Opinión

La publicidad engañosa de la prisión automática (oficiosa) / Piel curtida

-Cambiaron a la Baby Malibú.

-¡Dicen que está mejor que nunca!

-No, no se dejen engañar, es la misma tonta Baby Malibú



con un sombrero distinto […].

-¡Pero el sombrero es nuevo!

Varias voces: -Yo la quiero, la quiero, la quiero…

“Lisa contra la Baby Malibú”, Los Simpson

 

Ojalá con eso ya metan a la cárcel a tanta rata, dijo un taxista. A ver si con eso dejan de robar, luego por eso entran y salen a cada rato, escuché de una señora. ¡Para que por fin pague tanto violador!, comentó otra. La publicidad a la propuesta de ampliar el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa (automática) ha generado este tipo de imaginarios entre la población, sin embargo, es necesario promover la reflexión ante una iniciativa que, en vez de abonar a la lucha contra la impunidad, sólo implicaría un nuevo instrumento que facilitaría la violación de derechos humanos, la criminalización y la represión. Al igual que la idea de hacerse justicia por mano propia, la prisión automática se muestra seductora ante una nación agobiada por el crimen, la violencia, la corrupción y la impunidad, pero es más peligrosa de lo que supone prometer. De la prisión automática que se propone, usted podría ser la siguiente víctima.

Suponga que usted le es desagradable a una persona y ésta, gracias a su cercanía con los “de arriba”, decide quejarse y señalarle como una persona “maliciosa”. Seguro más de uno de nosotros ha pasado o, al menos, conocido un caso similar en la escuela, el trabajo o el vecindario, aunque en este último supuesto los de arriba significarían los vecinos de la cuadra. Pues bien, suponga que en este tipo de situaciones, la conexión es política, con funcionarios públicos: un día llegan por usted, le detienen y pasa una temporada de entre tres y ocho años en prisión, en la cárcel, esperando que inicie una investigación para que, después de otros años más, se inicie un juicio y pueda defenderse de algo que tal vez nunca le llegó a pasar por la mente. Esto es posible con la prisión preventiva en vigor, por lo cual, lamentablemente, varias personas defensoras de derechos humanos han sido recluidas en un intento por desalentar la protesta social; ¡ahora imagínese con la posibilidad de que sea automática!

Por ello, diferentes organizaciones civiles, organismos y sistemas internacionales de defensa de los derechos humanos se han manifestado para evidenciar las implicaciones negativas y punitivas de la prisión preventiva automática, esto a través de diferentes textos, videos, entrevistas y contenidos digitales. Sin embargo muchas de estas comunicaciones se mantienen técnicas y con un lenguaje rígido, en gran parte porque buscan apelar a la racionalidad de quienes tomarán las decisiones en el Congreso de la Unión y de quienes desde el ejecutivo y el poder judicial respaldan la propuesta. Sin embargo, la publicidad engañosa sobre la prisión automática ha llegado hasta otros escenarios donde se necesita el diálogo horizontal, de igual a igual, de manera sencilla y buscando la empatía.

Algunas organizaciones, como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, han caído en la trampa de la retórica maniquea de la prisión automática, al señalarse que delitos como el feminicidio, la corrupción y el huachicoleo ameritarían esta medida “cautelar” por considerarse graves. Sin embargo, la prisión preventiva oficiosa no implica reconocer la gravedad de dichos delitos, ni siquiera la gravedad está en discusión. La prisión preventiva, que ya figura en la Constitución, debe ser considerada por un juez como un recurso para evitar que se afecte al debido proceso, por ejemplo: impedir que el presunto responsable de un delito huya, que se amenace la seguridad de víctimas, familiares y testigos, por mencionar algunos; y para definir estas necesidades se necesitaría haber iniciado de manera inmediata, exhaustiva e imparcial una investigación pertinente. Contrario a ello, la propuesta de prisión automática, además de ir en detrimento de la autonomía y facultades del poder judicial, permitiría justamente contravenir el debido proceso, incluso hacer más lentas las investigaciones y juicios ante la idea de que ya se encarceló a un supuesto responsable sin tener la certeza de ello. Historias al respecto se conocen por cientos, como la presentada en el documental Presunto culpable, o las que están detrás de los casos de Adriana Manzaneras y Enrique Guerrero, sobre los cuales puede buscar información en Internet.

Para las víctimas de algún delito: la prisión automática no significa justicia, porque para acceder a ella primero se deben deslindar responsabilidades y así emprender, también, una reparación integral del daño, pero con esta propuesta la reparación podría tardar aún más. Por ejemplo, de por sí es un calvario que se reconozcan los feminicidios como tal, por lo que la existencia de la prisión preventiva oficiosa ni siquiera garantiza que se emprendan medidas de protección para las personas denunciantes, familiares y testigos.

Por otra parte, cualquier persona que sea señalada por algún delito dentro del catálogo que se espera ampliar podría ser detenida de manera arbitraria, pasar muchos años en prisión y tan sólo a la espera de que se inicie la carpeta de investigación, el juicio y tener la posibilidad de defenderse.

Sí, el crimen y la violencia son alarmantes en México. Sí, la mayoría de las personas estamos hartas de la impunidad, de los duelos, de las amenazas y la zozobra. Sin embargo, la solución no se encuentra en una figura que permita meter a la cárcel a quien se señale con tan sólo ser señalado, sin chistar. El reto está en el debido proceso, en la celeridad, el profesionalismo y pertinencia de las investigaciones, en el respeto, reconocimiento y emprendimiento de protocolos especializados e instrumentos que se han establecido a nivel internacional y nacional con apego a los derechos humanos.

La prisión preventiva oficiosa, es decir, la prisión automática, sólo es una nueva forma de llamar a un proceso punitivo de alto riesgo que, junto con la propuesta –incongruentemente– de la ya emprendida guardia nacional, sólo representan la puesta en marcha de un proyecto muy similar a la Ley de Seguridad Interior que tanto se le criticó al sexenio anterior. Pero ¡vamos!, que la cuarta transformación mantiene su espejismo seductor, cuando en realidad deberíamos preguntarnos si somos nosotras y nosotros, la sociedad, la que no ha dejado de lado aquellas costumbres que contravienen los ideales de justicia, equidad, igualdad y libertad, a los que tanto creemos aspirar.

@m_acevez | montoya.acevez@gmail.com

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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