Opinión

La ortopraxis y sus malquerientes / Opciones y decisiones

El gesto de superioridad moral es el peor rasgo del nuevo gobierno

Y de sus simpatizantes. Creen que transformarán la historia

porque son moralmente mejores que los demás.



Tienen una alta idea de sí mismos

y una pobre idea de lo que es cambiar la historia.

Héctor Aguilar Camín. @aguilarcamin

18:49 – 30 dic. 2018

 

Un tweet que desde mi punto de vista no tiene desperdicio y sí mucha substancia. Aunque tan punzante que para la mayoría de las tres mil respuestas que ya tenía para el momento que esto escribo, eran juicios más deprecatorios que laudatorios a su autor. Me temo que tales airadas respuestas abusan del argumento “ad personam”/ ad hominem, pues no combaten las ideas allí escritas, sino al hombre que las consigna. Darse el tiempo de leer dichas respuestas, es aventurarse en un campo minado de bombas incendiarias que arrojan mucha luz sobre el sombrío paisaje vengativo desde el que son arrojadas. Pero, algo también se mueve en esta misma red social, con más de diez y ocho mil me gusta/likes y casi ocho mil retweets.

Yo, a bote pronto, atiné a responder: “Aprecio este agudo “insight” de Héctor Aguilar, porque toca EL PUNTO más sensible de toda su arquitectura del nuevo modelo político; entendemos que éste su nuevo grupo de poder no se siente a gusto por confesarlo así”. (@chav1_j 31 dic. 2018).

Supongo que la gran modorra que han provocado esas largas horas de días de asueto, en que alargan las conversaciones familiares, las copas de sobremesa, los espectáculos televisivos, el seguimiento de los equipos o atletas de nuestros deportes favoritos, sean el futbol Soccer, el futbol americano, el tenis o el basquetbol, aletargan nuestra capacidad de análisis crítico sobre este o similares temas polémicos.

Lo que me permite dejar constancia de nuestras filias y nuestras fobias, desde las cuales miramos el mundo y así lo interpretamos, aunque sin excusa de sus inseparables consecuencias.

Por lo pronto, a propósito de este tipo de polémicas, quiero destacar la importancia de recurrir a dos tipos posibles de enfoque que nos pueden situar en el camino de un recto debate. Primero el enfoque lingüístico, segundo, el enfoque epistemológico o propiamente del conocimiento histórico-crítico.

Respecto del primer enfoque. Pienso que esta nueva modalidad del tweet –mensaje corto- es comparable a lo que constituye, en la literatura, el haiku, poema corto japonés. El haiku, verdadera joya de la poesía japonesa, se ha difundido por todo el mundo. Internet y las redes sociales en particular, han contribuido a ello.

El rasgo más distintivo de un haiku es su forma: los haikus se escriben en tres versos sin rima, de 5,7 y 5 sílabas, respectivamente. Esta métrica es flexible nada nos impide escribir haikus que tengan un número de sílabas ligeramente distinto, que no por ello dejarán de ser tales. (Por César Sánchez. Taller de Escritores. Qué es (y qué no es) un haiku). Ejemplo: En el sendero/infinidad de flores/una amapola. Antonia Fiaño Valverde. Todo haiku debe incluir un kigo, que es la palabra o expresión que indica la época del año a la que se refiere un poema. Ej.: Despierta junio./ Habitan la mañana/ coches y árboles. Francisco Ferrero. Aunque pueda suprimirse su referencia.

Lo importante de este género poemático es evocar en muy pocas palabras, ideas o imágenes bellas, que al final nos llevan a sentir lo que se llama una emoción estética.

Lo que nos lleva al segundo enfoque, el epistemológico o del conocimiento crítico.

Mencioné la palabra “insight”, y ésta en el campo del conocimiento nos remite al momento preciso del descubrimiento gozoso de un nuevo entendimiento. Podemos decir que el insight es la chispa inteligente que capta la verdad de un evento o una cosa. Grandes filósofos o pensadores lo equiparan con el famoso “eureka” de los griegos, ¡lo encontré!

La maravilla de un “insight” nos hace reflexionar en preguntas como: ¿cuánto mide o pesa una idea?, ¿de cuánto tiempo está hecho un pensamiento? Sin duda alguna que los procesos bioquímicos y psico-fisiológicos del cerebro humano son estructurados en un tiempo determinado, pero en cuanto han sido constituidos para manifestarse en este mundo material, muestran su gloriosa intangibilidad esencial, son entes o fenómenos de la consciencia mental, espiritual. Trascienden la materia, ni siquiera son “quantums” de energía pura. ¡Qué gran paradoja! Se producen en el espacio-tiempo universal, pero en tanto conceptos de la inteligencia son eternos, perfectos e inmutables, como definía Platón a las Ideas. Y su mediación necesaria, aquí y ahora, es la conciencia humana. (Nota mía. LJA. “El Punto final”, en Política. Sábado 27, Febrero, 2010).

