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Siempre hay un enigma que se oculta en la fuerza de las palabras | Entrevista a Nicole Brossard sobre Lenguas oscuras

 

  • Cada poeta se infiltra en la lengua para revelar lo que en tiempos ordinarios es invisible

 

La poeta Nicole Brossard nació en la ciudad de Montreal, Canadá y recientemente la editorial mexicana taller Ditoria, publicó el libro Lenguas oscuras, en su colección Espejo del viento, una edición bilingüe, traducida al español por Joëlle Guatelli y Verónica Martínez Lira. Un libro de manufactura hermosa, que refleja varios de los temas y de las preocupaciones estéticas que la poeta ha trabajado a lo largo de una obra que inicia en 1965. Entre estos temas podemos encontrar, por ejemplo, un fuerte cuestionamiento al uso que del “yo” se ha hecho en la poesía contemporánea. Sin embargo, en la poesía de Brossard también nos encontramos con temas tales como el amor, el conocimiento, la muerte, vistos a través de una óptica que en algunos momentos conecta la filosofía con una poesía pura, transgresora y profundamente humana, que cuestiona muchos de los elementos más cercanos a la vida de los seres humanos.  

Brossard, quien además es novelista, dramaturga y editora, es considerada como una de las mejores escritoras canadienses en lengua francesa, es autora de libros de poesía como Alba en la estación (su primer libro de poesía publicado en 1965) Morder en su carne (1966), Masculino gramatical (1974) o Cuaderno de rosas y de civilización (2003) es una convencida feminista, abanderada de la causa de la mujer y de la defensa de los derechos humanos. Actualmente es miembro de la Academia de Letras del Quebec y de la Academia Mundial de la Poesía.

Platicamos con la también editora de las revistas Barre du jour y del periódico Les Tetes de pioche (1976-1979) en su país natal sobre este libro publicado por primera vez en México:

“Me tomó casi dos años escribir este libro y me interesó el deseo de cuestionar al yo en su uso y delirios. Al principio hubo un desacuerdo sobre el uso abusivo que los escritores hacen del yo, y poco a poco comprendí que sin este yo no pasa nada. Fue un poco como un combate entre ficción y realidad. Quería comprender cuándo ese yo, alrededor del cual la mayoría de los escritores dan vueltas, se volvía serio y esencial. Quería comprender por qué algunos lo reducen a mera información biografía, mientras que otros lo exploran como un objeto misterioso y complejo o lo utilizan de manera tan original que lo despliegan en toda su fiebre y capacidad de metamorfosis. En poesía, yo no es jamás obvio. Hace falta que nos asombre tanto que cada cual pueda reconocer en él su humanidad

Javier Moro Hernández (JMH): Hay un tema, un constante cuestionamiento sobre la palabra, sobre las “lenguas” que recorre los poemas del libro: las palabras, parece decirnos tu poesía, nos revelan algunos rasgos de la vida, pero también puede ocultarnos otras fases de la realidad. ¿Qué tan importante o necesario es para el poeta reconocer la fragilidad y la potencia de las palabras?

Nicole Brossard (NB): Todo lo que descubrimos sobre nosotros es importante, constituye un potencial de fantasía y exploración. Creo que la mayoría de los poetas conocen por instinto o por experiencia el poder de las palabras, el placer que dan y el dolor que pueden infligir. Dicho esto, siempre hay un enigma que se oculta en la fuerza de las palabras y, por mi parte, me gusta circular en este enigma porque es portador de impulsos, preguntas, etimología y polisemia que hacen la poesía y que dan sentido a la vida.

JMH: La imagen de “el perro del alma” que aparece en tus poemas me remite a la idea de la conciencia, los remordimientos, la tristeza. ¿Cuál es la intención poética de reconstruir estos sentimientos a partir de una imagen que también nos puede remitir al dolor, a la mordida?

NB: Por supuesto, hay una imagen de angustia y miseria asociada con el perro, a una “vida de perro”. Sin embargo, utilizo al perro para asociarlo con eso que hay de más abstracto en nosotros, el alma, y también porque los dos nos siguen siempre con fidelidad, y tienen necesidad de ser alimentados y tratados con cariño. El perro fiel, que es nuestra vivencia, y el alma exigente que trenza nuestros pensamientos a veces son difíciles de soportar. En este sentido, es un placer poder utilizar en una lengua varios pronombres alternativos para descansar del intenso yo que puede ser a veces demasiado perezoso o vanidoso. En algún momento de nuestras vidas, es bueno poder decir , nosotros o un impersonal para explorar la complejidad de nuestra individualidad. El perro del alma está siempre vivo en nosotros como una infancia, un viejo instinto de humanidad frágil y tenaz.

