Cultura

Las grandes decisiones en la vida casi siempre están basadas en dudas y preguntas | Entrevista a Brenda Lozano acerca de Cómo piensan las piedras

 

  • Los inicios y los finales de los cuentos siempre son curiosos, porque son decisiones, son inicios y finales que podríamos definir como artificiales, porque en realidad todas las historias ya empezaron cuando uno llega a ellas

 

Brenda Lozano fue considerada por el Hay Festival en la lista Bogotá 39, como una de los mejores escritores menores de 40 años de América Latina. Es autora de las novelas Todo nada (2009) y Cuaderno ideal (2014) y Cómo piensan las piedras es su primer libro de cuentos, publicado en México por la editorial Alfaguara.



Cómo piensan las piedras es un libro de cuentos de tono mesurado, conciso, escrito a partir de preguntas, de las dudas que asaltan a los distintos personajes, que componen un mosaico de hombres y mujeres que deben lidiar con su soledad, con sus manías, con sus preguntas. Personajes cuyas vidas entran en crisis y que los lectores podremos observar, como si fuéramos voyeurs, gracias a la pluma de la escritora, que nos permite entrar a sus vidas, a partir de una voz narrativa que suena cercana, que suena a alguien que fuera un guía dentro de estos universos, en donde las piedras, de muy distinta índole, juegan un papel de fetiche, de acompañantes silenciosas de estos viajeros que se enfrentan, de cierta manera, a la posibilidad de la ruina. Personajes como Ben, un experimentado cuidador de animales, a quienes los elefantes le rendirán un hermoso homenaje a la hora de su muerte, o el de Rabino que viaja de regreso a México al entierro de su padre, en un vuelo rodeado de jóvenes ruidosos que disfrutan la vida.

Hay en los cuentos de Cómo piensan las piedras una visión cambiante de las cosas, pues lo verdaderamente importante se encuentra en el fondo de la historia, aparentemente escondido, como si no fuera esencial o importante. Pero la prosa narrativa de Lozano nos hará sorprendernos con estos juegos milimétricos, en donde de repente los recuerdos, la infancia, la soledad, tomarán forma para revelarnos un secreto esencial en la vida de los personajes:

“Escribir este libro me llevo tres años, más o menos, aunque hay un par de cuentos que son anteriores, de pronto que tenía muy claro que quería hacer un libro de cuentos y me puse a ello, para ir encontrando para donde quería que fuera y quería que formarán parte de una misma familia y que tuvieran un tono parecido, que se construyeran a partir de temas similares, y lo de las piedras, que le da título al libro, es más una especie de motivo o fantasma que recorre los cuentos, que no necesariamente tienen que empujar a alguna de las historias o cambiar las tramas, pero están ahí como testigos silenciosos.” Nos comentó la autora nacida en la Ciudad de México y quien ahora reside en los Estados Unidos en donde edita la revista literaria Make y es parte de la editorial Ugly Duckling Presse de Nueva York. Platicamos con ella sobre Cómo piensan las piedras.

Javier Moro Hernández (JMH): En estos cuento, ¿las piedras funcionarían como un hilo conductor subterráneo?

Brenda Lozano (BL): Más como los hilos transparentes que unen las cuentas de los collares, que no importa si se ven, pero ahí están, y el hecho de que estuvieran ahí me generaban la sensación tranquilidad.

JMH: Estos cuentos son atípicos, porque no tienen un inicio formal, los lectores entramos a historias que ya arrancaron, que ya iniciaron. ¿Quería preguntarte el porqué de esta decisión estilística?

BL: Los inicios y los finales de los cuentos siempre son curiosos, porque son decisiones, son inicios y finales que podríamos definir como artificiales, porque en realidad todas las historias ya empezaron cuando uno llega a ellas, es como una permanencia voluntaria que uno entra y la película ya está iniciada, no importa en el momento en el que uno entre o el momento en el que uno decida salirse, porque la película va a seguir, hay algo de eso en las historias, y creo que quería evidenciarlo en estos cuentos, recordar que siempre es una historia continúa, no importa que alguien muera, la historia sigue porque alguien más la está contando.

