Opinión

Salas de cine / Café Fausto

A mi amiga Alma, por el gozo de recordar.

La sala del cine era enorme, ahí un grupo de niños usaban como resbaladilla una pendiente ubicada frente a la gran pantalla, se escondían detrás de las cortinas que la ocultaban, mientras desde las bocinas del lugar una pieza musical grabada en acetato era interpretada por Frank Pourcel. Era el intermedio y creo recordar que esa tarde vimos El Avispón Verde con otra película más en una función de permanencia voluntaria en el Cine Guanajuato.

Es extraño, pero las películas que vi en el cine me motivaron a acercarme a la literatura y me detonaron la imaginación creativa. Lo he narrado en otra ocasión, que al salir esa noche del cine, llovía y los callejones de mi pueblo eran ríos torrenciales. Mi hermana Lupita y yo descendíamos el callejón de El Estudiante con el agua hasta la cintura, tomados de las rejas de los balcones para no ser arrastrados por la corriente. Al final de la pendiente el frágil portón de la librería universitaria se abrió por la fuerza del agua y los libros salieron flotando en medio de un loco remolino apenas iluminado por las farolas en esa tormenta, mientras una veintena de personas se daban al saqueo de los libros flotantes, yo tomé dos en esa rapiña y volvimos a casa.

La imagen la tengo tan presente como a los héroes de la película que había visto. Para entonces yo era ya un lector asiduo, pero esa experiencia me permitió darle un cierto sentido mágico y de aventura a la experiencia de tener un libro en mis manos.

En esa misma sala de Guanajuato vi en los ochenta durante un Festival Internacional Cervantino la cinta cubana Los patos tirándole a las escopetas, años después cerraron ese cine, trataron de reabrirlo años después, pero el lugar estaba en franco descuido, ruinoso, daba tristeza ver ese deterioro. Fui por nostalgia al mismo sitio a ver una película que no recuerdo y no volví. La sala quedó cerrada para dar paso a los conjuntos con pequeñas salas en otras zonas de esa ciudad.

Esa es de alguna manera la historia de nuestras salas de cine de nuestras ciudades. En vacaciones, Aguascalientes tenía salas inolvidables como el Cine Colonial o El Encanto. Regularmente iba con mis primos a la emblemática sala del cine Dorado 70 que era entonces todo modernidad o bien el Cine Aguascalientes. Ahora regularmente las salas son pequeñas, ubicadas en centros comerciales, las butacas son más cómodas, pero falta esa cálida sensación del pasado.

Este mes pude apreciar la cinta Roma, dirigida, escrita, co-fotografiada y co-producida por  Alfonso Cuarón, que es sin duda un excelente retrato social del México de comienzos de los setenta, con una ambientación en la que se logra mostrar la atmósfera social de esos años.

En una de las escenas, el personaje de Cleodegaria “Cleo” Gutiérrez, protagonizada por la actriz Yalitza Aparicio va al cine con su novio y en esas imágenes se muestra el ambiente, la decoración y en entorno de las salas de esos años en México. Esa escena me llevó a la memoria cómo eran esos cines que ahora son solamente recuerdos.

Memoré esas salas que algunas por su dimensión contaban con gayola, en un amplio segundo nivel que en más de los casos era recomendable no sentarse en la planta baja cercana a donde terminaba esa sección en altos pues los espectadores de esa zona podían arrojar desde chicles hasta refresco, esto por supuesto dependía del cine en el que uno decidiera meterse.

Actualmente algunas salas como el perteneciente al Cine Foro de la Universidad de Guadalajara en la capital de Jalisco es un espacio para proyección amplio con una pantalla enorme, incluso la oferta de su dulcería es algo similar a lo que antes se tenía, pero no hay muchos lugares que preserven ese tipo de salas con butacas honestamente incómodas a comparación a lo que se ofrece ahora para los espectadores.

Ayer por la noche, asistí a un Cinepolis al Sur de Aguascalientes a ver la cinta Aquaman, dirigida por James Wan y una producción de Peter Safran, inusualmente la sala era amplia y cómoda, repleta de espectadores dispuestos a ver una cinta destinada al entretenimiento.

El montón de niños con su barullo entre el público me hizo recordar esas visitas a los cines de mi infancia que junto con la excelente adaptación del personaje del cómic llevado a la pantalla grande me transportó a mis lecturas de historietas y a las caricaturas que entonces veía de ese mismo súper héroe.

Confieso que en lo posible sigo siendo un lector recurrente de comics y novelas gráficas y por eso Aquaman, un personaje que seguí poco, pero del que sí fui lector, me provocó un gusto enorme verlo en esta versión cinematográfica.

Pero más allá de eso, fue el gusto de estar por unos minutos en una sala de cine que me evocara esas salas enormes de los setentas como aquella que visité antes de encontrarme con la noche, esa lluvia y los libros.

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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