Los intelectuales en México/ Matices – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Edgar Morin, un filósofo, escribió que un intelectual es aquel escritor que habla públicamente de política, lo cual es complejo y difícil de encontrar. La persona intelectual está vinculada al análisis y generación de idea, a la literatura, a las artes, a la cultura, a la ciencia, a la filosofía, etc.

En México la clase intelectual es heterogénea según la perspectiva, según tus seguidores en redes sociales y según el gusto personal, porque claro, aquí tampoco hay absolutos; entre ellos podemos poner a Enrique Krauze, Aguilar Camín, Gabriel Zaid, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Octavio Paz, Juan Ramón de la Fuente, y muchos más nombres, según la visión de la vida.

Todos ellos deben ser respetados por el esfuerzo de darle densidad a las discusiones públicas y a las discusiones personales desde una lectura privada. Eso es el gran mérito de la clase intelectual de un país, que aporten para que las discusiones no se construyan, hoy más que nunca, con base en mentiras que circulan en redes sociales, sino en ideas profundas, a verdades y que eso le dé densidad a la discusión pública. Ya lo ha dicho Chomsky, hoy es más difícil creer en la verdad que en las mentiras, los intelectuales lo que buscan es que no solamente se debata sobre la verdad, sino sobre ideas más profundas de democracia, libertad, igualdad, filosofía, etc.

Por ejemplo, si estamos discutiendo sobre federalismo y autonomía, que la discusión no se quede en el nivel donde todos tuitean que es mejor que la Suprema Corte sea independiente y autónoma, cosa, que según algunos intelectuales como Javier Hurtado han afirmado que es una aberración, que en democracia los poderes deben controlarse uno al otro, existir contrapesos, y no poderes completamente independientes, ya que existe un poder supremo que otorga la soberanía popular dividido en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Esto, un ejemplo de la densidad que aportan las y los intelectuales a la discusión pública.

Es peligroso construir intelectuales sin contenido, hay muchos, y en estos últimos días algunos se han hecho de demasiada viralidad, lo cual es positivo para ciertos fines, pero contraproducente cuando no hay contenido, cuando no hay densidad, cuando hay vacío. Las y los intelectuales que aportan densidad son atacados en cada una de sus columnas, para muestra las columnas de los lunes de Silva-Herzog o las diarias de Macario Schettino, Aguilar Camín o las de Enrique Krauze. De nuevo, hago la precisión, no porque lo escriban es verdad o es bueno, sino que es de valorar que sus ideas buscan llenar de densidad las discusiones públicas citando a autores respetados, elevando la discusión con ideas profundas y propuestas densas. Para ello el mérito de las y los intelectuales es grande: cultivarse, escribir, leer y detenerse en el tiempo para reflexionar. Esto es una profesión poco valorada, menospreciada pero profundamente necesaria.

En México, históricamente, el grupo Ateneo fue o es un grupo de intelectuales cercano al poder, entre ellos destacaban Paz, Elena Poniatowska, Monsiváis o Granados Chapa. Diego Enrique Osorno produjo y dirigió un documental imperdible sobre el tema: “La muñeca Tetona”, ahí, Denisse Dresser afirma que el PRI construyó una clientela entre la clase intelectual: “EL PRI fue muy eficaz para construir clientelas, también se construyeron en el mundo intelectual, a través de Conaculta, libros, becas, apoyos estatal, invitaciones a viajes, vuelos.”

Desde los tiempos de la antigua Grecia hay una relación directa entre el poder y la clase intelectual, algunos afirman que desde el Porfiriato el gobierno ha invertido en esta clase para mantenerlos, el debate es si esa es labor del gobierno y si eso atenta a la independencia de la clase intelectual, el documental citado refleja muy bien ese debate, por ejemplo cuenta la anécdota sobre cuándo Bill Clinton pidió a Carlos Salinas atender el problema de balseros cubanos y Salinas intervino con Fidel Castro a través de Gabriel García Márquez con quien establecía una relación de confianza. En ese mismo documental se revela una carta de Octavio Paz a Carlos Salinas donde le afirmó: “Siempre he pensado que las relaciones entre el poder público y el escritor (intelectual), deben ser respetuosas y distantes, el escritor tiene que conservar su arisca independencia”.

Hoy la clase intelectual ha perdido su papel protagonista en la relación con el poder, los ha sustituido la avalancha de opinólogos. Aunque para la clase política es más sencillo atender a los opinólogos que a una clase intelectual a la que hay que explicar, escuchar y convencer de un proyecto de estado, de municipio o de nación. Como lo hacía durante muchos años, Carlos Salinas o Ernesto Zedillo. Quizá esas reuniones con el Ateneo dotaban de densidad sus decisiones políticas o sus reflexiones nocturnas, eso no lo sabemos.

La preocupación principal que deseo plantear es el futuro de las discusiones públicas, cada vez con menos densidad. En primer lugar, debemos reflexionar sobre el papel de la clase intelectual con mayor trayectoria en el país, que ha sido débil en momentos históricos de la nación: la guerra contra Calderón y el Pacto por México, pro ejemplo, hoy parece que hay una preocupación por dotar de densidad las discusiones públicas, veremos sus acciones futuras. En segundo lugar, preocupa cómo el presidente y su gobierno se relacionen con esa clase intelectual; lo ideal sería escuchar, reflexionar y darle densidad y contenido a los múltiples símbolos que empiezan a pulular, veremos. Y en tercer lugar, la nueva clase intelectual, la joven clase intelectual que se forma por algunos miembros de un grupo denominado Democracia Deliberada que ha sido captada por cargos públicos: ¿qué lectura le damos a eso?, también, veremos.

Hay algo fundamental que necesita nuestro país: darle densidad y veracidad a las discusiones públicas, y en eso la clase intelectual es muy necesaria, debemos darles espacios, lugar y voz, pugnemos por ello.

 

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