN de Chile” como parte de mi proyecto de beca de Residencia Artística en Chile y al leer buena parte de la obra de estos poetas para realizar esa antología luego publicada por Ediciones Arlequín, pude constatar que el compromiso mayor de estos poetas, junto con el deseo de expresar y denunciar la desafortunada realidad de su país, era sobre todo escribir bien. Ese es finalmente el mayor aporte de estos poetas, la calidad de sus poemas.

Recuerdo cuando esa noche me despedí de Redolés, regresé a mi departamento y leí con calma su poema “Bello Barrio”, uno de sus textos más entrañables y excelente factura realizado en verso libre de largo aliento que incluso grabó con su voz en un disco en el que describe de un barrio utópico al que no llegaron las atrocidades de la dictadura militar de la extrema derecha chilena.

Semanas después en Lo Hermida, una colonia popular de la capital de Chile, conversaba por la noche con varios jóvenes obreros en la modesta plaza Víctor Jara después de su regreso de la fábrica en que trabajaban, y ahí uno de ellos declamó “Bello Barrio”, fue entonces que comprendí que Mauricio Redolés había logrado en ese poema hacer despegar al cohete, hacerlo rasgar el cielo hasta salir de la atmósfera y llegar sin lío hasta la luna.

Refill: Nos vemos hoy sábado 8 de diciembre a las 12:00 horas en la presentación del libro “Breve Historia del Zapatismo” de Felipe Ávila en el segundo patio del restaurante La Saturnina, ubicado en Venustiano Carranza 110 en el Centro de la ciudad y posteriormente a las 17:00 horas Ávila dictará la conferencia “La participación ciudadana en la Cuarta Transformación” en el salón IMSS del SNTSS con domicilio en la calle Luis Adolfo 301 en la colonia Lindavista. La entrada es libre en ambos eventos, están todos invitados.

The Author

Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

No Comment

¡Participa!