Opinión

El periodismo empírico / El banquete de los pordioseros

Hoy viernes 1 de marzo de 2019, David García, uno de los pioneros de la radio cultural -específicamente en el contexto musical y más propiamente en la promoción y  difusión del rock a través de las ondas hertzianas- cumple 7 años de muerto, falleció el 1 de marzo de 2012. Él, junto con algunos que siguen vigentes en este adictivo asunto de la radio cultural como José Reynoso, Juan Manuel Muñoz, el Güero Juárez, entre otros, son algunos de los que iniciaron con esta aventura y la continúan con la misma pasión y la misma convicción que mostraron hace poco más de 40 años cuando se fundó Radio Casa de la Cultura el 12 de octubre de 1973 en la planta alta del primer patio de ese edificio, justamente la Casa de la Cultura, de ahí su nombre, y de pertenecer, evidentemente a esta instancia cultural.

Todas estas personas que mencioné líneas arriba y otros que llegamos después, entre ellos Víctor Meza, Arturo Llamas, Martín Martínez Pineda, Lalo Vatierra, un servidor y otros más que por alguna razón no están vigentes en este momento, lo cual, por supuesto, no quiere decir no que regresen al medio, esto no se deja tan fácilmente, no hemos tenido una formación académica en el contexto de la comunicación en cualquiera de sus diferentes acepciones, al menos esto sucede con la mayoría de  nosotros, salvo honrosas excepciones, sin embargo, todos hemos abordado el compromiso en los medios con una convicción a prueba de balas, el blindaje se logra en función del inevitable encantamiento que producen los medios de comunicación una vez que entras en contacto con ellos.

Todos nosotros nos fuimos formando en la cabina de radio, en el estudio de televisión, en las islas de edición, en la consola de audio, sentados ante el blanco tapiz del monitor de la computadora, incluso en aquellos primeros años sentados con las manos puestas en el teclado de la máquina de escribir con un par de hojas blancas y en medio de ellas un papel pasante para que el operador de audio tuviera su copia a la hora de grabar y editar. Así nos hicimos, sobre la marcha, como a quien avientan a la alberca sin saber nadar y se las tiene que arreglar para salir y créeme, esto no deja de ser apasionante y conserva intacto su elocuente romanticismo, pero con esto no pretendo decir -que no se me malinterprete- que no es necesario estudiar comunicación en la universidad para hacer algo importante en los medios, evidentemente si tienes la sólida formación académica sin duda todo se facilitará, en todo caso, lo que pretendo decir es que aun con la limitante de no haber estudiado medios masivos de comunicación, esto no tiene porqué ser un impedimento para trascender en esta competida y a veces ingrata profesión, pero siempre apasionante, de eso no hay duda.

Evidentemente ahora con los avances en la tecnología estar al día significa tener la posibilidad de hacer mejor nuestro trabajo, claro, esto no aplica solo para la comunicación, sino para toda actividad humana, pero no dejo de recordar aquellos lejanos años 80, cuando yo inicié en esto de la radio, más tarde también haría televisión y ya ves, aquí en La Jornada Aguascalientes en donde me dan la oportunidad de escribir y tener así la posibilidad de ejercer la comunicación desde otra trinchera, y los recuerdos todos esos aquellos años, como dijera el buen George Harrison (All those years ago)  me llenan de nostalgia y me resulta imposible no dejar escapar un suspiro cuando pienso en las grabadoras de carrete abierto, open reel, las cartucheras de los spots, los tornamesas, que aunque han regresado, son estrictamente de uso doméstico, incluso el disco compacto ya resulta obsoleto en el ejercicio radiofónico, los cassettes, en  fin todo aquel instrumental que hoy es pieza de museo. Pero el trabajo, de edición por ejemplo, era lógicamente mucho más romántico, los editores y operadores de audio trabajan de oído, ya sabemos que hoy este tipo de trabajos se hacen con la vista, el espectro de audio en el monitor de la computadora hace que el oído sea algo totalmente prescindible, es incuestionable, se le resta mucha sensibilidad al trabajo, se pierde aquella pasión con la que el operador de audio trabajaba, incluso el de transmisión que tenía que tener todo listo, el fondo musical, las cartucheras, que en el mejor de los casos eran solo dos, para la transmisión de los spots, las cintas de carrete para colocarlas y “espotearlas” en aquellas inmensas grabadoras, el acetato colocado cuidadosamente en la tornamesa y  listo para hacerlo girar, hoy basta con seleccionar la carpeta en la computadora y la vida está prácticamente resuelta, ya no existen más las fonotecas, todos los archivos musicales están almacenados en la computadora y está disponible tanto para transmisión como para grabación, en fin, hoy la radio es más fácil, más práctica, incluso hecha por profesionistas de la comunicación -estaba a punto decir profesionales, pero no, profesionales lo hemos sido todos los que con formación académica en medios o sin ella, hemos desempeñado una labor comprometida ante un micrófono, una cámara de televisión o con una pluma en la mano- en pocas palabras, el ejercicio de la comunicación se ha hecho tan sencillo que si instalas un software en tu laptop puedes editar un programa de radio en tu casa sin necesidad de montar todo un estudio de grabación, todo eso está bien, ¿no? Pero… ¿y el romanticismo de la profesión?

Con este texto quiero recordar a David García en su séptimo aniversario luctuoso y a José Dávila, el Viejito, a quien la UAA habrá de homenajear la próxima semana en el campus norte.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

2 Comments

  1. 01/03/2019 at 07:11 — Responder

    Hola, saludos. Siempre muy agradecido con tus escritos. Solo una pequeña aclaración, Arturo Llamas es egresado de la UAA de Comunicación-Medios masivos.

    • 01/03/2019 at 13:19 — Responder

      Sí, justamente por eso menciono en la columna que salvo honrosas excepciones. Y muchas gracias por tu lectura, lo aprecio mucho.

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