Opinión

Razón de existir / Debate electoral

Uno de los elementos más importantes a analizar dentro del estudio de la materia electoral son los partidos políticos. La ley los considera como entidades de interés público cuyo fin es el de promover la participación de la ciudadanía en la vida democrática, fundamentalmente en la representatividad al integrar los órganos de gobierno. El partido político, durante buena parte de la historia política del país, fue el medio exclusivo que permitió el acceso del ciudadano al ejercicio del poder público, hasta la llegada de las candidaturas independientes, cuyo nombre, precisamente se generó de la idea de que el ciudadano aspirante a un cargo público se despojara de cualquier vínculo con la estructura partidista.

Los partidos políticos entonces, como persona moral, son una ficción jurídica. Lo que vemos del partido es su estructura física, su edificio, y lo que no vemos es la ideología que enarbolan. Pero son los ciudadanos quienes lo integran los que finalmente hacen al partido. De hecho, hemos encontrado cotidianamente adjetivos endilgados a los partidos políticos, que los categorizan, en ocasiones, hasta despectivamente, llamándolos chicos o grandes, por ejemplo.

No está de más decir que cada partido es único, como únicas son las personas que lo integran. Desde su conformación teórica, existen partidos de cuadros, controlados por pequeños grupos de líderes, y de masas, con amplias bases de afiliados; de militantes pertenecientes a una élite, en el mejor sentido del término, e incluso unos desideologizados, pragmáticos en todos sentidos. Todos cumplen su función en tanto permanecen en el tiempo y, algunas veces, en el poder. Por como está diseñado el sistema político, un solo partido puede ser el ganador en la elección de cargos unipersonales, por lo que el resto serán perdedores y por lo tanto opositores al régimen. Sin embargo la continuidad que puede tener un partido, no necesariamente en el poder, puede determinar esa perdurabilidad de la idea que promueve.

En la integración de cargos colegiados, como el poder legislativo o los ayuntamientos de las entidades, conformadas por presidentes municipales, regidores y síndicos en Aguascalientes, el reparto del poder se da, no de manera equilibrada, pero sí proporcional. De hecho, el sistema se reformó en una etapa de la historia política donde existía la hegemonía de un partido, para darle cabida en la toma de decisiones a la oposición, dotando de presencia relevante para sus fines a quienes de manera reiterada participaban en los procesos electorales.

No debe sorprendernos pues, que el partido político luche por el poder. Finalmente para eso han sido creados históricamente. Lo que se busca es que esa contienda se dé dentro de un marco regulatorio proporcionado por la autoridad. El origen del partido, que se remonta a los clubes en que se unían las personas con ideas afines para cuestionar las formas de poder existentes, ya apoyándolas, ya defenestrándolas, terminaron por convertirse en una necesidad de aspiración legítima del gobierno.

Amén de las cuestiones jurídicas de constitución, registro y normatividad interna, los partidos políticos se han convertido en elemento central de la materia electoral, hasta su extinción. De manera sucinta, un partido puede llegar a perder su categoría al no cumplir el fin para el que fue creado: al no participar en un proceso electoral, al no obtener por lo menos el tres por ciento de la votación, por dejar de cumplir los requisitos legales para ser un partido, por incumplir de forma grave o sistemática la normatividad, o por acuerdo de sus miembros.

Hoy toca reflexionar sobre el argumento de si es necesario contar con partidos políticos, y la respuesta es tajante: sí. Es necesario en un momento dado darle formalidad a ese derecho ciudadano de asociación. ¿El número de partidos? Por un defecto en el sistema español, por ejemplo, tras una permisividad excesiva para la creación de partidos, y porque muchos no cumplen con la formalidad de darse de baja, al miércoles pasado, existían más de cinco mil partidos, y en los Estados Unidos, al que casi siempre se referencia como los adalides del bipartidismo (y de la democracia en general) según información obtenida en las redes, existen catorce partidos, con mayor o menor trascendencia.

En nuestro sistema, pues, este modelo perfectible es el que nos funciona atendiendo a nuestra realidad y circunstancia. Finalmente, y ha quedado demostrado nuevamente, tras la determinación del Instituto Nacional Electoral confirmada por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que si un partido político no tiene el suficiente apoyo ciudadano, simplemente dejará de tener razón de existir.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

 

The Author

Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

No Comment

¡Participa!