Opinión

Joaquín Sabina / Café Fausto

La primera vez que escuché un disco entero de Joaquín Sabina fue a finales de los ochenta, pienso que comencé tarde a seguirlo pues ya llevaba para entonces ya iba en su sexta producción con El hombre de traje gris en 1988, pero al conocerlo de inmediato entré en esa enferma obsesión que tengo de querer conocerlo todo lo que me interesa y pronto pude enterarme de la discografía anterior.

De esa primera etapa el más difícil de conseguir fue el increíble disco Inventario su primera grabación profesional realizada en 1978 en la que se puede sentir una inevitable influencia en las letras y los arreglos musicales de Joan Manuel Serrat en varios de los temas y otro tanto, me atrevo a decirlo, de Víctor Manuel.

Confieso que en mi caso y tal vez para muchos de los lectores el cantautor español Joaquín Sabina ha sido parte de la banda sonora de mi vida, sobre todo en la intensa década de los noventa en mi intensa vida nocturna en Guanajuato y la Ciudad de México cuando me desempeñaba como corresponsal y reportero del Grupo Reforma, luego Sabina siguió acompañándome como lo hace un buen viejo amigo que de alguna manera nos resignamos a envejecer juntos en esta época y generación común que nos ha tocado vivir.

Discos entrañables como Malas compañías realizado en 1980, Mentiras piadosas en 1990, Esta boca es mía en 1994, Yo, mi , me, contigo en 1996, Enemigos íntimos en 1998 con la participación de Fito Páez, 19 días y 500 noches en 1999 y por supuesto recientes producciones como Vinagre y rosas en 2009 y Lo niego todo en 2017 son algunos de los realizados por Joaquín Sabina y que podría dedicar páginas enteras en comentarlos, como por ejemplo su acertado trabajo conjunto en el escenario al lado de Serrat, algo que no se logró con el mismo resultado al hacer su disco a cuatro manos La orquesta del Titanic en el 2012.

Sin embargo, al haber cumplido Sabina los setenta años de edad el martes pasado he decidido comentar sobre algunos de sus libros de poemas que he tenido la oportunidad de leer.

A modo de preámbulo, reconozco que el primer libro que leí con canciones de Sabina fue la biografía Joaquín Sabina, perdonen la tristeza realizado por Javier Menéndez Flores y publicado en 1999. Obra que me sirvió para saciar mi morbo y conocer más de cerca al cantautor. El libro es recomendable, pero ya bastante rebasado dados los años que han pasado desde entonces y por supuesto los acontecimientos en su vida y canciones compuestas ya en todos estos años.

En ese tiempo fue cuando pude conversar unos minutos con Joaquín Sabina al encontrarlo en el restaurante de un hotel, regalándole un ejemplar de uno de mis libros de poemas, apenas unos días antes lo había entrevistado y pude constatar su amabilidad en el trato y su filoso y certero sentido del humor.

Sin embargo, un año después llegó a mis manos Ciento volando de catorce, su primer libro de poemas de Sabina, con audio libro incluido, con un prólogo del destacado poeta español Luis García Montero. En esta obra, el compositor de “Calle melancolía” nos muestra su capacidad creativa como un hacedor escrupuloso de sonetos, ahí se puede reconocer su oficio creativo, su dedicación para pulir sus textos sin perder esa inconfundible chispa y energía que lo caracteriza en las letras de sus canciones.

En el prólogo, García Montero a quien conocí en un encuentro de poetas hace ya casi quince años, recuerda que en 1976 su amigo Sabina publicó su primer poemario Memorias del exilio en el que confiesa al decir que “no me engaño sobre estos textos, fueron escritos para ser cantados. Me temo que leídos resulten desabridos como puchero de pobre; echan de menos la voz y la guitarra. El exilio y la impotencia son culpables de que se editen en forma de libro”.

A diferencia de ese primer poemario editado en Londres, al recorrer Ciento volando de catorce nos comparte con fiera honestidad las más diversas emociones y logra recrear atmosferas sin perder los cuidados de la forma del soneto.

De sus primeras influencias como Francisco de Quevedo, César Vallejo y Bob Dylan, se nutrió después de Rafael Alberti a quien conoció y también de poetas de su generación como el mismo Luis García Montero o Benjamín Prado con quien trabajó las letras de su disco Vinagre y rosas con excelente resultado.

El libro Ciento volando de catorce lo componen las series “Introito”, “Señales de vida”, “Seis dedos en la llaga de Tomás y un brindis a la sombra de Antoñete”, “Pies de foto”, “Benditos malditos. Malditos benditos”, “Quien lo probó lo sabe” y “And last but not least”.

Dentro de Ciento volando de catorce destaco la serie de veinte poemas “Benditos malditos. Malditos benditos” de los que tomó un par de ellos para incluirlos en su disco “Diario de un peatón” realizado en 2003.

“Maldito amor el nuestro si caemos / en la trampa mortal de las parejas, / si queremos querer y desquerernos, / si empezamos el living por las rejas. / Maldito sea el hall de los despachos, / los ángeles dormidos en la rama, / el garrafón del bar de los muchachos, / los gajes de los trajes de la fama. / Malditas sean las pugnas fratricidas / entre el macho y la hembra, resignados / al duelo de juzgados homicidas. / Malditos sean los gritos destemplados, / malditas sean las bocas desabridas, / la justicia de los ajusticiados”, dice el último poema de esa serie.

Muy diferente es su libro Esta boca es mía publicado en 2005 con ilustraciones de Gustavo Otero con versos satíricos previamente publicados en la revista Interviú con poemas con rimas que nos llevan a la actualidad de los personajes y circunstancias que retrata.

De ese libro vale la pena dedicarle una columna posterior por la creatividad e ingenio en esos textos sumado a la vida que logran darle a esas páginas las ilustraciones que lo acompañan.

Después de ese par de libros llegaron a los estantes en librerías Esta boca sigue siendo mía, editado en 2007 con más versos satíricos publicados en el semanario Interviú, El grito en el suelo, publicado en 2012 con poemas que estuvieron antes en el diario español Público, Muy personal en 2013 que incluye poemas empezados, canciones inacabadas y algunos dibujos. También ha publicado Garagatos en 2016 que es un libro de arte y en ese mismo año En román paladino con poemas publicados en la revista tintaLibre.

Siento decirlo, pero voy con retraso en la lectura de libros de Joaquín Sabina, mientras me decido a retomar esa tarea los invito a leerlo además de escucharlo. Por mi parte y a modo de fiesta de cumpleaños del cantautor escucharé su nuevo disco “Lo niego todo en directo” del que tengo curiosidad por ver si tiene alguna nueva aportación en su obra.

 



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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

1 Comment

  1. Rogelio Guerra E.
    17/02/2019 at 04:28 — Responder

    ¡Magníficos artículos! No cabe duda de que Fabián Muñoz es un periodista, comentarista, editorialista, consumado.
    Café Fausto es amigo del placentero café matutino, a medio sol y aún en pijama.
    Felicidades a todos los medios que han tenido la fortuna de contar entre sus colaboradores a Fabián.
    La más reciente publicación acerca del vate Joaquín sabina, es deliciosa.
    Gracias y muchos artículos exitosos más

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