Opinión

Homo viator / Opciones y decisiones

El hombre peregrino. El que sigue un camino. Dejamos apenas abierta la conversación acerca del asunto de “la cartilla moral” que invoca el presidente Andrés Manuel López Obrador, al que me referí en mi entrega última, (LJA. La opción moral. Sábado 19/01, 2019). Tema que fue abruptamente silenciado en los medios y por la misma presidencia, debido al brutal accidente explosivo de la toma clandestina de gasolina, en el ya tristemente célebre poblado de Tlahuelilpan, Hidalgo. Hecho social que no hace sino acreditar a grandes voces la importancia de revitalizar la conciencia moral de la sociedad, como imperativo de la más alta urgencia.

Iniciaba yo, esta conversación, evocando el ya inmemorial juicio político-religioso enderezado contra el hombre que resultaría siendo el precursor del pensamiento universal en materia de moral, religión y costumbres, el ateniense Sócrates. Recordábamos que en su Apología, con que Platón inaugura sus célebres Diálogos, invoca en su defensa: “Mi buen amigo, tú eres un Ateniense y perteneces a una ciudad que es la más grande y famosa en el mundo por su sabiduría y fortaleza. ¿No están ustedes avergonzados de que ponen su atención en adquirir el mayor dinero posible, y cosa similar hacen con su reputación y honor, pero no prestan atención o pensamiento a la verdad y el entendimiento, y sobre la perfección de su alma?” (Ver: La opción moral, opus cit., ut supra). La sentencia de sus juzgadores y acusadores fue implacable, pena de muerte.

No es circunstancial que el discurso moral de nuestra civilización occidental-cristiano-judaica comience así. Y ésta nace con otro juicio, no menos salvaje, soberbio, corrupto e injusto contra Jesús de Nazareth, que es ajusticiado en el patíbulo de la cruz, en el año 30 de nuestra era. La historia universal consigna un incontable rosario de mártires por la libertad de conciencia, de pensamiento y de acción, debido precisamente a la toma de posición de una actitud u horizonte ético o moral.

Este preámbulo nos deja claro que asumir un presupuesto, una postura, una actitud o una perspectiva ética es un punto más que problemático.

Por ello, a la invitación actual del presidente de México, para adoptar o considerar la famosa “cartilla moral” que redactara Alfonso Reyes, quien la ideó, yo quiero destacar la importancia de que él mismo invoque el importante concepto de “conciencia del entorno” (Cfr. Editada por la UANL, Letras Universitarias. Nuevos clásicos. Primera edición, 2005. Monterrey, México). En ello está para mí la actitud clave de su propuesta moral; y, por ende, la apertura de una conversación, de la que su autor está bien consciente de ello.

Desde mi punto de vista, no debe importarnos tanto su rancio lenguaje de inicios del siglo XX, o sus contenidos todavía pre-científicos, incluso en la reflexión ética. Mis indagaciones van por otro derrotero.

Más que fijarnos en una serie de reglas o normas prácticas de conducta (como parece señalar el índice presidencial), es decir anteponer una moral preceptiva; para el propósito que se busca de renovación moral o reinstauración de la Ética en la conciencia de las y los mexicanos, es otro el indicativo que se requiere, y apunta más hacia una “ética de actitudes”; la que dice referencia a una “ética de horizonte” y ésta comprende la idea fundante ya desde el Renacimiento de una “visión del mundo”, una cosmovisión.

En este preciso sentido, contamos con un apasionado hombre de letras, que fue pero que ha dejado un legado de pensamiento y crítica inteligente para México y para el mundo. Me refiero a Carlos Fuentes.

De él, sólo tuve la oportunidad una vez de escucharlo en persona. Y fue en una conferencia magistral que pronunció en el año de 1993, con motivo de un seminario internacional de análisis social, organizado por el entonces todavía Secretario de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio Murrieta. En esa conferencia magistral inaugural, Carlos Fuentes desarrolló con gran familiaridad y sencillez una remembranza del pensador renacentista Giovanni Pico della Mirandola, ilustrado humanista y viajero incansable, que refiere una clasificación muy simple, pero muy contundente de lo que significa ser un hombre total.

Parafraseo de memoria sus palabras: el hombre que se siente a gusto en todas partes, es alguien muy distante de la perfección; el hombre que se siente a gusto en algunas partes, pero en otras no, es un hombre que está en vías de la perfección; pero, el hombre que se siente a disgusto en todas partes, es un hombre muy cercano a ser perfecto.

Este ideal del hombre peregrino, el “homo viator”, es la visión de horizonte más sugerente que pueda haber. El hombre, aquí en la Tierra, no es un ser terminado, acabado, definitivo. Es un ser por hacerse, es un ser en construcción, es una tarea por cumplir –al decir de los existencialistas-. ¡Eh aquí su grandeza!

