La ética del testimonio / El peso de las razones – LJA Aguascalientes
20/10/2020


Obtenemos conocimiento a través de diferentes fuentes. Al menos son cuatro: percepción, razón, memoria y testimonio. La percepción, la razón y la memoria constituyen las fuentes tradicionales de conocimiento. Descartes, por ejemplo, creía que adquirimos conocimiento individualmente a través de la introspección (inferencias basadas en información adquirida en el pasado a través de los sentidos). Y los empiristas pensaron que adquirimos conocimiento a través de la percepción de un objeto o un fenómeno (evidencia directa). Así, desde este punto de vista, la información que alguien nos da no es conocimiento si no tenemos ya sea evidencia o la capacidad individual de saber algo a partir de nuestros propios estados mentales. Esta versión de las cosas presenta un fuerte individualismo: el sujeto no requiere el apoyo de otro sujeto para obtener conocimiento. Este apoyo, en la mayoría de los casos, es a través del testimonio.

El testimonio puede definirse como un acto de habla que consiste en decir o afirmar algo a alguien. En contraste con las fuentes tradicionales, el testimonio puede verse como una fuente de conocimiento reducible: el sujeto analiza y determina si la información proporcionada desde el exterior es conocimiento. Pero desde el punto de vista de una versión no individualista, el testimonio puede ser una fuente de conocimiento: es un factor que disminuye (pero no elimina) el peso de la autonomía del sujeto en la adquisición de conocimiento.

Hay dos partes involucradas en el testimonio: el oyente y el hablante. Ambas partes juegan un papel importante en el testimonio. Así, hay dos factores que, presumiblemente, deben cumplirse (tanto para el hablante como para el oyente): la competencia y la dependencia. La competencia consiste principalmente en las virtudes para adquirir conocimiento. Por ejemplo, piensa en un caso en el que están en juego las virtudes del hablante: en el que cree todo lo que lee o se le dice, y tiene mala memoria o no es un buen extractor de información. Presumiblemente, la posibilidad de un testimonio confiable disminuirá considerablemente, aunque podría haber casos en los que, a pesar de la falta de competencia del hablante, el conocimiento se transmita al oyente. Esta falta de competencia opera en contra del oyente, quien a su vez tendrá que probar su propia competencia, que consiste en un buen seguimiento del testimonio del hablante.

Puede ser otro caso en el que la competencia no se deba a las virtudes específicamente intelectuales del sujeto, sino también a sus virtudes prácticas. Este caso está restringido al hablante, porque si un oyente hace uso de sus virtudes prácticas, el conocimiento que obtendría ya no sería testimonial. Para este punto, podemos imaginar a un joven científico que sea virtuosamente competente, pero no técnicamente, en la ejecución de un experimento. El problema, podemos decir, está en sus manos, no en su cabeza. En este caso, la falta de confiabilidad del proceso puede ser menor que en el caso anterior, pero aún puede afectar la transmisión de información veraz al oyente.

Las virtudes prácticas dan lugar al segundo factor: dependencia. Como hemos visto, hay factores externos que pueden ser los conocimientos del hablante o, como veremos, los estados mentales de otras personas. La dependencia está perfectamente representada por aquellos casos en los que dos individuos se presentan con las mismas competencias y con el mismo conocimiento de fondo pero con diferentes entornos, y luego con diferentes situaciones. Estos entornos son diferentes, ya que uno de ellos, por ejemplo, está plagado de mentirosos y el otro de personas sinceras. La diferencia es que en un escenario plagado de mentirosos el oyente no ganará conocimiento, mientras que en el segundo (en el que hay personas sinceras) ganará conocimiento. Este caso nos muestra que en el testimonio y, quizás en general, hay una dependencia. Mientras que para el hablante representa su capacidad para obtener información confiable (que luego compartirá), ya sea escuchando o leyendo el testimonio de otra persona (formando así una cadena testimonial), para el oyente representa la dependencia que tiene.

En cuanto a la ética del testimonio, debemos mencionar un tercer factor: la sinceridad del hablante. Este factor habla sobre las intenciones del hablante, porque puede ser competente y cumplir positivamente la condición de dependencia epistémica, pero al mismo tiempo tiene la intención de engañar al oyente. A pesar de ser un factor ético, la sinceridad del hablante nos dice qué tan confiable es el proceso por el cual un oyente ha adquirido cierta información y refuerza la idea de una dependencia. Del mismo modo, introduce dos problemas asociados: el engaño y la confianza.

En una época en la que las fake news son pan de todos los días, deberíamos tener en cuenta este brevísimo marco conceptual de referencia para hacer juicios mucho más sutiles sobre los testimonios que recibimos a diario.

 

[email protected] | /gensollen | @MarioGensollen

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