Opinión

Bolsonaro y Trump, tal para cual / Taktika

Washington, Unión Americana. 17 de marzo de 2019. El presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, hace que su audiencia estalle en un éxtasis ideológico cuando pronuncia la siguiente frase: “Yo siempre soñé con liberar a Brasil de la nefasta ideología de izquierda”. Esta oración es música para los oídos de sus invitados estadounidenses.

Entre los concurrentes a cenar con Bolsonaro resaltan dos personajes: Steve Bannon, el mofletudo estratega político de Donald Trump e ideólogo de la ultraderecha populista; y el astrólogo, escritor, filósofo y youtuber, Olavo de Carvalho, apóstata del comunismo en Brasil.

La escena arriba mencionada se relaciona con el presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué la visita de Jair Bolsonaro a Donald Trump reafirma la relación entre los eximios representantes de la ultraderecha global.

Desde el año 2017, Jair Bolsonaro envió varios mensajes en los que hacía manifiesta su afinidad por la Unión Americana, en general, y por Donald Trump, en particular. En octubre de ese año, Bolsonaro visitó la nación de las barras y las estrellas. Pronto declaró que “si soy electo, pueden estar seguros de que Trump tendrá un gran aliado en el Hemisferio Sur”.

Ese no fue el único gesto de alineamiento con los estadounidenses: tras un discurso en la Florida, Bolsonaro volteó y saludó al estilo militar una imagen de televisión que proyectaba a Old Glory: el blasón estadounidense1.

Luego, ya durante el proceso electoral carioca, el hijo de Bolsonaro, Eduardo, visitó los Estados Unidos y se reunió con elementos representativos de la derecha estadounidense: el senador por la Florida, el furibundo anticastrista y antichavista Marco Rubio, y la eminencia gris del trumpismo, Steve Bannon. Por último, y envalentonado por la visita, Eduardo Bolsonaro prometió “liberar a nuestros hermanos venezolanos del hambre y del socialismo”.

En octubre de 2018, Jair Bolsonaro logró un triunfo contundente en la elección presidencial. Esta victoria supuso un éxito geopolítico y geoestratégico para los Estados Unidos, pues presumió que el gigante sudamericano se sumaría al campo estadounidense para terminar con el “marxismo cultural” en América Latina.

La primera prueba de fuego para la entente Brasilia-Washington ocurrió, en enero de 2019, cuando el líder opositor Juan Guaidó se autoproclamó “presidente interino de Venezuela”. El apoyo a Guaidó exhibió las fisuras en el gabinete de Bolsonaro, pues el Ministerio de Asuntos Exteriores es más pro-estadounidense, mientas que el Ministerio de Defensa se mostró más escéptico ante una hipotética intervención militar en Venezuela.

El vicepresidente Hamilton Mourao, enemigo acérrimo del “marxismo cultural”, declaró que “Brasil no consideraba esa opción” y que los cariocas no podían unilateralmente dar luz verde al despliegue de fuerzas estadounidenses. “Uno siempre tiene que recordar que la presencia de cualquier fuerza extranjera en nuestro país tiene que tener la autorización del Congreso Nacional, este gobierno simplemente no hará esto”2, concluyó lapidario el militar retirado.

A pesar del aparente desacuerdo entre Bolsonaro y Trump, Brasil continúo apoyando las iniciativas diplomáticas de los Estados Unidos en relación con Cuba, Nicaragua y Venezuela.

El arranque de la visita de Jair Bolsonaro a Washington mostró el realineamiento de Brasil: cena con personajes representativos de la ultraderecha estadounidense; visita al cuartel general de la Agencia Central de Inteligencia (la CIA, por sus siglas en inglés), y la recepción, en la Casa Blanca, por Donald Trump.

Durante la reunión en la Oficina Oval, Bolsonaro obsequió la camiseta con el número 10 de la escuadra verde-amarela -la cual algún día vistiera el mítico Pelé- a Trump. El inefable neoyorquino respondió al halago de su invitado con el siguiente comentario: “El crepúsculo del socialismo ha llegado a nuestro hemisferio, y espero que, por cierto, también haya llegado esa hora del crepúsculo, en nuestro país…Lo último que queremos en los Estados Unidos es el socialismo”.

Por su parte, Bolsonaro casi babeó cuando pronunció el siguiente mensaje: “Tenemos muchas cosas en común con el señor Donald Trump y es para mí un motivo de orgullo y satisfacción. Él quiere un Estados Unidos grande, yo también quiero un Brasil grande. A partir de este momento, Brasil estará más que nunca en contacto con los Estados Unidos”.

Mientras Bolsonaro y Trump intercambiaban piropos ideológicos, a miles de kilómetros de distancia, en Roma, Italia, el enviado especial estadounidense para Venezuela, Elliott Abrams, se reunía con el viceministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Serguéi Ryabkov. El tópico de la conversación giró en torno a Venezuela. El diplomático ruso resumió las pláticas como “difíciles pero abiertas”3.

El escribano concluye: Brasil, bajo la égida de Bolsonaro, se ha realineado geopolítica y geoestratégicamente con los Estados Unidos. Si alguien tiene duda, basta mirar el apoyo estadounidense para que los cariocas ingresen a la OCDE y la modernización de sus fuerzas armadas; Brasil apoyará los intentos estadounidenses por defenestrar a Nicolás Maduro, pero, aparentemente, no está de acuerdo con la opción militar; la solución a la crisis venezolana también pasa por Moscú, pues Vladimir Putin tratará de proteger los intereses económicos y energéticos de Rusia en la nación caribeña; Brasil, no México, es el principal aliado de Donald Trump en América Latina; y, finalmente, México, bajo el gobierno de la 4T, tiene una responsabilidad histórica, no sólo para sus habitantes, sino para todas las fuerzas progresistas en el orbe.

Aide-Mémoire. La masacre en Christchurch, Nueva Zelanda es una muestra palpable de la inspiración perversa que ejerce Donald Trump en los supremacistas blancos.

 

1.- Trumpism comes to Brazil https://bit.ly/2qg5XfV

2.- Brasil não cogita ´em hipótese alguma´permitir que EUA usem território para intervenção Na Venezuela, diz Mourao https://glo.bo/2Y88cSg

3.- Russia ready to continue dialogue on Venezuela with U.S. -senior diplomat https://bit.ly/2TOwD8s

 

 



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Soren de Velasco Galván

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