JMH: Entramos a las historias pero el tono con el que el narrador nos está contando la historia es de cercanía, como si fuera un amigo que nos estuviera contando algo pero sin involucrarse con los personajes.

BL: Una cosa que estaba buscando es que no hubiera diálogos, porque pareciera que en el diálogo se puede perder el hilo narrativo, tenía ganas que los cuentos fueran como una especie de entrevista, aunque no todos mantienen ese tono, en la que no ves al entrevistador en la cámara, sin embargo, el hecho de que esa persona y no otra sea la que está ahí es la que le da forma al relato, porque esa persona conduce la historia de tal forma que va a modificar la forma en que se cuenta la historia, me interesaba mucho esa forma de formato en el que el entrevistado aparece desdibujado aunque está en cuadro. Esas decisiones que uno toma antes de contar una historia, por ejemplo, sobre qué punto de vista vas a contar, si estás cerca, si los personajes se conocen o no se conocen, en el cuento que abre el libro, que es el cuento de una mujer que acaba de enviudar, y su marido murió de una forma que a mí en lo personal me parece muy espectacular, y tenía ganas de llegar a ese final, es decir, a mí lo primero que se me apareció sobre ese cuento fue el final, y luego vinieron las preguntas sobre cómo iba a contar ese cuento, porque no era lo mismo que lo contara él, o que lo cuente su mujer o su hijo, entonces, ese tipo de decisiones pues ya empiezan a formar el cuento, desde la pregunta misma que le da título al libro, Cómo piensan las piedras, te habla del espíritu que cruza los cuentos, porque es una pregunta que lanza una niña en una conversación que tiene con un policía, y esa pregunta que aunque viene de una voz infantil, es una pregunta que se hace uno al inventarse uno algún cuento, en el momento en el que uno se pregunta ¿Cómo sería tal o cual cosa? Ya hay un ejercicio de imaginación, que es justamente algo que le da motor a las historias, desde las preguntas básicas, aunque obviamente en este caso sobre las piedras, es una pregunta sin respuesta, como muchas veces pasa con ese tipo de preguntas, que son meramente especulaciones, este sí es un golpe a la nada, pero el hecho de que exista la pregunta me gusta un poco más que la respuesta.

JMH: ¿Las preguntas, las dudas son el motor de este libro?

BL: Las grandes decisiones en la vida, y creo que las historias, y muchos de los pasos y decisiones casi siempre están basadas en dudas y preguntas, porque las certezas son más estáticas, mientras que las dudas son movimiento, porque una duda siempre te va a hacerte moverte de lugar, necesariamente, y quien cree que ya tiene la respuesta, seguramente se quedará muy cómodo en su lugar, porque yo creo más en ese movimiento, es mucho más fértil, te lleva mucho más lejos una pregunta, porque siempre te llevará a hacerte más preguntas, y eso siempre te hará avanzar, y creo que la certidumbre no te deja avanzar.

JMH: Estos tonos de confianza que tienen los narradores y este cuestionamiento que se están haciendo, entran a cuestionar lugares o espacios, en donde podríamos pensar que existen las certezas de la vida, como la familia, la pareja, el amor, la gente más cercana. Y lo que hacen los cuentos es mover a los personajes de este lugar cómodo a partir justamente de preguntas, de dudas.

BL: Creo que esos nexos que hay entre las personas, que son como los nexos que unen a las personas, por supuesto tienen que ver cómo los lazos familiares, por ejemplo, un tío jamás podrá platicar con su sobrina como ella platicaría con sus amigos, sin embargo, están en la mesa sentados porque forman parte de la misma familia, y se llevan muy mal y son irreconciliables, pero ahí están en la misma mesa, y creo que las historias se pueden relacionar así, creo que los nexos tanto en las relaciones como en las historias están determinados por la situación, en ese sentido un libro puede ser una situación, igual que una familia.

