Opinión

La búsqueda de justicia es femenina / Piel curtida

En su rostro aún quedan las huellas de la indignación, pero sobre todo de la acción: de días continuos en compañía de víctimas de violencia, de hacer frente a la incompetencia, la negligencia, la indolencia y la impunidad en los procesos de acceso a la justicia, ella es Mariana Ávila, una joven defensora de derechos humanos que junto con muchas otras compañeras han buscado fortalecer el espacio democrático para visibilizar algunas de las múltiples problemáticas que aquejan a nuestra sociedad y que, hasta hace algunos años, se creían inexistentes en Aguascalientes. Pero no son las únicas y, con motivo del Día Internacional de las Mujeres, es necesario reconocerles su labor que, aunque parte del reconocimiento de la desigualdad entre los sexos, trasciende hacia la construcción de una comunidad más justa y equitativa para todas y todos.

Hace poco tuve la fortuna de presenciar la reposición del proceso de tres defensores indígenas de Tlanixco, quienes junto a otros tres, fueron injustamente criminalizados y sentenciados tras la defensa del derecho al agua en su comunidad. Durante la audiencia en los juzgados en el Estado de México, sus compañeros se hicieron presentes y destacaban las mujeres, siempre alzando la voz por los propios y por los otros que también se llegasen a enfrentar a la violencia, la discriminación, la desigualdad y la injusticia.

Durante la ampliación del antimonumento de Pasta de Conchos en la Ciudad de México eran visibles compañeros mineros de quienes aún se encuentran sepultados en la mina de Coahuila, pero también las mujeres lideran la lucha. El ambiente durante el evento era de melancolía hasta que una mujer de la tercera edad se acercó a la jaula con los cascos que llevaban los nombres de quienes aún se encuentran entre los túneles colapsados y grito: ¡justicia!… ¡justicia!, e hizo que las voces de familiares recobraran fuerza para sumarse al clamor por lo que merecen.

Estos no son escenarios ajenos en nuestro país. Por ejemplo, aunque se estima que cerca del 70% de las personas desaparecidas son hombres, con excepción del Estado de México donde más de la mitad son mujeres, son las mujeres quienes llevan en su gran mayoría las labores de búsqueda, concientización, acompañamiento a otras víctimas supervivientes de desaparición y familiares, así como la confrontación con funcionarios públicos en procesos de investigación, identificación y justicia. ¿Qué les brinda tanta fuerza? Tal vez los cariños, esos que paradójicamente también le hace ser más vulnerables al feminicidio. El cariño, un elemento de la mística femenina que deberíamos apreciar, en vez de vilipendiar al considerarle causa de una inexistente histeria; el mismo que deberíamos resignificar para que puedan reconocer cuando lo romántico puede costar la vida.

Y esto me recuerda a otra chica activista de Aguascalientes, Yadira Briseño, quien a través del arte escénico, Un grito que lo arrase todo, ha encontrado otra vía, además de la legal, para hacer eco de la violencia feminicida, para abrir paso a la verdad sobre los feminicidios de otras mujeres donde, como el de su hermana, el suicidio se presenta como historia de voz masculina para evadir responsabilidades. Y fue, gracias a su incansable determinación, junto al compañerismo femenino, la sororidad, que logró reabrir la carpeta de investigación de Yovanna, marcando un hito y posibilitando que otros más volvieran a ser debidamente procesados.

 

Las mujeres enfrentan los mismos riesgos que los hombres en la defensa de los derechos humanos, como lo señala el informe anual de Michel Forst, Relator Especial de la ONU sobre la situación de los defensores, pero se enfrentan a amenazas diferentes, relacionadas con los estereotipos de género, los cuales rechazan al tomar las posiciones de exigencia en el espacio público, al denunciar sus problemáticas y la violencia a la que lamentablemente se enfrentan en una sociedad sumergida en un sistema de dominación masculina, machista y heterosexual.

En este sentido, no podría dejar de lado a Chuy Tinoco, Susan Keppler y Alicia Cruz, quienes desde la disidencia en la orientación sexual, la identidad sexual y las normas de género, respectivamente, han construido espacios de reflexión, de reconocimiento a los derechos humanos y de creación artística, que han permitido que en Aguascalientes se propicie un caminar, aunque paulatino y ralentizado por la reticencia de grupos conservadores, hacia el respeto y apreciación por la diversidad, un gran reto que permitiría forjar una sociedad más armónica y que posibilite una vida en dignidad y libertad para todas las personas.

En esa lucha, el cuerpo es la última frontera política y, aunque lo derechos sexuales y reproductivos se enfrentan a una gran cruzada en Aguascalientes, Dahlia de la Cerda y Karina Leyva han construido un espacio de libertad y empoderamiento para las mujeres, para que puedan ejercer el poder sobre sus cuerpos, lo cual no sólo ha implicado brindar información, atención y acompañamiento, sino también el luchar contra la criminalización de los cuerpos femenino que niegan someterse a rosarios y deseos machistas.

La lucha por la libertad, la dignidad y la igualdad continúa siendo amarga pero también encuentra otros espacios de florecimiento, llenos de sueños, de proyectos y, por qué no decirlo, de dolores y penas que son transformadas en esperanza para otras personas a través del arte; tal es el caso de Rocío Castro Fernández, quien con la palabra escrita, hablada o pictográfica ha creado en Aguascalientes cientos de proyectos para sensibilizar y dar voz, desde las generaciones más pequeñas hasta las de mayor edad, para reflexionar sobre la trascendencia de ver al otro como un igual, como un ser humano que merece paz, cariño y las oportunidades necesarias para desenvolverse plenamente. Una mujer que con su existencia ha dado fuerza a miles de jóvenes, y no sólo mediante el reconocimiento de la indignación cuando es necesaria, sino principalmente a través del autorreconocimiento como personas con la posibilidad de ser, sentir, crear y transformar.

El Día Internacional de las Mujeres es una fecha conmemorativa, poco posible de festejar ante el incendio en la fábrica de camisas Triangle de Nueva York, donde murieron más de 100 trabajadoras y otros poco más de 20 trabajadores, al haber sido encerradas, lo cual dio origen a una serie de manifestaciones por derechos laborales. Es aún menos posible pensar en algarabía ante la violencia feminicida en nuestro país que ha consolidado un ambiente de terror para las mujeres, donde el salir de sus hogares o el mantenerse en ellos, representa todavía un escenario de alto riesgo para sus vidas frente al machismo, perpetrado tanto por varios hombres como por otras mujeres. Sin embargo, si hemos de buscar un motivo de celebración es que han decidido alzar la voz, olvidar el silencio y muchas de ellas emprender la búsqueda de justicia para ellas y para los demás. Y si, en algún momento, llega el cuestionamiento sobre la forma correcta de nombrar a dicho día, sugiero el avanzar hacia el plural, como muchas académicas y activistas pues, aún frente al común denominador de la violencia y la discriminación generalizadas, es indispensable reconocer su diversidad. En este Día Internacional de las Mujeres si algo hemos de celebrar es la existencia de esas defensoras, quienes han marcado huella en nuestras biografías y comunidades, impulsando un mundo que, aunque aún no hemos dimensionado debidamente, lleva consigo la consigna de la libertad, la dignidad, la igualdad y la justicia.

 

A todas ellas: gracias por ser in-cansables.

 

@m_acevez | montoya.acevez@gmail.com

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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