Opinión

Anatomía de la movilidad en México / Agenda urbana

En 2018 la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano del Gobierno Federal publicó el libro Anatomía de la movilidad en México, en el que se analizan diversos aspectos de movilidad en el país en el periodo 2013-2018. El libro presenta datos relevantes que permiten comprender de manera más amplia algunas de las implicaciones de los patrones de movilidad tanto en México como en Aguascalientes. Veamos.

¿Cómo nos movemos? En México, 55 por ciento de las personas que van a la escuela realizan sus viajes caminando; 26 por ciento en autobús, taxi, combi o colectivo; 18 por ciento en vehículo particular y uno por ciento en bicicleta. Asimismo, 35 por ciento de las personas que van a trabajar realizan sus viajes en autobús, taxi, combi o colectivo; 28 por ciento en vehículo particular; 23 por ciento caminando y 5 por ciento en bicicleta. Al mismo tiempo, en Aguascalientes 54 por ciento de los viajes a la escuela se realizan caminando, mientras 25 por ciento se hacen en autobús, taxi, combi o colectivo; 17 por ciento en vehículo particular y uno por ciento en bicicleta. Igualmente, 16 por ciento de los viajes al trabajo se realizan caminando; 27 por ciento en autobús, taxi, combi o colectivo; 36 por ciento en vehículo particular y 8 por ciento en bicicleta. Lo anterior sugiere entonces que la mayoría de los viajes a la escuela y al trabajo tanto en el país como en Aguascalientes se realizan caminando o en transporte público, y no necesariamente en vehículo particular -aunque como veremos más adelante, la inversión en infraestructura vehicular es desproporcionadamente mayor, e incluso se estima que el espacio destinado para la circulación vehicular representa cerca del 40 por ciento de la superficie urbanizada del país-.

¿Cuál es el estado de la seguridad vial? La manera en que nos movemos está costando vidas humanas; en 2016 en México murieron 16,185 personas en hechos de tránsito. Las principales víctimas son usuarios vulnerables de la vía pública: 44 por ciento de las muertes eran peatones; 34 por ciento ocupantes de vehículos; 20 por ciento motociclistas; y 2 por ciento ciclistas. Similarmente, en 2016 en Aguascalientes perdieron la vida 229 personas en hecho de tránsito, de las cuales 50 por ciento eran peatones, 27 por ciento ocupantes de vehículos, 18 por ciento motociclistas, y 4 por ciento ciclistas. Estos datos demuestran que las personas más vulnerables de la vía pública, o sea, los peatones y ciclistas, representan la mayor proporción de los decesos en las calles -es importante mencionar que las muertes por hechos de tránsito son siempre prevenibles, y, por lo tanto, las cifras anteriores no se deberían de normalizar-.

¿Cuánto gastamos en transporte? Para la mayoría de las familias mexicanas que habitan en zonas urbanas, el transporte es el segundo concepto de gasto familiar con 19 por ciento, seguido de la educación, con 12 por ciento, duplicando el gasto en vivienda y servicios básicos con 10 por ciento, y superando casi siete veces el gasto en salud, con 3 por ciento. En Aguascalientes, las familias dedican el 20 por ciento de su gasto al transporte y las comunicaciones, siendo el segundo rubro de gasto más elevado, después de la alimentación, y 3 veces más que en vivienda, 2 veces más que en educación y hasta 6 veces más que en salud (Méndez, 2019).

¿A qué tipo de infraestructura de movilidad se destinan más recursos? En el periodo 2013-2017 se calculó un gasto público del presupuesto federal para proyectos de movilidad de 39 mil 248 millones de pesos, de los cuales 74 por ciento se destinó a proyectos de infraestructura vial, 16 por ciento a proyectos de redes de infraestructura hidráulica, eléctrica y drenaje que corren a través de las vialidades, y 21 por ciento a proyectos de movilidad urbana sostenible, donde se incluye el gasto público en espacio público, infraestructura peatonal y ciclista y transporte público. En el mismo periodo, en Aguascalientes el 55 por ciento del gasto federal se destinó a infraestructura vial y 21 por ciento a redes de infraestructura hidráulica, sanitaria o eléctrica, mientras que la inversión o gasto en transporte público, infraestructura peatonal y ciclista y espacio público apenas alcanzó 24 por ciento del total. Es evidente, pues, que a pesar de que la mayoría de los viajes tanto al trabajo como a la escuela se realicen en modos de transporte distintos al vehículo privado, éste último concentre tres cuartas partes del gasto público proveniente de fondos federales en infraestructura de movilidad.

En resumen, la movilidad en México tiene implicaciones de carácter económico y social que a su vez inciden positiva o negativamente en la calidad de vida de la población. Esperemos que tanto el gobierno federal como los gobiernos estatales pongan mayor atención, esfuerzo, decisión e inversión para promover patrones de movilidad más sostenibles en el país -no sólo en términos ambientales, sino también económicos y sociales-.

fernando.granados@alumni.harvard.edu  | @fgranadosfranco

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Fernando Granados

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