Opinión

El Velvet Buzzsaw de Aguascalientes/ Bocadillo

La primera media hora de Velvet Buzzsaw es pornografía para todos aquellos que han tenido aspiraciones netamente artísticas, o bien para los que alguna vez anhelamos volvernos ricos a costillas de los creadores. Brevemente trabajé con un grupo musical, y no miento al decir que con lo que soñaba no eran fiestas llenas de famosos o la posibilidad de ser alguien adyacente a nanocelebridades de internet sino con la posibilidad de todo el varo que podíamos lograr en equipo. Si como colectivo, hubieran salido las cosas bien. Es complicadísimo alinear intereses en común, con los miedos e inseguridades de cada quién. Yo me salí luego de un descontento con el par de pillos respecto a cómo manejar su presencia en redes sociales (que nunca despegó), y el grupo terminó luego porque éstos se clavaron la lana de los otros integrantes. Al final, fue un sueño rosa el pensar que se podía generar buen dinero con gente tan diferente a uno (menos cierta persona).

Buzzsaw nos presenta la escena artística de Los Ángeles, y nos provoca envidia en cada escena. Las casas en las colinas, los departamentos lujosos del centro y los coches brillosos. Ah, y el arte, por supuesto, pasa a segundo plano ante las ganancias que puede generar por las palabras de un crítico conjugadas con la especulación. No todo es esta admiración a la economía de los curadores, expertos y artistas. La película, dirigida por Dan Gilroy, es una especie de ensayo al estilo de El miedo a los animales (el libro de Enrique Serna) sobre que un ambiente tan “puro” como el mundo del arte y galerías, es todavía más sucio que ambientes mafiosos o criminales.

No puedo evitar pensar lo lejanos que estamos a esas escenas en México, y especialmente en Aguascalientes, donde ser artista tiene dos vertientes claras: 1) batallar y tener que conjuntarlo con alguna profesión que sí sea lucrativa (contador, profesor de prepa católica o birriero), 2) ser hijo de algún big kahuna local y crear la carrera con la beca ConPapa ligada a la agencia de relaciones pública llamada Apellido y Asociados.

Claro, Aguascalientes suele tener su espolvoreada cosmopolita. Recuerdo una infame foto de un crítico francés de arte que escribe en Vice México: era la comida por la apertura de la exposición de Daniel Buren en el Museo Espacio y había un tequila carísimo en cada mesa. Otra de las personas etiquetadas en dicha imagen, el que invitó al mencionado crítico, era el hijo del millonario galerista que gestionó la llegada de Buren. Nuestro propio Velvet Buzzsaw de petate.

Aguascalientes es curioso, no había dinero para los maestros de iniciación artística (que hace seis años estaban en régimen outsourcing y tenían que firmar en Conciliación y Arbitraje), pero tenemos una cantidad bestial de museos (la mayoría en el centro), uno exclusivo para tomarse fotos en Instagram, una sala Imax (en la que no ponen The Dark Knight, ni nada) y la joya de la corona: una orquesta sinfónica de primer nivel, donde sus exponentes tienen que ser hueseros. En serio, un viernes cualquiera nuestro estado (no, la capital) tiene una vida cultural vibrante. Y si expandimos un tanto la visión, también es relevante que hay demasiados cines para una ciudad-estado tan pequeña porque las audiencias los están consumiendo.

Ya ni hablamos de las múltiples carreras artísticas en dos (por favor, dos) universidades públicas, incluida aquella para formar los manager de los creadores. Aunque falta educación vocacional, porque por ahí veo mucho creador frustrado. Como en todo. ¿Y yo? Soy un simple redactor que gusta ver el mundo el arder. Y le gustaría ver creadores mejor remunerados.

 



The Author

Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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