Al tiempo lo podemos subdividir en millonésimas de segundo, y dar lugar a la mecánica cuántica que rige las funciones microelectrónicas, por medio de las cuales usted se comunica a través de su teléfono celular, que opera según la lógica de la nanotecnología. Pero, ¿cómo formula una madre la intuición de que su hijo tiene un problema? O ¿qué tiempo requiere un científico para expresar su gozoso “¡Eureka!”, ¡lo encontré!, como experiencia intelectual de su “insight”, que es la intelección profunda de la resolución de un problema?  A esta especie de no-tiempo, se le llama: “tiempo intensivo” de la conciencia. En realidad es algo así como el colapso de las variables tiempo-espacio, en este Universo físico, y estructura la sutilísima madeja de los conocimientos que emanan del pensamiento.

La mejor descripción de lo que es el “insight”, la encuentro en el filme Apocalypse NowApocalipsis Ahora-, (de Francis Ford Coppola, 1979), protagonizado por Marlon Brando. Uno de cuyos parlamentos clave versa así: “El horror tiene rostro, y debemos hacerlo amigo, el horror y el terror mortal son tus amigos, y si no lo son, entonces son enemigos que hay que temer, pues son tus verdaderos enemigos (…).

Recuerdo cuando estaba en las Fuerzas Especiales. Pareciera que han pasado siglos. Fuimos al campamento a vacunar a unos niños. Nos marchamos del campamento, tras haber vacunado a los niños contra la polio, y un anciano se nos acercó llorando, no podía hablar… Volvimos allá, habían ido allí y cortado los bracitos vacunados de los niños, estaban amontonados en una pila de pequeños brazos, y recuerdo que lloré, solloce como una abuela, quería arrancarme los dientes, no sabía qué hacer. Y quiero recordarlo. Jamás quiero olvidarlo.

Súbitamente me di cuenta… como si me hubieran disparado con un diamante, una bala diamante en la frente. Y pensé, Dios mío, ¡Es genial! El genio y la voluntad para hacer eso. Es perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Enseguida me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros. No eran monstruos por poder soportarlo. Eran hombres unidos junto a jefes entrenados. Estos hombres lucharon con el corazón… y tenían familias, hijos, estaban llenos de amor. Pero tenían la fuerza. La fuerza de hacer eso. (Nota mía. LJA. “Terror, semántica e ideología”. Sábado 21 de Noviembre, 2015).

Si atamos correctamente estos dos cabos, caeremos en cuenta que el tweet de Aguilar Camín, no es un presuntuoso punto de orgullo por superioridad intelectual o moral, como se pretende en las respuestas que se dan a su opinión vertida. Porque compara dos campos de acción perfectamente distintos y distinguibles entre sí: – una cosa es arrogarse el derecho y el poder de cambiar el estado en que se encuentra la cosa pública desde la mirada de superioridad moral de la que se pretende ser portadores; y otra cosa muy distinta es la inducción de un cambio histórico, en la realidad, cruda y dura de los comportamientos, las actitudes, las opciones, las costumbres y las prácticas, las decisiones de millones de mexicanos que, sin duda, debemos asumir como asignatura ya impostergable. Pero, la cual quedará intocada -lamentablemente- si las ideas y las aspiraciones no se convierten en planes reales, en tareas concretas, en programas efectivos, en políticas estratégicas coherentes e integrales. El cambio pasa de las pretensiones retóricas a la ortopraxis que construye la historia.

Pretender que tan sólo haber llegado al poder, porque se cuenta con prendas morales intactas e inobjetables y proclamarlo así, ya implica la famosa cuarta transformación nacional, es presumir más de lo que se conoce y más de lo que implica un esfuerzo colectivo sostenido y coherente. El cambio histórico no pertenece al modo discursivo, aunque lo incluya; si no corresponde a cada paso, mazazo, esfuerzo, sudor y, como dijera Marx, al trabajo vivo que pongamos en ello, único auténticamente transformador de la realidad en valor, del signo que usted quiera. Ortodoxia sin ortopraxis es igual a estancamiento.

franvier2013@gmail.com

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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