Opinión

Un egocéntrico actor y un psicópata racista / Mareas Lejanas

 

Esta semana hubo dos acontecimientos que de formas diametralmente diferentes muestran el nivel de polarización social que se vive en Estados Unidos. El primero de ellos pretendía aprovecharse de una dolorosa realidad para obtener beneficios personales. El otro buscaba asesinar a varias figuras mediáticas y políticas. Vale la pena detenerse en cada uno de ellos y reflexionar sobre lo que nos dicen sobre el momento que viven nuestros vecinos del norte.

 



La falsa víctima

Justin Smollett es un actor negro y gay de la serie Empire de HBO. Nunca la he visto. Tras haber recibido una carta con insultos y amenazas dirigidas al actor, la producción actuó de forma indiferente. Unos días después, Smollett apareció en una estación de policía de Chicago golpeado. Dijo haber sido atacado por dos supremacistas blancos que lo golpearon, le gritaron insultos racistas y homofóbicos y luego le ataron una soga al cuello, en una aparente referencia al linchamiento de negros de antaño. Antes de irse, vertieron blanqueador sobre él. Sin embargo, a los pocos días la policía llegó a una conclusión: Smollett había fingido el ataque.

Los oficiales declararon creer que el actor había enviado la carta a la producción y contratado a dos extras de la producción para atacarlo. Un plan que pudo salir bien (desde un punto de vista logístico) fue ejecutado terriblemente. Los atacantes eran dos nigerianos con las caras cubiertas. Además, Smollett cometió el error de pagarles con un cheque, de forma que la transacción es rastreable. En un cierre poético, el evento ni siquiera fue captado por la cámara de seguridad, pues era rotativa y se encontraba vigilando en la dirección contraria.

Las razones pueden ser muchas: la policía de Chicago dice que lo hizo para subir su perfil y obtener un aumento salarial. Lo que está claro es que quería llamar la atención y que hizo mucho daño al hacerlo de esta forma. Esta farsa sólo hace más difícil que los ataques reales puedan ser denunciados. Se trata de la peor clase de mentira: la que más difícil a otros decir la verdad.

 

El discreto psicópata

En una historia cinemática, un terrorífico plan terrorista que incluía 15 armas, más de mil balas, esteroides y supremacía blanca fue frustrado por el FBI. El objetivo de Christopher Paul Hasson -teniente de la guardia costera- era asesinar a 15 objetivos de la política y medios de comunicación estadounidenses. En una rústica tabla de Excel encontrada en su computadora, enumeró a sus blancos: entre ellos las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y Nancy Pelosi del partido demócrata. Fue arrestado en su casa en Maryland. ¿Cómo lo detectaron? No se sabe: vigilancia cibernética, alguna denuncia o alguna otra opción. Algunos analistas hablan sobre patrones de compra en línea.

En una entrevista, una vecina mexicana narra como ella lo veía como una persona normal. Junto a un letrero que dice “POR FAVOR QUITARCE LOS ZAPATOS”, en plumón verde sobre su puerta, dice que era amable con ella, y que jamás lo hubiera sospechado.

Los investigadores dicen que fue Inspirado por Anders Breivik, el terrorista noruego que mató a 77 personas en su ataque a un campamento juvenil de un partido de izquierda. Brevik se vistió como policía, de forma que llegaba con las víctimas personificando un agente para matarlos cuando estuvieran desprevenidos.

En el caso del teniente supremacista racial, fue detenido y de esta forma se evitó que intentara lo que llevaba planeando hacer más de un año. Los jóvenes campistas del partido de los trabajadores en la isla de Utøya no tuvieron tanta suerte como los americanos. Lo de Hasson quedó en un acto fallido, una realidad que nunca fue.

 

Dos tipos anti-ideales

Ambos eventos son ecos de una nación dividida, por un lado, los que buscan sacar provecho de los problemas verdaderos y por otro los sueñan por imponer violentamente su visión del mundo sobre los demás. La realidad se encuentra siempre en disputa. Las mentiras descubiertas y los planes frustrados nos hablan sobre la realidad, aunque se distingan diametralmente de ellas en su contenido.

Un egocéntrico actor y un psicópata racista comprueban de alguna forma las peores ideas que tiene la gente de un lado del espectro político sobre el otro. Para muchos conservadores radicales, los progresistas son unos mentirosos que buscan vilificar las buenas costumbres con su agenda de propiedad política. Por otra parte, muchos consideran a los conservadores son unos radicales racistas violentos. Sin embargo, se trata de lo más visible por lo escandaloso, mas no de lo más prevalente entre los estadounidenses. A unos días de que sea entregado el reporte de Robert Mueller al congreso, hay que mantener los ojos bien abiertos para oportunistas y radicales.

 

Mar de Fondo

Recientemente una investigación del Wall Street Journal reveló que aplicaciones de registro menstrual como Flo y Ovulation Tracker, entre otras, comparten información con Facebook, que a su vez la vende para circular publicidad. Se trata de una violación de privacidad fuerte que no debería quedarse escondida entre las letras chiquitas de los avisos de privacidad. Esto seguramente le resultará problemática la compañía de Zuckerberg en Europa y Estados Unidos. Ojalá.

jemuzquiz@gmail.com | @joseemuzquiz

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José Eduardo Múzquiz Loya

José Eduardo Múzquiz Loya

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