Opinión

¿Cómo evaluamos a AMLO? / Matices

El humor social es de exigencia hacia el nuevo Gobierno Federal, cada acción, cada discurso, cada nota periodística es producto de niveles altos de discusión pública, sobre todo en redes sociales. Y eso habrá que destacarlo, hay una sensación de mayor interés en los asuntos públicos, explicado quizá, por el nivel tan alto de expectativa que generó la 4T.

Sin embargo, algunos de los argumentos leídos es que es muy pronto para evaluar y otro que hay cientos de incongruencias que nos van a llevar a la catástrofe. Ni tanto que queme al santo ni tanto que lo alumbre, siempre matices. Pero antes de esto sí hay una pregunta legítima: ¿cómo evaluamos entonces a AMLO?

Esta pregunta tiene un fondo muy reflexivo, quizá la respuesta fundamental a ello es la manera en que se ha construido nuestra democracia y nuestras instituciones, porque en el fondo se plantea ¿cómo se evalúa a la clase gobernante? Lo sencillo es decir que la evaluación madre es la urna, para ello entonces habrá que esperar a 2024 para saber cómo sale evaluado el gobierno de AMLO o en 2021 para saber una calificación parcial, pero eso desde luego es una evaluación limitada porque intervienen subjetividades, emociones, campañas de comunicación y algunos otros aspectos que no son una evaluación objetiva.

Entre tanto calificativo, lo que buscamos es una evaluación objetiva que pueda ser tangible y dotada por datos. Otros argumentos limitan a decir que podemos evaluar un gobierno con base en sus indicadores económicos, es buen acercamiento pero no suficiente, los indicadores económicos también son producto de otros factores internacionales o de origen privado que no dependen del presidente en turno.

Las encuestas de evaluación, esas que AMLO domina, son un mecanismo de evaluación pero no resulta suficiente, no sabemos bajo qué criterios objetivos u objetivos el ciudadano evalúe, lo mismo sucede con la percepción en redes sociales. En una democracia deben dominar los mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana para evaluar a un gobierno, claro sin olvidar los demás. Por lo que un indicador de evaluación efectivo debería considerar todos los antes mencionados.

En México no existe una ley de resultados garantizados, una ley que obligue a los funcionarios electos a cumplir sus promesas de campaña. En democracia es fundamental que esto suceda, porque es el mecanismo idóneo para vincular la democracia representativa, participativa, electoral y las instituciones que ejercen el poder. No existe ley pero existe iniciativa y ante el humor social me parece fundamental retomarlo.

Algunos expertos en administración pública podrán refutar este artículo con los indicadores de gestión, útiles por supuesto, en la administración pública, sin embargo, no parece suficiente ante el gobierno con mayor expectativa que yo recuerde. En ese sentido, tener presente, todos los días, las promesas de campaña y el programa de gobierno de AMLO debería ser un ejercicio de conciencia cívica que medios de comunicación y ciudadanos hagamos. Así podremos evaluar si los funcionarios y estructura de gobierno de AMLO cumplen con sus promesas de campaña, porque en estricto sentido, la mayoría tan abrupta conseguida, votó por ese plan.

Así cada declaración debe ser confrontada con ese plan y esas promesas de campaña de manera institucional y vigilada por el poder legislativo, el poder máximo en materia de control del Ejecutivo. Por eso resulta fundamental la independencia de éste respecto del primero, por eso resulta fundamental profesionalizar el servicio legislativo, sin embargo estamos ante una mayoría en el congreso con poca experiencia y altos niveles de chapulinaje, según lo reportado por Tercera Vía.

Tienen razón quienes afirman que es muy pronto para juzgar a un gobierno, no podemos esperar cambios de fondo en pocos meses, pero sí podemos evaluar y criticar contradicciones e incongruencias en relación con las promesas de campaña, plataforma electoral y plan de gobierno. Porque el no cumplimiento de estas refleja el poco espíritu democrático de la clase gobernante y el poco interés por la inteligencia ciudadana y hablaría de una clase gobernante que sólo se preocupa para ganar elecciones y no para fortalecer la democracia y diseñar las mejores políticas públicas.

En ese tenor, lo que prometió AMLO y lo que presentó como su plataforma electoral debe ser su brújula, los anuncios y las políticas públicas su velero, sin embargo no ha sido así, el gobierno de AMLO navega según el viento del día y la coyuntura, navega según los datos diarios y no mediante sus palabras y dichos, así sí podemos evaluar al presidente, incongruencia en sus acciones como presidente. No podemos dejar tampoco que nuestra fobia critique cada paso de las personas del gobierno entrante: a su esposa, a su hijo y el peinado. Debemos ser más sustanciales para aumentar la calidad de nuestra democracia, más sustanciales para que la evaluación sea seria, para que las críticas sean escuchadas y para que el presidente deje de llamar ternurita a su oposición, que con argumentos absurdos y una narrativa sin sustento, le dan la razón al presidente.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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