La corriente de pensamiento dominante en la postguerra del siglo XX fue el existencialismo ateo que lideró Jean Paul Sartre y que influenció una buena parte del pensamiento universal, al descubrir que si el hombre no tiene como referente a Dios, entonces su ser y su libertad dependen radicalmente de su decisión para vivir o no vivir, para dejar de ser, a voluntad, es decir, cesar su vida. La supuesta emancipación moral de la tradición gestada por el materialismo histórico dialéctico, ateo, ya convertido en ideología económico-política bajo el marxismo económico-político, al final se convirtió en doctrina del comunismo absolutista y radical, que fracasó.

De esas experiencias históricas, en un mundo ahora monopolar, se impuso la ideología más globalizadora, jamás existente, que ahora domina y pervade la suerte de nuestro mundo actual, y ésta es el cinismo del capitalismo global y dirigente.

De ella, Franz Hinkelammert, economista y teólogo de la liberación, evidenció en su obra Las Armas Ideológicas de la Muerte (1978), que no es sino una crítica a la ideología neoliberal, regente en los países centrales o del capital dirigente mundial. Misma que también desenmascaró el filósofo contemporáneo, Peter Sloterdijk, autor de Crítica de la Razón Cínica (1983), en que hace un análisis muy comprehensivo de la significación de la conducta cínica que rige desde los núcleos, hombres y mujeres poderosos de talla mundial al gran universo de la humanidad dominada, bajo esta implacable, pero sutil y eficaz ideología. Su cara amable es el consumismo exacerbado de la cultura internacional, que vive, sueña y come de las marcas de fama mundial, y se hace símbolo de prestigio, buen gusto y estilo de vida para su indiscriminada apropiación, a costa de lo que sea. Su rostro oscuro y nefasto es el empobrecimiento crónico de países, de masas populares enteras, que se incrementan exponencialmente, hasta llegar al extremo de lo que hoy cínica y cultísimamente llamamos: “pobreza alimentaria”.

De ahí la importancia de referentes como Carlos Fuentes (quien murió el martes 15 de mayo 2012) y apuntó desde sus renombradas “opera primas”, Las Buenas Conciencias (1959), que haya dedicado a tres hombres de talla universal y de quehaceres diversos: A Luis Buñuel, “gran artista de nuestro tiempo, gran destructor de las conciencias tranquilas, gran creador de la esperanza humana”; a Soren Kierkegaard, “los cristianos hablan con Dios; los burgueses hablan de Dios”. Y a Emmanuel Mounier, “on s’arrange mieux de sa mauvaise conscience que de sa mauvaise réputation” (Uno se acopla mejor con su mala conciencia, que con su mala reputación). Lo que ya esboza un horizonte de referencia por explorar.

Y, dada la imposibilidad de abundar más en otras líneas de pensamiento, quiero dejar señalado un rumbo que debemos explorar, me refiero a una nueva y extraordinaria urgencia que propone la Declaración de una Ética Mundial del Parlamento de las Religiones del Mundo, realizada en Chicago en septiembre de 1993. Que luego es secundada por la propuesta del InterAction Council —una asociación de antiguos jefes de Estado y de gobierno bajo la dirección del antiguo canciller alemán Helmut Schmidt— en favor de una declaración universal de los deberes humanos; y, también, del “Llamamiento a nuestras instituciones rectoras” del Parlamento de las Religiones del Mundo reunido en Ciudad del Cabo en 1999. (Todos estos documentos pueden encontrarse en internet, en el portal www.weltethos.org.).

Nuevos apuntes visionarios de una ética mundial, a la que se sumó el destacado teólogo alemán Hans Kung (1928, Sursee, Cantón de Lucerna, Suiza). Egresado de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, y ordenado sacerdote en 1954. Colega de Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, con quien tuvo discrepancias teológicas de importancia, por su obra: ¿Infalible? Una pregunta. En 1979 la santa sede retiró su licencia para enseñar teología católica; a pesar de lo cual, en 2005 ambos teólogos tuvieron un diálogo cordial, lo que muestra que siempre ha mantenido una actitud respetuosa y aún de amistad con él.

Asimismo, él redactó un manifiesto titulado Ética Mundial: Fundamento para el Diálogo de las Culturas (H. Küng), y lo hace con motivo de la celebración del próximo Tercer Parlamento de las Religiones del Mundo bajo el lema: “El arte de saber escuchar, el poder del compromiso” (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1999). Del cual yo señalo un punto señero: “Se impone la Regla de oro, que se encuentra ya en Confucio, muchos siglos antes de Cristo, pero también en los rabinos y, por supuesto, en el Sermón de la Montaña y en la tradición musulmana: ‘Lo que no quieras que te hagan a ti, tampoco se lo hagas a otros’”. Estos dos principios fundamentales son desarrollados y concretados en la Declaración de Chicago. Visiones del mundo que están ahí.

Por ello confirmo, queda pues abierta la conversación.franvier2013@gmail.com

The Author

Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

No Comment

¡Participa!