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Días sin ti, de Elvira Sastre, gana el Premio Biblioteca Breve 2019

  • Elvira Sastre escribe sobre las heridas, pero también habla de esperanza y de renacimiento vital, de personas que aprenden a resurgir de su dolor

 

Días sin ti, novela de Elvira Sastre gana el Premio Biblioteca Breve 2019. La autora nació en Segovia en 1992. Desde muy joven, gracias a la influencia de su padre, maestro de literatura, lee y escribe. A los quince años inaugura el blog Relocos y Recuerdos, y escribe sin cesar, dando a conocer sus versos a través de las redes sociales. Poco después, gana el Concurso de Cuentos Emiliano Barral con el relato corto Saudade. Unos años más tarde, se instala en Madrid para cursar el grado universitario de Estudios Ingleses, y posteriormente realiza un máster de Traducción Literaria.

El jurado de esta edición del Premio Biblioteca Breve fue presidido por Rosa Montero y compuesto por Agustín Fernández Mallo, Pere Gimferrer, Lola Larumbe y Elena Ramírez. Días sin ti es una obra que indaga en el dolor de la pérdida y en la importancia de trazar un vínculo afectivo con el pasado a través de la memoria individual transmitida entre generaciones que han vivido en mundos muy distintos y que, aun así, encuentran en los sentimientos un idioma común.



 

Las claves de Días sin ti

Esta es una historia de complicidad a través del tiempo, la de una abuela y su nieto (ella maestra en tiempos de la República; él, artista en nuestros días) que recrea vínculos y pasiones, arte y vocación, el peso del pasado y la importancia de la memoria, con una prosa envolvente e inspiradora, a pesar de ser la crónica de una fractura.

Crear belleza a partir del dolor es uno de los objetivos creativos, literarios e incluso personales de la autora de Días sin ti, una novela que habla de amor y de pérdida, de seres humanos que sufren, caen y se levantan para tomar las riendas de su vida tras plantar cara a la tristeza y al miedo, y sobreponerse a los latigazos del destino.

Elvira Sastre escribe sobre las heridas, pero también habla de esperanza y de renacimiento vital, de personas que aprenden a resurgir de su dolor. Gael encuentra a través del espejo del tiempo a su abuela Dora y descubre sabiduría, consuelo y fuerza en la historia de esa maestra republicana, firme en sus convicciones y en su vocación, enamorada de un joven cubano que perderá la vida en la España de la posguerra.

 

Dos voces, una memoria común

La estructura de esta novela se forja en la alternancia de experiencias vitales de dos personajes y de dos épocas muy distintas. Gael es escultor, un joven que se abre camino en el mundo artístico actual, y que vive un amor apasionado con la modelo que inspira buena parte de su obra. Cuando la joven decide romper esa relación, Gael recuerda las enseñanzas de Dora, y el lector, a través de las palabras de una abuela a su nieto, se sumerge en unos años en los que otro futuro parecía posible. Una época feliz que Dora vive junto con su gran y único amor, un amor trágico, porque acaba prematuramente con el asesinato del abuelo de Gael. La guerra y el franquismo acaban con el sueño republicano, entonces Dora buscará sentido a su dolor en la tierra de su amado, Cuba, donde recuperará su objetivo vital, su vocación. Donde recuperará la esperanza. Dora tiene la suerte de encontrar un amor pleno, pero el destino le depara experiencias tan difíciles como vivir una guerra o la muerte de su amado. Gael disfruta de la profesión que ha podido elegir en libertad pero, sin embargo, sufre el desgarro de ser abandonado por su pareja. A pesar de las diferencias entre los golpes que han recibido a lo largo de sus vidas, las líneas vitales de los dos protagonistas, hilvanadas en la novela a través de lazos sutiles, se unen en una enseñanza de vida transmitida por Dora: que el respeto por la memoria y, en especial, el recuerdo de los momentos felices genera una fuerza y un poder que se transmiten a través del tiempo, más allá de la muerte.

 

La voz de Dora:

Es posible que ese amor termine, que esa emoción

abandone tu cuerpo, que el tiempo deje de mecerte

en sus olas benévolas. […] es posible que el mundo

se detenga contigo corriendo dentro y será entonces,

en ese momento de oscuridad absoluta, cuando debas

abrir las manos y recuperar todo eso, toda la belleza

que el universo te dio una vez y sigue dentro de ti, todo

lo hermoso que late dentro de tu alma. Tendrás que

volver a todo eso, mi vida, tendrás que hacerlo por ti,

tendrás que sacarlo de dentro y ponerlo en tus manos

y por todo tu cuerpo, y dejar que tu propia luz

te abrace, y conocerte otra vez, y darte otra

oportunidad, y empezar de nuevo […].

 

La voz de Gael:

Mi abuela me enseñó la importancia de saber

volver a los recuerdos. […]

Soy capaz de hacer ese viaje, de abrirle mi alma

a la memoria y dejar que se quede en mi cuerpo

el tiempo necesario, porque lo cierto

es que nunca se queda para siempre.

 

El vínculo emocional que Gael siente, intenso e imperecedero, tras rememorar la historia de su abuela será catarsis y será revulsivo. Las palabras de Dora, las reflexiones de Gael, el latido conjunto de ambos, se refleja en la novela a través de frases que evocan, que conmueven al lector a través de una prosa que reivindica un lenguaje poético, de una naturalidad desnuda, con destellos de sabiduría y una firme confianza en el poder de las palabras para emocionar, sanar y aprender a curar las heridas del pasado.

