Opinión

Bestiario onírico / La escuela de los opiliones

Cocodrilo: animal onírico, hijo del tiempo, siempre vivirá a la sombra de los relojes. Estos reptiles vigilan a los moribundos para avisarle a la muerte cuando ya están cerca de expirar. En sueños son el avatar de los ladrones y los cínicos. No siempre está sonriendo pero su naturaleza, inevitable, hace parecer que sí. Si encuentras uno cuando duermes, y te está dando la espalda, confía en ellos: los cocodrilos siempre tienen un plan de escape.

Perro: creador de túneles metafísicos, navegante de mundos cuánticos, entre más afilada tenga la nariz más rápido te llevará a tu destino. Pero no tengas miedo, aún si es un perro joven o inexperto, no lo dudes: te guiará en la aventura y te protegerá con su vida. Los negros son los preferidos del diablo, e indudablemente están protegidos por él, porque le recuerdan su inocencia en los jardines del Edén, los buenos tiempos, cuando aquel ángel vigilaba ociosamente a un par de humanos mientras jugaba con su perro de tres cabezas a esconderle el hueso. Cuando duerme está matando monstruos.

Pingüino: juntitos, en masa, ellos solitos cargan los mundos planos donde todos los seres del cosmos sueñan.

Rata: consultor de ritmos y secuencias, este bicho guarda en su sangre todas las fórmulas y todos los números. Igual que sus contrapartes realistas, acechan las sombras de los sueños de los hombres para consultar con sus matemáticas oníricas la solución a preguntas viejas y ancestrales. Mudan el pelo sobre los números, roen los símbolos de algunas fórmulas y melodías, e inventan teoremas que mantienen la estabilidad en el universo onírico de los animales.

Garrapata: gemelo de las alimañas realistas, este insecto anda exactamente en la misma posición que su contraparte en el mundo. Conviene explicar que si uno sueña con una garrapata en la mano es porque una garrapata está caminando a su vez en la mano del soñador. Las hermanas beben sangre real y onírica, ambas engordan simultáneamente en una sincronía escalofriante y vívida. Las garrapatas son inocentes pero no son inmunes a su naturaleza. Prefieren beber mientras viajan en aventuras, por eso aman a los perros y los gatos sobre todas las cosas.

Gato: vagabundo y asesino de sueños, idealista y aparentemente estúpido, este animal siempre sabe cómo empeorar las cosas y solucionarlas. Es un excelente oyente, todos los gatos han escuchado todos los sueños del mundo. Eso mismo lo hace arrogante, y aún cuando se siente el guerrero del dejá vu perpetuo, saber tanto a veces confunde y empuja sus garras de todas las estructuras escherianas donde no se sabe si muere, vive, o todo a la vez. Cuando un gato onírico duerme no sueña, sino que vive.

Lemming: animales suicidas que actúan en estampidas, cuando una persona sueña que está cayendo es porque una estampida de lemmings decidió llevárselo. Sin embargo, no intervienen o se suicidan por capricho, ya que son protectores de los secretos más extraños. Soñarás que caes cuando abres esa puerta que no debiste, esa puerta que te revelará el verdadero rostro de tus padres.

Tortugas: deja de buscarlas, aquí no están.

Moscas: reyes insecto del mundo onírico, a diferencia de sus contrapartes reales, son tan grandes como un planeta. Sus centenares de ojos son los escenarios donde ocurren muchos de los sueños de los hombres cuando no pasan en los mundos de tierra que cargan los pingüinos. Su tamaño tergiversa el zumbido habitual y en vez de ser un ruido molesto, se convierte en una agradable melodía que mantiene la armonía necesaria de cientos, miles, de universos oníricos. Cuando una mosca onírica muere, ocurren guerras en el mundo de los hombres.

Caballo: representantes del deseo humano y del amor, galopan no sólo en el corazón pero también en el sexo de los soñadores. Son una fuerza diminuta pero intempestiva, una enfermedad de transmisión sexual onírica que arrastra a toda velocidad los hilos rojos del destino. Caprichosos y joviales, empujarán, retorcerán o jalarán a los humanos para encontrarse en sueños, más tarde despertarán sudorosos, húmedos o erectos, pero siempre cuestionables: ¿pasó o no pasó?, ¿en realidad deseo a mi cuñada?, ¿mi futuro está en esa abuelita?, ¿por qué el misógino de don Raúl se ve tan guapo hoy? Más tarde, no lo dudes, los caballos disfrutarán las tragedias provocadas en el mundo real por sus jueguitos gachos.

 



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Agustin Fest

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