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Campanario / La escuela de los opiliones

Tres tonos: durante la enfermedad no sólo escribí textos para tratar de comprender qué estaba pasando conmigo, qué se estaba formando adentro y la contemplación del resultado, de las ruinas y la recuperación pero también inicié el proceso para pensar y desarrollar tres ficciones personalísimas. Plenamente consciente de mi propia mortalidad, mi primera decisión fue negarme al trabajo (la talacha de escribir cuento, novela, cuento), sin embargo no pude evitarlo: necesitaba escribir otra cosa que no fuera un desarrollo intelectual de las emociones, los procesos de un enfermo. Al final escribí un puñado de textos sobre mis experiencias en las esperas, los tratamientos y los viajes; pero también inicié tres cuentos (a pesar de que me había jurado no escribir ficción porque tenía miedo de dejar historias interminables, sin puntos, que serían contadas en otra ocasión). Aunque no he recibido la confirmación de la cura, he terminado dos de los tres cuentos y cada uno de ellos representa una emoción: amor, desprecio y confusión. El proyecto es brevísimo y personal, imposible de controlar como otros, así que he permitido que haga conmigo lo que quiera, así como lo hizo la enfermedad y la cura. Difícilmente podemos ser otra cosa: suena obvio y fácil, pero somos la meta de un largo viaje.

Vibrato: la escritura, leí alguna vez en twitter, es una de las expresiones artísticas más baratas del mundo (dijo Virginia Woolf). Compras un cuaderno, unas hojas, y una pluma bic, y puedes iniciar uno de los caminos más interesantes y gratificantes del mundo. No necesitas el permiso de nadie y entre más lo practiques, más lo aprendes. (Claro, si necesitas la reafirmación de otros, de tu tirano interior o de tus colegas (y quizás deberías considerar que tus colegas son todas las personas que aprendieron a leer y escribir satisfactoriamente en la primaria), eso es otra cosa). La escritura te permite documentar, registrar, retorcer y cambiar el mundo; te da la ilusión de que puedes mejorarlo. Puedes escribir un diario detallando el pasado tedioso, aburrido, pero puedes reescribir tus memorias y nadie sabrá cuán ciertas son si eres un criminal cuidadoso y te adueñas del papel soñado, de la ficción que te ha permitido sobrevivir a la crueldad del mundo. La escritura te permite aprisionar los sonidos, el lenguaje, las palabras de los otros y reordenarlas de un modo satisfactorio, placentero o, si así lo crees conveniente, un mero reflejo de aquel momento que creías perfecto. Eres el dios solitario de tu propio barrio, así que échale ganas.

Contrapeso: ¿en pleno 2019 es publicar en papel lo más radical que puede hacer uno? ¿Es necesario el contacto físico con el libro para dejar un registro de lagañas, células muertas, humor respirado, mermelada de fresa? ¿Es inevitable el peso de un poder editorial formidable para que el nombre de uno se grabe en cientos, miles de otros? ¿Es una aspiración válida en un arte fácil y económico? ¿O también es imposible continuar sin el amor de un editor testarudo como uno? ¿Se venden más libros que nunca? ¿Se consumen más palabras de las que jamás se habían consumido? ¿Cuántas jóvenes promesas consumimos, aplaudimos y desechamos al año? ¿Cuántas de ellas habrán de construir la obra que siempre quisieron? ¿Debemos permitir el desarrollo de los demasiados libros? ¿Quién lo impide, si los libros son un objeto noble, de olores agradables y diseños placenteros? ¿Si todos podemos tener un espacio de lectura y escritura en las islas binarias, por qué permitimos la vida de libros mediocres, sencillos y fáciles? ¿Es, acaso, esto último una ilusión cuando el control está en manos de los lectores, del monstruo de ventas, de los sueños sencillos de un viajante onírico que tiene poco tiempo para pensar, para leer, para imaginar? ¿Todo libro es un objeto de mil caras: lo que es hermoso para uno, es horrible para otro y la intelectualización es un ejercicio de imaginación tan poderoso como la de algunos libros? ¿Por qué amar a un libro?

Último repique: ninguna economía debería controlar el viaje literario, pero toda economía lo controla. Recuerda eso y quizás serás más libre de lo que imaginas.

 

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Agustin Fest

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