JMH: ¿Cómo decides, por ejemplo en el cuento de Todo lo prestado, de la historia Rabino, qué parte de su historia contarnos? ¿Por qué ese momento?

BL: También es muy curioso de dónde salen las historias, que es una pregunta que me hago mucho a mí misma, por ejemplo, el del Gorila sale de una nota que vi en el periódico, una nota de esas pequeñas, marginales, que siempre salen en los periódicos, afortunadamente, en ese lugar había una nota de un gorila que había trapeado su jaula, es decir los simios imitan a los humanos y este gorila imitó los movimientos, el del Rabino surgió en un vuelo que tomé en donde me acordé de algo que me había contado un amigo sobre la vez que le tocó ver a un Rabino en su mismo vuelo, de Estados Unidos a México, rodeado de niños que regresaban de un campamento, y esa imagen me pareció muy interesante, entre el desmadre que traían los niños en el avión y el Rabino vestido como en el siglo XV, solemne, y con los niños aventándose cosas, cambiando de lugar, ese tipo de situaciones que pasan con los niños inquietos, el último cuento, el de “Cómo piensan las piedras”, surgió justo porque vi a un policía jugando avión con una niña para distraerla porque atrás de ellos  pasaba una escena horrorosa, algunos de los cuentos nacieron de alguna frase, de cosas que me contaron amigos, hay imágenes que se me quedan grabadas y me dan vuelta y es imaginarse qué pasaba ahí, preguntarme por qué el gorila estaba trapeando su jaula, por qué el policía está con esa niña, o ese tipo de cosas.

JMH: Es muy interesante esto, porque las historias de tus cuentos podrían pensarse como realistas, en un momento en el que la literatura mexicana parece dividirse entre el realismo más crudo y la imaginación desbocada, estos cuentos se mantienen en un proceso de preguntarse e imaginarse cosas.

BL: Es que incluso haciendo notas periodísticas, es decir, apegada en lo posible a los hechos, siempre hay un lugar adonde no llegan los hechos, siempre hay un lugar cuyo único espacio debe ser llenado por la imaginación, y ese es el lugar de la ficción, pero ese espacio puede ser más grande o más estrecho, sin embargo, es ahí de dónde salen las historias, si es que salen de algún lugar, salen precisamente  de esos huecos en la realidad, pero es justamente ese el papel de la ficción.

JMH: Quería preguntarte sobre el lenguaje, porque hay frases rotundas, clarividentes, que pueden pesar como piedras.

BL: Cada cuento tiene su propia historia y cada cuento necesita su propio tratamiento lingüístico, pero además tengo una modesta colección de piedras, esto quiere decir que las recogí por determinada razón, y eso es mi colección y a mí me dice algo, y en ese sentido creo que todos los cuentos tienen algo parecido, pero sobre todo las voces de los cuentos, en algún momento la voz de la niña del cuento de “Notificaciones”, significó mucho, o la voz de la viuda del primer cuento significó mucho, pese a que en mi momento personal estoy muy lejana tanto de una como de la otra, y el hecho de conectar con esas voces, imaginando esos momentos es de las cosas más ricas de este libro, era algo que quería hacer, aunque debo decir que hay algo en los cuentos de voracidad por querer contar varios momentos vivenciales, en los cuentos puedes contar, narrar a partir de diferentes voces, algo que en la novela no es tan fácil de hacer, y tenía muchas ganas de probar.

JMH: ¿Cómo definirías las diferencias entre escribir cuentos con escribir novela?

BL: Pues justamente la posibilidad de poner en el mismo plato cosas que normalmente no pondría, voces muy distintas entre sí, momentos, anécdotas de vida, que muchas veces las novelas tiene algo de carretera y el cuento tiene más que ver con calles de distintas ciudades, que puedes recorrer con calma, pero son muy distintas, y esa brevedad es parte del recorrido que puedes hacer.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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