Opinión

Venezuela: guerra mediática / Taktika

Palacio de San Carlos, Bogotá, Colombia. 25 de febrero de 2019. Ante los mandatarios de Colombia, Guatemala, Panamá, el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, comienza su alocución expresando que: “Hace algunos días, el mundo observó cómo el tirano en Caracas bailó mientras sus secuaces quemaban camiones cargados con comida y medicina, y asesinaban a civiles…también fue un día trágico para el sufrido pueblo de Venezuela”.

El autoproclamado mandatario, Juan Guaidó, escucha, mesmerizado, al representante estadounidense, quien dice transferir un mensaje de un “gran campeón de la libertad, en Venezuela y a través de este hemisferio. Traigo los saludos del presidente número 45 de los Estados Unidos, el presidente Donald Trump”.

La escena arriba mencionada se relaciona con el presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué la lucha por el poder en Venezuela se encuentra en una fase de guerra mediática.

Desde que Johannes Gutenberg inventó la prensa de imprenta, el dominio de los medios de comunicación masiva se convirtió en un factor primordial para ganar un conflicto bélico. Este hecho fue reconocido por el florentino Nicolás Maquiavelo quien comentaba que una de las principales dificultades a que se enfrentaba un estratego era cómo “alejar a una multitud de una opinión funesta, contraria al bien común o a tu opinión; de donde no cabe usar sino las palabras que conviene que todos escuchen, queriendo convencer a todos”1.

Con el paso del tiempo, nuevos elementos -el cine y la radio- se agregaron a los medios masivos de comunicación. Este hecho fue reconocido por Gustave Le Bon quien, en su trabajo seminal La psicología de las masas, afirmó: “El más simple hecho, visto por la masa, se convierte rápidamente en un acontecimiento desfigurado. La masa piensa mediante imágenes y la imagen evocada promueve, a su vez, una serie de ellas sin ningún nexo lógico con la primera”.

A los medios masivos de comunicación tradicionales se agregaron la televisión y el internet. Sin embargo, los objetivos de una guerra mediática siguen siendo los mismos: movilizar la agresividad y el odio de la población y dirigirlos contra el enemigo para socavar y destruir su moral; dinamizar y preservar el espíritu de lucha del propio país; desarrollar y conservar la amistad de los países aliados; y fomentar la amistad de los países neutrales y, en lo posible, obtener su apoyo y su colaboración durante la guerra2.

¿Por qué afirmar que el conflicto interno en Venezuela está en la fase de guerra mediática? Primero, el millonario Richard Branson organizó un concierto llamado Venezuela Live Aid -una imitación del arreglo que, en 1985, emprendieron Bob Geldof y Midge Ure. El magnate británico contó con la participación, entre otros, de Miguel Bosé, Paulina Rubio y Carlos Baute.

Lo extraordinario no es la alineación de estrellas, sino el hecho de que se reportó, por parte del Washington Post, una audiencia de 200 mil personas, pero cálculos hechos demostraron que la asistencia era de alrededor de ¡10 mil personas! Debido a esto, el rotativo estadounidense tuvo que borrar el cómputo erróneo3.

Segundo, el senador por la Florida Marco Rubio, furibundo anticastrista y antichavista, envió dos mensajes ominosos desde su cuenta de Twitter: el primero mostraba la muerte del dictador libio, Muamar el Gadafi, quien fue sodomizado con una bayoneta y después ejecutado de un tiro en el cráneo; el segundo exponía al hombre fuerte de Panamá, Manuel Noriega, blandiendo un machete y después una foto del militar panameño en una prisión estadounidense4.

Tercero, el sábado 23 de febrero se mostró, por parte de diversas cadenas televisivas, imágenes en donde se quemaban camiones que supuestamente llevaban ayuda humanitaria, desde Colombia a Venezuela. El veredicto fue claro: Nicolás Maduro y sus secuaces eran los culpables. Sin embargo, las agencias Xinhua y RT en español dieron voz a la versión chavista, la cual afirma que las provocaciones habían ocurrido en el lado colombiano, pues eran la obra de “guarimberos”. Es decir, agentes provocadores leales a la oposición venezolana5.

Cuarto, Maduro perdió los estribos durante la entrevista con el periodista Jorge Ramos de la cadena Univisión. Ramos, famoso por poner en aprietos a personajes como Enrique Peña Nieto y Donald Trump, evitó darle el título de presidente de Venezuela y sólo se refirió a él como “líder”. Asimismo, el periodista mexico-estadounidense mostró al mandatario un video en donde jóvenes venezolanos hurgaban en un camión recolector de basura.

Maduro montó en cólera y detuvo a Ramos, quien posteriormente fue liberado y expulsado del país. Sin embargo, para los chavistas esto fue un montaje del Departamento de Estado, pues en esos momentos la cadena estadounidense ABC transmitía una entrevista con Nicolás Maduro6.

El escribano concluye: la guerra mediática librada en Venezuela es una lucha por ganarse “los corazones y las mentes” de la opinión pública mundial, en especial la latinoamericana. Asimismo, Maduro y los chavistas han probado ser, hasta el momento, huesos duros de roer ante la embestida de la jauría mediática leal a los intereses estadounidenses. Finalmente, cito las sabias palabras de Winston Churchill: “En tiempos de guerra, la verdad es algo tan valioso que debe ser cuidada por un guardaespaldas de mentiras”.

Aide-Mémoire.- Donald Trump y Kim Jong-un prosiguen con su espectáculo mediático; mientras India y Pakistán suben la temperatura; y, según Rusia, los estadounidenses preparan la invasión de Venezuela.

 

1.- Maquiavelo, Nicolás. El Arte de la Guerra. Ediciones Leyenda, México, 2006, p. 206

2.- Fazio, Carlos. Terrorismo mediático: la construcción social del miedo en México. Debate, México, 2013, p. 17

3.- 200,000 or 10,000? WaPo deletes inflated Venezuela Aid Live attendance figure from its website https://bit.ly/2tEne43.

4.- https://bit.ly/1Q9DI7g.

5.- Ministro venezolano desmonta “falsos positivos” en frontera colombiana https://bit.ly/2tDy3Dp.

6.- https://bit.ly/2Stj8FJ.

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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