Opinión

Sur de la noche / Café Fausto

Las noches de Aguascalientes no son las de hace poco más de quince años, sin duda, pero en esencia algo queda de todo aquello, tal vez el insustituible murmullo de los negocios nocturnos y la provocadora posibilidad de andar por los caminos que de día muchas personas aparentan no transitar.

Esta tarde de viernes me entero con mucha alegría que ha salido de imprenta mi libro de poemas Sur de la noche, publicado por el Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) a quien le expreso mi profunda gratitud en el que se incluye un prólogo de mi amigo el poeta Óscar Santos a quien estoy agradecido por sus palabras.

El libro Sur de la noche lo comencé a escribir en el 2001 con una beca en la categoría de Creador con Trayectoria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguascalientes con base en un proyecto para escribir poemas sobre la vida nocturna de nuestra ciudad desde el estilo de realismo sucio del escritor estadounidense Charles Bukowski, pero que en momentos también busqué darle un tono conversacional que me recuerda a algunos de los poetas más representativos de la primera generación surgida en Cuba después del triunfo de su Revolución.

Fue un reto trabajar con una voz y un estilo nuevo en mis poemas, con una intención más narrativa, un lenguaje crudo y directo, pero sobre todo aplicar un nuevo método que consiste en escuchar historias de vida, visitar los lugares en este caso de la vida nocturna en la ciudad y tratar de reflejar nuestra realidad sin perder el sentido poético en el lenguaje.

Nuestros tradicionales merenderos, las mustias cantinas de barrio, los bares de moda, los antros gays de esa época y los más variados negocios de la zona de tolerancia Las Violetas con sus table dance, sus negocios para que las sexo servidoras puedan fichar por una pieza de baile y por supuesto están la zona de tolerancia conocida como “El Charquito” en Pabellón de Arteaga, todos estos sitios fueron algunos de los lugares recorridos y mencionados por sus nombres.

Por supuesto también está la Feria de San Marcos, con su casino que entonces era el único y su palenque. Sin embargo, lo más importante en este libro son los personajes y sus historias que son un retrato del Aguascalientes de la primera década del siglo XXI.

La prostituta anciana, el trasvesti de la avenida Adolfo López Mateos, la teibolera que viene de América del Sur buscando clientes para mejorar su vida, los infieles, los borrachos sin destino o aquellos que beben solos en esas barras legendarias de algunas modestas cantinas que todavía sobreviven, son algunas de las historias en Sur de la noche.

Caminar la nocturnidad no es un trabajo sencillo cuando se trata de observar, de comprender a sus protagonistas cotidianos con ese ambiente en el que parece que no sucede nada. Pienso que mi experiencia como corresponsal del Grupo Reforma y otros diarios nacionales por más de una década me ayudó para la labor de recuperar los acontecimientos y los testimonios sin que los participantes se sintieran invadidos.

Recuerdo que mi amigo, el talentoso escritor y académico Benjamín Valdivia me cuestionó en esos años en tono de broma si la tranquilidad de Aguascalientes daba para un libro de poemas sobre la vida nocturna, a lo que respondí que cada vez me sorprendía de lo mucho que me faltaba por conocer, y así fue.

Seguí escribiendo el libro después de un par de años que superaron el año de apoyo de beca creativa, pero ya liberado del proyecto decidí incluir otros poemas sobre la intensa vida nocturna que conocía en Guanajuato, Ciudad de México, Guadalajara y Tijuana. Había mucho, mucho que contar.

Los poemas de Sur de la noche deben de leerse sin pudor, entendiendo que esa es una realidad retratada que de alguna manera todavía existe en Aguascalientes y en varias partes del país. Sus personajes somos todos nosotros en gran medida que están en poemas realizados en verso libre con un lenguaje sencillo y directo.

Como estructura de este libro confieso que hice una pequeña trampa. Ya no recuerdo de dónde conseguí muchos años atrás un ejemplar del estupendo libro Habanecer de Luis Manuel García que con ese texto obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba.

El libro de Habanecer es una serie de cuentos, pero además puede leerse como una “cuentinovela” que se desarrolla en la capital de Cuba y en el que el autor enumera las páginas en horas y minutos en el transcurrir de un día. Tomé esa idea y así, Sur de la noche sucede del crepúsculo al amanecer y los poemas tienen por título las horas con sus minutos en que sucedieron de acuerdo a esta gran historia de la noche en la que hay un narrador y muchos personajes.

De la misma manera, “Sur de la noche”, título que no me fue fácil elegir, se divide en cuatro momentos: las 18:48, 23:01, 2:20 y 5:07 horas, hasta llegar el momento en que el sol ha salido en nuestra ciudad.

“Amanece. / El Cerro del Muerto vuelve a dominar / la ciudad / y las campanas de los mil templos llaman a las beatas, / un motor ruge, el oficinista ya se ducha, / los perros no han dejado de ladrar / y algunas putas duermen y las señoritas también / seguramente. / No hay borrachos en su sitio. / Amanece”, dice un poema.

El libro lo culminé en 2006, pero no se publicó en Aguascalientes, por alguna razón los gobiernos estatales en turno tal vez tenían los estándares de la moral muy altos y esas historias no querían verlas por su editorial. Mientras el libro era rechazado para su publicación en ese año, esos textos fueron tomados en cuenta con mi proyecto presentado para que se me otorgara una beca de Residencias Artísticas por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el Ministerio de Cultura de Chile para realizar una estancia de varios meses escribiendo dos libros en ese país de nuestra América del Sur. Así la vida.

Los invito a leer Sur de la noche, a reencontrarnos sin pudores con una memoria de nuestra nocturnidad desde la poesía, los invito a caminar nuestra noche.

 

The Author

Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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