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La ética ambiental requiere de compromiso

  • Víctor Salazar, doctor en filosofía, presentó su libro Una visión pragmática de la ética ambiental
  • El propósito es que se puedan resolver controversias ambientales mediante la ética ambiental

 

 

El 1 de marzo, Víctor Hugo Salazar Ortiz, presidente de Movimiento Ambiental y columnista de La Jornada Aguascalientes, presentó su libro Una visión pragmática de la ética ambiental, proyecto que se ha desarrollado desde el año 2009, cuando lo presentó para ingresar al Posgrado en Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México.



Al ser aceptado en este posgrado, que forma parte del padrón de alta excelencia del Conacyt, la investigación del egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) acerca de la ética ambiental comenzó sin ningún precedente, pues para entonces en México no había casos reales en los que una controversia ambiental fuese discutida por filósofos más allá del discurso.

La ética ambiental es de hecho un concepto relativamente nuevo en la discusión filosófica, al menos para México. Como lo explicó el Salzar, en los orígenes de la filosofía occidental se consideraba que el ser humano era el centro de universo y como tal, era el único ser importante.

Esta visión se extiende durante mucho tiempo pese a los avances científicos y no fue hasta el año de 1970, que el 22 de abril durante la primera celebración del Día Mundial de la Tierra, que se hizo un llamado a los filósofos se plantearan si el ser humano había tenido una conducto inmoral hacia la naturaleza: “Aquello que es amoral es cuando no existe un criterio que justifique el bien o el mal hacia algo, entonces lo mismo ocurría cuando se tumbaba un árbol, cuando se contaminaba un río o un lago, verter humo por las chimeneas, todas estas cosas eran amorales, no había un criterio que valorara la bondad o la maldad del acto, simplemente era algo que se hacía”.

Desde entonces, comenzó a juzgarse el asunto desde términos éticos pues se plantea que los perjudicados por las acciones humanas no solamente son los seres humanos, sino otros seres vivos con los que se comparte el mundo, “que en consecuencia de la avaricia del ser humano y esta arrogancia de controlar y dominar todo, está acabando con la vida en el planeta”.

Es en ese punto donde comienza a surgir propiamente la ética ambiental, cuando se cambió del antropocentrismo al biocentrismo, “que a partir del valor de la vida se juzgue la conducta de las personas, entonces los seres humanos tenemos que aprender a respetar lo que tiene vida”.

Aunque sigue siendo materia pendiente, apuntó Salazar Ortiz, lo cierto es que la concepción de la ética ambiental trajo progreso y significó la modificación de las leyes de todo el mundo y aunque el camino ha sido lento, cada vez hay más conciencia de que el resto de las especies comparten sentimientos de dolor y como con el resto de los humanos, el causar dolor a otras criaturas se ha convertido en un acto inmoral.

No obstante, surgieron otros filósofos que plantearon que no sólo hay que respetar lo que tiene vida, sino que también se debe respetar a aquello que sostiene la vida como los ecosistemas, pensamiento que amplió la visión de la moralidad hacia los seres abióticos como la tierra, el agua, los minerales, el agua o el aire, elementos sin los que no podría existir la vida.

Ahora, explica el filósofo, se entiende de una manera más sencilla que haya actos inmorales hacia la naturaleza, lo cual era impensable hace 50 años, y a mediados de los años 90 apareció una lista de filósofos que decían que la reflexión de la ética ambiental está basada en los criterios llamados valores intrínsecos de las entidades naturales, sin embargo, la dificultad radica en hacer entender a personas como ingenieros o mandatarios qué significa esto.

Con esta problemática ha surgido una alternativa de solución denominada pragmatismo ambiental, que básicamente explica de una manera económica los beneficios de cuidar el entorno: “¿Para qué vas a destruir un manglar que purifica de manera perfecta el agua? En Nueva York se quiso destruir un manglar para instalar una planta tratadora, su mantenimiento va a costar como 100 millones anuales, cuando ahí está el manglar”.

En resumen, esta es la visión pragmática que Salazar Ortiz aborda en su libro, es decir, que a discusión sobre los actos inmorales contra la naturaleza salgan de la teoría a la práctica, que la ética ambiental se integre a los problemas reales: “La ética no es la que tiene que ofrecer las soluciones, más bien lo que promueve la ética es una visión interdisciplinar donde en colaboración con biólogos, con jurídicos, con juristas, con médicos, se hagan análisis prospectivos, que no se queden únicamente en asuntos técnicos”.

Como lo señala Víctor Salazar, es necesario no enfocarse sólo en los beneficios humanos de las acciones que se realizan, sino que se tienen que ver los beneficios de otras especies: “Nos hace falta una visión holista, más amplia de integrar todos los elementos necesarios para el ecosistema, no es sólo modificar la naturaleza para el beneficio humano sino que hay que buscar integrar esto que se llama sustentabilidad, una visión más integral y con ética”.

