Opinión

De la libertad de las Islas Marías al Cefereso / Alegorías Cotidianas

En un acto ciento por ciento presidencialista, pudimos observar en los noticiarios el cierre “triunfal” de las Islas Marías, la prisión en medio del Pacífico Sur. El 11 de marzo de 2019 nos sorprendimos con el hecho ya consumado del traslado de los reos de la prisión con muros de agua al Cefereso con muros de concreto, cables de alta seguridad, púas y celdas diminutas.

El Señor presidente estaba extasiado al mostrar el video de su osadía, se le veía radiante pues fue su acto maestro para conmemorar sus primeros cien días en el poder y continuación de su campaña política.

Durante la reproducción del video pude observar a varios de los reos llorar mientras el sacerdote les daba la bendición y les besaba la cabeza, el padre les decía algo, ellos asentían con la cabeza y con resistencia proseguían su camino, entonces recordé un viejo documental de una de las dos grandes televisoras donde algunos de los prisioneros aseguraban no querer volver a la civilización pues habían encontrado su lugar en el mundo y la sociedad al ser recluidos ahí, mientras algunos cohabitaban ya con sus familias en el mismo lugar.

Ese documental lo retrasmitieron la semana pasada, así que como sociedad pudimos tener una perspectiva más humana de ese centro penitenciario.

Quizá usted y yo no hemos vivido la experiencia de estar recluidos por algún delito, sin embargo, por entrevistas con personas que experimentaron en carne propia esa situación, las noticias, etc., sabemos que las prisiones no presentan las mejores condiciones para habitarlas, mucho menos si pensamos en que todo es gris y está cercado, dividido por mallas ciclónicas y sobre todo los construidos para varones, sobresaturados.

Una prisión en una isla es distinta, no hay muros y eso da un mayor sentido de libertad, es como vivir en una aldea con todos los servicios y es más probable, pese al uniforme, el olvidar por ratos la verdadera condición.

A los habitantes de las Islas Marías no les avisaron que serían trasladados a otro reclusorio, no lo hicieron pues quería el Gobierno Federal evitar que algunos enviaran amparos para permanecer en la Isla, la semana pasada, con todo el protocolo y júbilo el Presidente, citando a José Revueltas, dio un discurso como si fuera el héroe de la historia, el que encabezó el rescate de los Robinsons Crusoe al tiempo que existen documentales que argumentan lo contrario.

Robinson Crusoe, así como algunos otros enviados al exilio por circunstancias adversas o políticas vivieron solos en las islas sin mayor compañía que su yo supremo, sin embargo, en las Islas Marías, los expresidiarios de este penal vivían en circunstancia onírica para su condición, llenos de la libertad estructural y de espíritu.

Ahora que los exhabitantes de las Islas Marías pasaron al Cefereso de Coahuila su libertad estructural fue coartada y tendrán que adaptarse a un nuevo sistema penitenciario, así como a una administración que seguramente se rige con otro ideario. ¿Por qué ideario? Simplemente por que el tamaño y la condición de tierra forma otra estructura de administración de y sobre los reos.

Sabemos que el complejo de las Islas Marías estaba muy dañado por los huracanes y el paso del tiempo por lo que se requieren más de 73 millones de pesos darle una buena manita de gato y funcione en su máxima expresión, sin embargo, Don Andrés con su gobierno austero decidió cerrarlo, pues mantener a cada prisionero en la isla tiene un costo de más de un millón de pesos mientras que, apretujado en un Cefereso de Coahuila, sin gastos de logística para la manutención ni de remodelación, resulta más sostenible.

El presidente comentó que “José Revueltas estará feliz donde quiera que se encuentre”, mas olvidó que mi querido Revueltas era un sensible escritor y su visión del mundo era diferente a la perspectiva que el resto de los mexicanos podamos tener.

Como ciudadana, me siento incómoda con el cierre del centro penitenciario de las Islas Marías porque, aunque es relativa la verdadera visión de libertad no es lo mismo estar entre grandes muros que ante la muralla invisible del mar.

Después de ver los documentales, observar a los prisioneros rehusarse a salir de su Cefereso para ir a otro, me queda claro que pese a su situación legal ellos disfrutaban de vivir ahí.

El protagonismo del nuestro Presidente nos lleva a tener a un Robin Hood que salva a quien no está dispuesto a ser rescatado, pese a ello lo engalana con una gran ceremonia donde al final con su “me canso ganso” reitera que lo hizo por sus calzones.

Vivimos con un Presidente no con sentido altruista, sino con uno ególatra disfrazado de necesidad de ser héroe nacional, un gobernante con “sentido plural” por encuesta, quien no anunció a los exhabitantes de las Islas Marías que iban a ser trasladados, haciéndolos perder la oportunidad de interponer un amparo contra la decisión del presidente.

Sí, tenía una condición legal diferente a la de todos nosotros, pero no estaban recluidos en 4 paredes, vivían en un territorio donde no existían fronteras que permitieran sentir el encarcelamiento, y como lo dijo el poeta John Donne “ningún hombre es una isla, entera en sí misma. Cada hombre es una parte del continente, una parte de tierra firme”, por tanto esos hombres sólo vivían en su aislamiento circunstancial, mas no el complejo estado físico de permanecer entre púas y cuatro paredes.

 

Laus Deo

@paulanajber

 



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Paula Nájera

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