JMH: Otro elemento que me parece sumamente importante en tu libro es la pregunta, la duda como un elemento que enriquece la vida y la poesía. La iluminación de las preguntas, la constante duda que nos hace enfrentarnos con ese rostro oculto de la vida. ¿Qué tan importante es para el poeta dudar, cuestionar, analizar su entorno y la materia prima de su trabajo; las palabras?

NB: Estamos constantemente tentados/as a negar la parte de la realidad que niega nuestras aspiraciones existenciales más vitales. Los monoteísmos y el patriarcado han negado en todo momento la humanidad de las mujeres y, al hacerlo, han creado una ilusión de realidad (vía la tradición, las costumbres y las leyes), convirtiendo a las mujeres en subordinadas expuestas sin alma y cuya subjetividad no era pertinente o, cuando sí lo era, la volvía peligrosa. Es así como, gran parte de la realidad se ha convertido en el producto de un único ángulo de visión, el masculino, que ha creado un entorno propicio para satisfacer sus deseos, necesidades, comodidad. Todo escritor y en especial todo poeta, duda naturalmente de la realidad tal como es o aparece. Esta duda da lugar a las cuestiones científicas y filosóficas y, en el arte y la literatura, a una reconfiguración del significado y del paisaje imaginario y a veces simbólico. También podemos decir que cada poeta se infiltra en la lengua para revelar lo que en tiempos ordinarios es invisible. Podemos dudar de la realidad por el ensueño, por la lógica, por la experiencia feliz o dolorosa que tenemos de ella o acercándonos a las palabras para que adquieran un nuevo significado, abriéndose sobre lo inédito. De esta forma, por extraño que parezca, es gracias a la ambigüedad o la extrema extrañeza que se instala en las palabras del poema, éste da vida en nosotros a certezas tan fuertes que decimos indecibles.

JMH: Hay una cercanía con la filosofía, que también recorre el libro. ¿Qué tan cercana es la filosofía para tu trabajo poético?

NB: Escribir para mí es cuestionar, modular el significado para comprender el enigma de la vida, pero también para que vayan brotando imágenes y conceptos que puedan renovar lo vivido, al menos para registrar oportunidades de alegría y de belleza y eso a pesar de la horrorosa historia de nosotros los humanos. La filosofía está en mi poesía y en mis novelas, porque la cuestión del sentido está en el corazón de mis pensamientos. Para conmoverme, debo pensar y para pensar me debo conmover. Paradójicamente, puedo decir también que la poesía rompe el significado unívoco. Así es como me parece que nos proyecta una y otra vez hacia el deseo de las palabras como si ahí hubiera un concepto que podría ayudarnos a evitar la violencia y acercarnos a esta loca idea llamada euforia.

JMH: Tus poemas me remitieron, me llevaron por decirlo así, a regiones del mundo con una fuerte carga espiritual. Pensé en la India, pensé en los pueblos indígenas de América. Espiritualidad y filosofía, que me parece, son caras de la misma moneda, que la modernidad occidental, han intentado separar. Quería preguntarte sí está idea de recuperar esos elementos también parte de la necesidad poética, de la necesidad de construir un imaginario poético que nos recuerde que los humanos somos algo más que la materia, que el cuerpo.

NB: No recupero estos elementos, están en mí, forman parte de cada cual de lo que llamamos nuestra humanidad. En la cultura occidental contemporánea estamos hipertrofiados afectivamente, poco desarrollados intelectualmente y subdesarrollados espiritualmente. (Aquí no pienso en las religiones porque en la mayoría de los casos ellas atrofian la parte creativa de los “fieles”). Lo que es poético en nosotros es una intuición cósmica, en otros términos, una pertenencia al tiempo y al espacio que nos sobrepasa.

JMH: Quería conectar la idea anterior con la idea del yo de la conciencia individual. Las preguntas que nos deja “el perro del alma” cuestionan esa conciencia, parece decirnos que la vida es otra cosa, más allá de esta realidad que creemos que es la verdadera. ¿Cuestionar el yo también nos permite adentrarnos en el alma de las palabras, del lenguaje?

NB: Me gusta mucho la expresión “el alma de las palabras” porque pone de manifiesto este vínculo vital con el lenguaje que, en principio, nos mantiene en un estado de alerta y de inteligencia con la vida. Desde la comparación más simple a la metáfora más audaz, tocamos simultáneamente el mar y el murmullo de los planetas, captamos la blancura cruzada de nuestros huesos y la luz. Cuestionar al yo, es plantear la pregunta del origen y la desaparición, es viajar libremente pero ansiosamente en la conciencia de nuestras procedencias.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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