Carlos Olvera Zurita (COZ): ¿Qué tan lejos estamos de que la gente se pregunte a la hora de realizar cualquier acción cómo afecta al resto de los seres y el ecosistema?

Víctor Hugo Salazar Ortiz (VHSO): Estamos muy lejos, no hay conciencia ambiental. Se habla de la educación ambiental pero no hay como tal una educación ambiental seria, no podemos decir que porque al niño se le enseñe que la llave no gotee y a separar la basura ya estamos haciendo  algo, eso no es nada, tenemos muchísimo trabajo por hacer.

En ese trabajo yo me inclino más por la cuestión de la información que de la educación, porque la educación la entendemos que es para los niños, cuando los adultos tienen que informarse de sus acciones dañinas para la naturaleza pues si seguimos con este ritmo, la humanidad no va a tener los recursos necesario para subsistir, para llevar una vida al menos como la que hemos llevado durante los últimos 50 o 60 años.

COZ: ¿Pero igual valdría la pena educar no?

VHSO: Sí, pero cuesta trabajo, cuando yo empecé mi doctorado en la UNAM no había gente; aún no hay gente especialista en ética ambiental, creo que soy el primer egresado de la UNAM con una tesis doctoral sobre una ética ambiental. Hay personas que sí, ya hicieron tesis, pero en España o en Sudamérica. En México no había y me atrevo casi a decir que todavía no hay porque, por ejemplo, el interés de mi tutor por la ética ambiental era más bien un hobbie, él es más bien especialista en lógica, en pensamiento crítico y demás y por hobbie en cuestiones de ética ambiental.

En México no hay como tal cursos de ética ambiental, no hay posgrados de ética ambiental y es algo que propongo en mi libro, que se tiene que abrir estas áreas de posgrado, en los cursos de ética profesional hay una unidad muy pequeña donde se habla de ética ambiental y me voy a ir al caso más grande de todos, dentro de la filosofía se pone en duda que la ética ambiental sea un pensamiento filosófico, la misma gente de filosofía no cree que la ética ambiental sea una disciplina filosófica, está como relegada, sí hay mucho trabajo que se tiene que hacer y ¿quién lo tiene que hacer? Pues los que estamos preocupados porque se conozca esta disciplina, porque se hagan cosas.

Pero yo tampoco soy de la idea de una educación ambiental, a las personas hay que darles cada vez más información, hay que informarles. Por ejemplo, este domingo publiqué algo relacionado con el calentamiento de los otros que muchas personas acostumbran y tal vez no saben que esto ya no se tiene que hacer.

Por ejemplo, le das la información a los ciudadanos de que por cada libro de combustible se producen tres metros cúbicos de CO2, que luego vemos flotando como una nata sobre Aguascalientes y dejas a su ética si va a modificar sus hábitos y costumbre.

Sin embargo, es muy lento el proceso para que la gente entienda que hace mal con ciertos hábitos y por eso necesitamos en políticas públicas donde sean obligaciones, porque si seguimos apelando a que la persona tenga conciencia del problema cambiará como en la ética ambiental, nos vamos a quedar así. Por eso es que se requiere que si no hay un cambio en los actos con la información, se actúe jurídica y penalmente, solamente así es como puede ocurrir esto más rápido.

COZ: Como usted lo dice, estamos en las últimas posibilidades de dar marcha atrás a las afectaciones ecológicas y me preocupa que haya muchas personas que sigue pensando que el humano es el centro del universo, incluso los universitarios, ¿cómo cambian esos pensamientos tan arraigados incluso entre universitarios?

VHSO: Es complicado, parecería insólito que un universitario crea que es el centro del universo. Esto es producto de la evolución, no es nada más una cuestión ideológica, por supuesto que sí lo es, pero también es de la evolución.

De hecho estamos haciendo un estudio en este momento sobre las creencias de las personas sobre el calentamiento global y hay personas que no creen que exista, mientras que hay quienes dicen que sí existe y a pesar de eso sólo separan la basura o cuidan que no haya goteras.

Por ejemplo, en Movimiento Ambiental de Aguascalientes hemos tratado de invitar a las personas a que tengan un consumo de alimentos más sano, no pensando en la persona sino en el medio ambiente, esto del vegetarianismo y veganismo, pero cuando a la gente le dices que para producir un bistec de 50 gramos se requieren casi 5 mil litros de agua no lo creen. De nada te sirve que no tengas goteras en tu casa si sigues alimentándote con carne y productos de origen animal, entonces necesitamos de cambiar completamente esta visión.

Por eso insisto, en la materia de ética trato de que el alumno se comprometa, que no vea la materia como un diez seguro, porque muchos llegan con la idea de que esa es una materia de relleno y se llevan la sorpresa de que [lo que] les relleno es la cabeza de ideas, que espero luego pongan en práctica, los pongo a leer mucho, les hablo de temas muy agrios y les pongo videos fuertes por ejemplo. Sí, con la intención de espantarlos, pero más que nada con la visión de que tomen conciencia, de que tomen su papel como la élite del país pues la sociedad espera mucho de los universitarios, de cada 100 mexicanos sólo diez logran llegar a la universidad.

