Opinión

La falsa muerte de la democracia es responsabilidad de todos / Matices

Estamos ante un momento crítico en la democracia, eso es evidente, la literatura académica y las y los politólogos más importantes del mundo así lo definen, las razones y explicaciones han sido muchas, pero no podemos eludir a nuestras responsabilidades, todos tenemos responsabilidad en esa crisis, aunque la oposición usé a esos libros de pretexto para atacar a AMLO, como dicen, ven la paja en el otro pero no la viga en el propio.

Ernesto Izunza, gran académico y experto en control democrático afirma que ante ese momento crítico de la democracia debemos buscar mecanismos y espacios para volver a vincular la ciudadanía a las instituciones. Y me parece que ese es el centro de las discusiones: la ciudadanía se ha alejado porque es evidente que su agenda no es la agenda de las instituciones, porque cuando participa no es escuchada sino usada para legitimarse y cuando lo hace de manera formal es cada seis años en elecciones y porque las instituciones no han institucionalizado mecanismos de rendición de cuentas, esa idea tan fundamental como las elecciones, en nuestra democracia.

En México nos hemos enfocado en fortalecer la democracia por la vía electoral y lo hemos hecho bien, hoy en día la ciudadanía confía en que su voto se contará y que decide quién gobernará o legislará en los próximos meses, nos tomó alrededor de 25 años consolidar la democracia electoral y podemos afirmar que estamos en buen puerto, aunque desde algunas visiones sobrerregulado, pero la democracia electoral funciona. Esos 25 años hemos dejado de lado la rendición de cuentas, tan importante como las elecciones, al dejarlo de lado hemos provocado que la distancia entre ciudadanía y representantes sea enorme, tan es así, que tenemos que idear adjetivos como la democracia representativa y defenderla para justificar esa distancia. Debemos acortarla por dos razones fundamentales: porque la participación en los asuntos públicos contribuye a la felicidad colectiva, según diversas filosofías políticas, y porque acortar esa distancia contribuye a que la democracia reduzca sus riesgos y tentaciones por convertirse en sistemas autoritarios.

Todos tenemos la responsabilidad política y moral de diseñar e imaginar acciones y mecanismos para reducir esa distancia. Hoy, por ejemplo, la oposición dentro de sus partidos políticos tienen ese reto enorme. Uno de los mejores antídotos a la transformación de la manera de hacer política de una democrática a una autoritaria es que la oposición explote como nunca los mecanismos democráticos, por ejemplo, la ventana y la oportunidad está ahí: los partidos tienen la histórica y probablemente irrepetible oportunidad de recuperar la confianza de la ciudadanía y garantizar la tan anhelada democracia interna de los partidos, ser partidos disruptivos en ese sentido, para que la ciudadanía se reencuentre con ese canal de participación ciudadana que siempre tuvo que haber estado ahí.

Por otra parte, los gobierno municipales y estatales tienen de frente los recursos, talento y la narrativa perfecta para construir mecanismos innovadores de rendición de cuentas, publicar la agenda del alcalde o alcaldesa, diseñar cartas ciudadanos, publicar mecanismos de comparecencias públicas de funcionarios, publicar el razonamiento de las decisiones, generar informes de gobierno innovadores cambiando el paradigma de la rendición de cuentas vertical por uno horizontal.

Desde la sociedad civil y los medios de comunicación hay mucho por hacer, se deben conjuntar esfuerzos para exigir cuentas de manera innovadora, fiscalizar promesas de campaña, fiscalizar informes de gobierno, monitorear los avances de los programas y políticas públicas de los gobiernos, dialogar con las instituciones públicas y acercarse a los lugares donde se toman las decisiones.

Desde los organismos autónomos la labor también es fundamental, se deben crear espacios de pedagogía democrática de manera masiva para que la ciudadanía reflexione y se sensibilice sobre la importancia de la incidencia y participación cuando no son las elecciones, ahí también deben llevarse a cabo esfuerzos innovadores, ejercicios de innovación gubernamental, de gobierno abierto y transparencia.

La academia también debe ser protagonista y generar una narrativa positiva en cuanto a las opciones que pudieran generar todas las instituciones posibles para reducir la distancia entre ciudadanía e instituciones y consolidar la democracia, sin duda, la narrativa actual es negativa en torno a la muerte de la democracia, la academia debe replantearse esa narrativa y pugnar por una que busque la defensa de la democracia, alternativas innovadoras frente al momento crítico de la democracia, la oposición demócrata, y un largo etcétera.

La ciudadanía también debe generar conciencia sobre lo fundamental que es su reflexión, su incidencia y su participación, si todo lo anterior se da, la ciudadanía podría estar ante esta crisis en el centro de las instituciones, de la democracia y de la toma de decisiones. Eso es un ideal democrático.

Hemos caído en una narrativa peligrosa en la que el presidente es todo y es amo y señor de la verdad y dueño de los errores y tragedias nacionales, es momento de caer en cuenta cuál es nuestro papel en la historia y cómo tenemos la responsabilidad, desde nuestra trinchera de reducir distancia entre ciudadanía e instituciones.   

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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