 

El origen de la novela

El origen de Días sin ti se encuentra en unos versos intercalados entre los poemas del segundo libro de la autora, Baluarte, que narran la historia de una pérdida amorosa. Elvira Sastre explica la esencia de estas frases, que es también la esencia de su primera novela: “Quise incluir una historia paralela al viaje de los poemas y surgió la serie Días sin ti. En ella, narro en pequeñas píldoras escondidas en las páginas el proceso del olvido: del más absoluto abandono al encuentro con uno mismo, que es algo que sucede sin que uno se dé realmente cuenta. En resumen, un compendio de sensaciones, historias, puntos en la memoria traducidos en poemas que dan forma al escudo llamado Baluarte.”

Y de esa semilla surge su primera novela, Días sin ti, a la que Elvira consigue trasladar su universo emocional, su intenso mundo poético. Además de dar el salto de lo particular a lo universal que exige la literatura con mayúsculas, en esta historia logra coherencia creativa y personal: la poesía, su poesía, impregna de manera natural el relato, a través de los intensos paisajes íntimos que dibuja.

¿Cómo cambia para una poeta el proceso creativo cuando aborda la escritura de una novela, esto es, cuando pasa de una historia sintetizada en un verso a un formato narrativo de largo recorrido?

ES: Para empezar, la disciplina es radicalmente distinta. Para mí la poesía es algo libre, sin pautas, surge sola fruto de una necesidad emocional de expresarla. La novela, sin embargo, aunque puede tener tintes de desahogo en ciertos puntos, requiere de mucho más trabajo, una disciplina más férrea, tiempo y constancia. La poesía, si no sale, no la escribo. La narrativa, sin embargo, hasta que no pasa el tiempo, las correcciones, las perspectivas, no está completa.

¿Qué hay de Elvira Sastre en los personajes de esta novela, en las vivencias que se narran? ¿En quién te inspiraste para esta historia?

ES: Como todo lo que escribo, tiene parte autobiográfica, pero es cierto que he querido crear personajes e historias porque creo que esta novela me pedía libertad de acción y de palabra. Por supuesto, todo nace de algo. Dora tiene mucho de mi abuela Sote, tanto en su ternura, sensibilidad y sabiduría como en su historia de amor, ya que se quedó viuda muy joven. No fue maestra en la República, pero mi padre y mi tía (sus hijos) se convirtieron en maestros gracias al duro trabajo que se vio obligada a realizar para sacarlos adelante. Ese respeto por la enseñanza es algo que siento desde pequeña. En cuanto a Gael y Marta, su historia no es la mía, pero en todo el proceso de escritura yo también viví una ruptura y parte de sus aprendizajes sí son los míos. En esta novela hay dolor y pérdida y, sin embargo, están impregnadas de belleza.

¿Dónde halla Elvira Sastre la inspiración, el fogonazo creativo, la sensibilidad para encontrar las palabras que conduzcan del sufrimiento a la superación?

ES: Creo que todo nace de una introspección profunda que sufro desde pequeña. Soy extremadamente sensible, y eso me obliga a valerme de una justificación para poder enfrentarme a un mundo lleno de violencia, rabia, frustración, tristeza… Mi manera de protegerme es hallarme en todo eso. Me encuentro en la tristeza y me siento a gusto porque es ahí donde encuentro respuestas. Cuando uno está feliz no se pregunta nada, no lo necesita. Sin embargo, cuando estamos mal es cuando nos cuestionamos todo. Ahí es donde yo me conozco, donde me armo y encuentro las herramientas que me ayudan a seguir. Eso es hermoso. Ahí es donde encuentro la belleza.

La complicidad intergeneracional, el ejemplo de nuestros mayores, el eco de vivencias anteriores, el peso de la memoria… todo ello palpita en esta novela con una fuerza emotiva que conmueve. La escritura de esta novela, ¿te ha transformado de algún modo?

ES: Sí. Creo que el hecho de hablar desde la voz de una abuela me ha dado esa perspectiva que es necesaria para entender muchas cosas. La relación con mis abuelos y mi abuela es muy directa y especial, basada en el cariño y en el respeto. Es importante tenerlos en cuenta, escucharlos y aprender de ellos, y más allá de todo eso, darles voz, pues al final son, de alguna manera, nuestro futuro. Además, tratar en la novela, aunque sea en superficie, el tema de la memoria histórica, ha sido un punto de inflexión. La investigación me ha permitido conocer más sobre la historia más reciente de nuestro país, que creo que está muy oculta y merece visibilidad. En ese sentido, sí me ha transformado porque me ha hecho ser consciente y aprender muchas cosas.

En esta novela se dice que hay que atesorar los recuerdos felices, porque son los que nos ayudarán ante la adversidad. ¿Tiene la escritura un papel que cumplir en este sentido?

ES: Creo que la escritura sirve para muchas cosas, entre otras, para dejar huella y contar algo importante, algo nuevo que no se haya dicho, algo que merezca esa eternidad que dan los libros.

 

El Premio Biblioteca Breve cerró la presente convocatoria el 30 de octubre de 2018 con un total de 742 manuscritos presentados en las sedes de la editorial Seix Barral en España, Argentina, México y Colombia. Una vez más, predominan las obras presentadas por vía digital, ya son el 95%, y se observa un incremento de originales procedentes de Estados Unidos. En cuanto a los temas abordados en las novelas presentadas, abundan las novelas que narran la infidelidad, la maternidad o el suicidio en un contexto contemporáneo; cada vez es menos frecuente la presencia de la guerra civil española, aunque no faltan las ambientadas en la República que la precedió ni en la dilatada posguerra que la siguió. A veces esta perspectiva histórica se extiende a conflictos más amplios, como el contexto de la Segunda Guerra Mundial o de la Guerra Fría, y es mucho menor el tratamiento del terrorismo extremista. Es llamativa la presencia de novelas ambientadas en un futuro casi visionario.

 

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