La ética no es una materia de la que tengas que solamente aprender ciertos conceptos, la tienes que vivir de manera cotidiana, que lo que tú elijas, estés convencido de que lo vas a ejercer con orgullo, con dignidad y en servicio de la gente que necesita de ti, la ética tiene que ser práctica, si no de nada sirve.

COZ: Habla de casos prácticos, ¿se han resuelto casos mediante la ética ambiental, de estas controversias famosas, como construcción de puentes, urbanización de predios con muchos servicios ambientales?

VHSO: Aquí en México yo no tengo evidencias de que por medio de una evaluación ética se haya cambiado alguna decisión, en otras partes del mundo como Australia, que es precisamente donde se origina el pragmatismo ambiental, y en Estados Unidos, sí ha habido una importante participación de los filósofos para que se tomen decisiones siguiendo criterios éticos, y en México lamentablemente estamos apenas empezando. Aunque ya hay gente en los posgrados haciendo investigación sobre este tema pero apenas estamos empezando.

Por mi parte, estoy también acercándome a las instancias necesarias para que se pueda generar esta discusión, esta evaluación, aunque la ética solamente puede ofrecer puntos de vista, no es resolutiva.

COZ: Yo sé que usted estuvo interesado en el tema del puente de Salida a San Ignacio, ¿cómo se resolvió ese tema? ¿Hubo una discusión ética?

VHSO: Este es un trabajo multidisciplinario, ahí lo que la sociedad no entendió es que las construcciones no fueron caprichos, hay procesos gubernamentales y jurídicos, la persona tiene que solicitar un permiso para cambio de uso de suelo, en caso de que el suelo no esté autorizado. En el caso de Cobos, por ejemplo, se trata de suelo de conservación y llegó una persona que quería construir sólo porque el propietario se lo vendió sin tomar en cuenta por ejemplo el Plan 2040 y sus delimitaciones para uso habitacional, vivienda, industrial o agrícola.

En el caso específico de los puentes, para que la persona pueda hacer esto en esos espacios tiene que existir un cambio de uso de suelo con las instancias correspondientes para avanzar. Por ejemplo, ahora se debe dar a conocer ante la opinión pública que se solicita la construcción de un puente y los ciudadanos tienen hasta ocho días para manifestar si quiere conocer más del proyecto, y ese es un ejercicio que no hacemos los ciudadanos y cuando nos damos cuenta ya están las máquinas.

Es necesario que la sociedad también haga este tipo de trabajo, que se preocupe por ver cuáles son las autorizaciones que se están dando, en el caso de San Ignacio platiqué con algunas personas y les dije que el proyecto ya estaba autorizado, que no se podía para esas alturas detener las máquinas porque se incumpliría con la ley, es decir, estarías fuera de la ley si intentas amarrarte a un árbol o tirarte enfrente de una máquina; ellos ya tenían la autorizaciones, y como sociedad entonces lo que teníamos que hacer era estar mejor informados de estos permisos que se están dando a la industria y a la construcción; hacer algo antes, no cuando se va a empezar la obra.

COZ: Pero ¿cómo va a estar enterada la sociedad cuando las autoridades parece que ocultan la información?

VHSO: Yo creo que estamos cambiando, la sociedad está cambiando, son unas por otras, por ejemplo, se supo que en López Mateos se iban a hacer algunas modificaciones y se hizo todo un escándalo.

Lo cierto es que cuando vamos a algunas asociaciones a revisar las manifestaciones de impacto ambiental, te encuentras que tiene miles de cosas menos manifestación de impacto ambiental, el daño que se va a generar al ambiente está escrito en dos páginas y en las otras 800 te hablan de cosas técnicas como el trascabo que se va a utilizar o el tipo de cemento y a final en esas dos hojas de impacto ambiental te dicen que se colocarán sanitarios y botes para que los trabajadores de la obra separen su basura, ¿ese es su manifiesto de impacto ambiental? Cosas tan absurdas como en Cobos donde decían que iban a capturar todas las criaturas que ahí se encuentran para ponerlas en otro lugar, ni siquiera tienen idea de qué especies habitan en esa zona.

De todos modos ha habido avances, si algo bueno tuvo esta lucha ciudadana que se hizo sobre el puente de San Ignacio es que se pone en precaución a las autoridades, por un lado no ético, pueden ocultar mejor la información y, por un lado ético, pueden platicar más con las personas, plantearles los beneficios de la obra al mismo tiempo que escuchan las propuestas.

Pero la verdad es que en San Ignacio la gente estaba preocupada por el tiempo que durara la obra, por cómo iba salir de su casa, okey, sí, pero creo que no es pensar nada más en ti, tenemos que pensar más holísticamente.

 

The Author

Carlos Olvera Zurita

Carlos Olvera Zurita

Nada, sólo 28 años de vida. Reportero en La Jornada Aguascalientes.

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