México y la lectura / El peso de las razones – LJA Aguascalientes
24/09/2020


El gobierno presentó en Mocorito, Sinaloa el 27 de enero el Plan Nacional de Fomento a la Lectura. Algunos aspectos del Plan me preocupan y valen las siguientes notas como mi evaluación de lo comunicado por el presidente y Paco Ignacio Taibo II:

  1. El diagnóstico está errado. Se piensa que el paupérrimo índice de lectura en el país (según Parametría el promedio de lectura de los mexicanos es de 2.9 libros por año, mientras que en países como España esa cifra llega a 7.5 libros y en Alemania a 12) se debe a la falta de acceso a los libros, y que esta falta de acceso se debe a su precio. Se entiende: si se piensa que ésta es la cadena causal, reducir el precio de los libros causará a su vez un incremento en el índice de lectura. El error es simple: el fenómeno es multicausal. Es posible que, en algunos casos y contextos muy determinados, sea el precio de los libros lo que frustre el acceso a los mismos. Queda también claro que una falta severa de acceso a los libros causaría un descenso importante en el índice de lectura. No obstante, estas condiciones no son preponderantes y estas circunstancias son marginales en nuestro país. No es el precio de los libros lo que causa que no podamos acceder a ellos, y la falta de acceso a los libros, aunque es una variable, no es la única que repercute en el promedio de lectura de las mexicanas y mexicanos. Si este fuera el caso, que no lo es, resulta incomprensible que el Plan no fomente más bien espacios atractivos y surtidos de lectura: una estrategia óptima tendría en su centro a la Dirección General de Bibliotecas y no al Fondo de Cultura Económica y a Educal. No obstante, y dado que no es éste el caso, resultan opacas las razones por las cuales el Plan ha sido diseñado a partir de dichos ejes: quizá el Plan en su conjunto no es más que la expresión de un dogma que ha defendido contra toda la evidencia su autor Paco Ignacio Taibo II.
  2. Existe una incomprensión fundamental en los creadores del Plan con respecto al fenómeno de la lectura y al mercado editorial. Otra vez parece satanizarse sin razón a las empresas, en este caso editoriales. El mercado favorece, en efecto, a los grandes monstruos del mercado editorial. También favorece fundamentalmente a las grandes librerías. A ellas el Plan no las afectará en lo sustancial, aunque pueden desincentivar la inversión. El costo de producción de un libro es variable dependiendo de diversos factores: los derechos, las regalías, el proceso editorial y el tiraje. Mientras el tiraje es mayor, el costo de producción por unidad decrece. Las pequeñas editoriales independientes tiran entre 300 y 5 mil ejemplares de un libro, mientras que las grandes casas editoriales tiran de 5 mil a 10 mil en promedio (aunque existen casos en los que el tiraje puede ser mucho mayor). Un amplio tiraje permite a las grandes editoriales disminuir el precio de sus libros y distribuirlos masivamente dentro del territorio nacional. Esto no sucede con las pequeñas editoriales. Adicionalmente, las ganancias favorecen más a las librerías que a las editoriales: la inversión de una librería es menor que el de una editorial por libro (de manera evidente), y las librerías ganan entre un 40 y un 60 por ciento del precio de lista. De lo restante, las editoriales tienen que pagar en promedio un 10 por ciento de regalías al autor (en caso de que lo haya y el libro no esté libre de derechos de autor), y solventar gastos del proceso editorial y la distribución. Para que las pequeñas editoriales subsistan, cada libro publicado se convierte en un serio riesgo de inversión: de no venderse un mínimo del 70 por ciento del tiraje, la editorial perderá dinero. Así, forzar a que las editoriales bajen el precio de sus libros no sólo es una intromisión indebida del Estado en el mercado (este punto merecería una columna independiente), sino que a quien en verdad se afecta es a las pequeñas editoriales independientes, las cuales, como afirmó acertadamente Rafael Pérez Gay, viven día con día en la resistencia.
  3. Robustecer al Estado editor, y golpear a las editoriales independientes, puede traer una consecuencia nada favorable para la lectura, que no tiene que ver con índices ni promedios lectores: reducir la pluralidad editorial. Hacen falta más libros de calidad, hacen falta más traducciones de libros escritos en otros idiomas y que no están disponibles para los lectores que desconocen dichas lenguas, no necesariamente más libros baratos. Una duda me asalta de manera natural: ¿cómo garantizarán que la línea editorial del Fondo de Cultura Económica no se convierta en una forma de propaganda del régimen? ¿Seguirán los comités disciplinares dictaminando sus prioridades editoriales? ¿Paco Ignacio Taibo II tendrá algún contrapeso editorial dentro de la institución?
  4. Resulta por lo menos extraño que una editorial de prestigio como el Fondo de Cultura Económica, que ha proporcionado entre otras cosas a estudiantes mexicanas y mexicanos durante décadas de traducciones indispensables para su formación universitaria, dedique su tiempo, energía y recursos en un Plan Nacional de Fomento a la Lectura y no es sus tareas sustantivas qua editorial. También resulta extraño que una política cultural importante durante este sexenio busque incrementar el promedio de lectura de la ciudadanía: ¿cuál es la razón por la cual al Estado debería preocuparle que este índice incremente? Aunque la pregunta puede sonar a oídos de una persona que vive dentro del ámbito de la cultura políticamente incorrecta, la respuesta al menos no es evidente. Puedo estar de acuerdo con Paco Ignacio Taibo II en que debería desaparecer el estigma de la lectura como algo aburrido, pues se lee sobre todo por diversión y esparcimiento, pero ¿por qué un gobierno debería fomentar un estilo de vida sobre otro? Esto tampoco creo que esté claro.

Vienen días aciagos para el Fondo de Cultura Económica, que ya había sido duramente golpeada presupuestalmente por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Espero equivocarme, pero la editorial de mayor prestigio de nuestra lengua puede ser víctima mortal de la ignorancia, los dogmas, la sordera y la ideología de sus dirigentes actuales.

 

[email protected] | /gensollen | @MarioGensollen

 

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