Opinión

La escuela de los opiliones / Casorio

Primero: dios y diablo están permitidos en esta casa siempre y cuando se adhieran a las reglas como los demás huéspedes. No se permite ningún tipo de proselitismo o persecución religiosa y ellos reconocen estas reglas, por eso abandonan sus poderes en la bodega junto con el saco y las corbatas. En mi mesa tienen prohibido hacer apuestas por el alma de un hombre, planear jueguitos cósmicos o contarse chismes. Si se da el caso de que ambos coincidan y pidan refugio al mismo tiempo, uno tomará la esquina de la sala y el otro la esquina de la cocina. No se les negará bebida o comida alguna, pero se le sugiere a los demás huéspedes que mantengan el contacto con ambas entidades lo mínimo. Por su bien.

Segundo: los libros de mi casa no serán prestados. Todos son guardados celosamente sin importar su valor físico o metafísico. No discriminamos por la calidad de la prosa, la potencia de las metáforas, las capas complicadas en las estructuras narrativas o los dibujitos. Mi casa no es librería, tampoco biblioteca pública, pero te dejaremos leer aquí, puedes irte cuando acabes la novela o puedes regresar el día de mañana. Los humanos que viven aquí no hacemos recomendaciones de libros, no somos booktubers (aunque el perro sí). Si se da la coincidencia de que algún invitado pida prestado un libro, y nosotros accedemos a la petición, entonces considérese el libro en cuestión un regalo.

Tercero: en mi casa no te será negada la comida o la bebida. Como dijo la bisabuela Jinnouchi: “Jamás le des la espalda a tu familia, incluso cuando te hagan daño. No permitas que la vida te supere. Y si no puedes con el peso de la vida, al menos encuentra el tiempo para comer con tu familia. Incluso si los tiempos son duros, especialmente cuando son duros. No faltan las cosas dolorosas en este mundo, pero el hambre y la soledad son las dos peores”.



Cuarto: prohibido hablar con mi perra Nico, el basset hound, de 6:23 a 6:44 de la tarde porque específicamente a esa hora, como relojito, te dará los peores consejos del mundo. Es cierto que su naturaleza de sabueso la ha llevado por algunos caminos increíbles y su sabiduría no tiene límites, pero también la ha convertido en una entidad cruel y curiosa por el destino de los hombres. No nos hacemos responsables de lo que pueda pasar si le prestas una oreja a las horas ya mencionadas.

Quinto: si da la casualidad en que eres invitado a mi casa en los días y horas de festejos impúdicos (pídase invitación al calendario de Google relacionado a esto, pero no es garantía de que será aceptada), prepárate porque lo más probable es que vas a coger. No te prometo, sin embargo, que vayas a coger con los anfitriones de la casa, pero somos refugio para todo tipo de criaturas que también participan en juegos de cuerpo y de fluidos. Respira profundo. No lo pienses demasiado. Déjate llevar. Incluso las cactáceas y las hormigas tienen un tacto placentero si uno olvida sus prejuicios.

Sexto: si alguno de los dispositivos móviles del invitado contiene una de las mil canciones que se incluyen en el documento anexo a las reglas de la casa, el invitado acepta que sea destruido o que se le corte un brazo. Normalmente confiamos en la gente que es invitada, pero algunas veces, por diversión o por ocio, hacemos una revisión.

Séptimo: advertencia: si pisas el mosaico denominado XJ-C72, aceptas que caerás en uno de los laberintos mentales que protegemos en la casa del mundo exterior. Depende del espíritu guardián en turno, este laberinto puede tratarse de una partida de ajedrez o puede ser un mundo pixélico repleto de criaturas infernales las cuáles podrás eliminar con una sonrisa y una escopeta (música de heavy metal incluida). Tu cuerpo estará bajo la protección de la casa mientras terminas la tarea de algún modo u otro.

Octavo: en mi casa las mascotas también son tus anfitriones. Si tienes algún problema o sientes que el mundo te ha robado algo, habla con ellas, permite que se acuesten sobre ti y sanen tu cuerpo. Escucha los latidos de su corazón y percibe la vibración de su cuerpo cuando respiran. Si duermes, el fantasma de un perrito blanco pegará su espalda contra la tuya para desentrañar tus sueños y guardarte de las pesadillas. El basset hound te ayudará a resolver alguno que otro problema trivial. También te compartirán sus pulgas, si las tienen, pero eso obedece a otra máxima de la casa: “unas por otras”. Sláinte.

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Agustin Fest

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