Opinión

Realismo mágico en Netflix / Café Fausto

En estas fechas hace ya nueve años vivía en el puerto de Cartagena de Indias en medio de un calor húmedo sofocante que solamente era soportable en las placenteras caminatas casi al anochecer por las calles ubicadas dentro de la histórica muralla. En esos recorridos pasaba de vez en cuando por la discreta puerta de la casa del entonces todavía vivo escritor Gabriel García Márquez. Andar por esas calles, con sus balcones, enredaderas de flores rojas y amarillas ya era algo mágico, era auténtico y llano realismo mágico.

Sin duda, ese viento que de pronto llega desde el mar abierto y entra hasta la playa y la ciudad, sí, ese viento que algunos costeños colombianos llaman “la loca” era algo que ayudaba a refrescar esos días que ya eran inevitablemente cálidos.

Con ese viento y en esas calles, alguna vez una vecina del barrio de El Cabrero, donde yo entonces vivía, a no más de cuatro cuadras de la muralla junto al mar, me dijo al encontrarnos camino al monumento de la India Catalina que “Gabo” como cariñosamente le llaman, estaba en Cartagena.

Era curioso, pero cuando iba García Márquez a esa ciudad donde tanto lo querían, el rumor de su llegada corría de boca en boca casi en un instante. El solo aviso de su presencia era ya una escena de realismo mágico.

Y es que finalmente su vida y su obra están íntimamente ligadas a la identidad cultural caribeña, pero sobre todo a su condición de costeño colombiano. Estoy convencido que se puede entender mejor el Caribe de esa región a través de la mirada de “Gabo”. La realidad del Caribe es realismo mágico y por ende, lo que escribe García Márquez, me atrevo a asegurar, es auténtico costumbrismo costeño por toda esa sensación de fantástica realidad, repleta de mitos, leyendas y acontecimientos que serían insospechados en otros lugares del planeta, pero por fortuna en cierta medida parecidos a toda Nuestra América, como la mencionara José Martí.

Me atrevo a expresarlo porque durante los meses en que viví en Colombia becado como poeta, pude recorrer gran parte de la Región Caribe teniendo como hogar temporal a Cartagena para elaborar una antología de poetas locales que luego publiqué con la Universidad de Cartagena y el Gobierno de Guanajuato.

En ese recorrido contrasté los escenarios reales de los sitios donde se desarrollaron algunas de sus obras con los textos del narrador colombiano y pude constatar cómo lograba transformar los lugares en paisajes y a sus personajes mágicos sin perder en cierto sentido la realidad o el realismo de esos lugares.

Así, Cartagena era la misma y otra a la vez con su calle de la Media Luna, Barranquilla con su Barrio Abajo, la finca Macondo con su caserío entre los platanales, las bulliciosas calles de Aracataca, el pueblo de Caño El Oro en la isla Tierra Bomba con las ruinas del leprocomio, Maicao con su desierto en la guajira e incluso la Sierra Nevada y el río Magdalena con el pueblo de Mompox se vuelven irrepetibles y universales en la pluma de García Márquez.

Sin duda, su maestría fue retratar a esa realidad desde la incuestionable magia de lo cotidiano, entregarla en páginas en las que se logra la atmósfera, la textura, los aromas de la costa Caribe de Colombia y volverla una pasión mágica y universal siendo sin duda lo que lo hizo merecedor del Premio Nobel.

Por eso retratar a ese realismo mágico de mujeres que vuelan, pueblos que desaparecen, abuelas desalmadas con sangre de bruja, parejas de amores contrariados y hacerlos creíbles al llevarlos a la pantalla sin volverlo un vulgar espectáculo de efectos especiales, sin perder lo fantástico de ese sabor barroco que nos da el Caribe es un reto difícil, aún para el novelista de Aracataca que además fue un excelente guionista de cine.

Al enterarme que Netflix contempla llevar a su plataforma como serie con varios capítulos a la novela “Cien años de soledad” me hizo recordar algunas de las producciones en que se ha hecho el mismo ejercicio con obras del mismo autor con resultados que van de lo no muy afortunado a lo arriesgado.

Cintas como “Crónica de una muerte anunciada” basada en la novela del mismo nombre y dirigida en 1981 por Francesco Rosi en una producción de Italia, Francia y Colombia es un buen ejemplo del riesgo que hay al intentarlo pues en lo general no logra traernos a los espectadores esa atmósfera increíble de la narrativa del Nobel de Aracataca.

En 1983, basado en el texto “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” fue llevada a la pantalla con el título de “Eréndira” con un guion del mismo García Márquez y la dirección de Ruy Guerra, logrando un limitado resultado a pesar de que hubo un esfuerzo en la ambientación, elección de locaciones y la participación de Irene Papas como la abuela desalmada.

El Maestro argentino Fernando Birri, amigo de García Márquez, llevó a la pantalla el cuento “Un señor muy viejo con unas alas enormes” en 1988 y en 2004 Ruy Guerra dirigió basado en la novela “La mala hora” bajo el título de “O Veneno da Madrugada” logrando una buena aceptación de la crítica.

Luego, el director mexicano Arturo Ripstein adaptó en 1999 para el cine “El coronel no tiene quien le escriba” con algunos aciertos sobre todo en el manejo de los tiempos narrativos, pero que en lo personal no nos llevaba al mágico ambiente costeño que habitan las páginas del escritor.

En Cartagena pude apreciar el estreno de “Del amor y otros demonios” con la dirección de la costarricense Hilda Hidalgo, producida en 2009, quien tiene aciertos como los diálogos en palenquero por los afrodescendientes, la ambientación colonial y la acertada utilización de varias locaciones convincentes con lo que nos muestra la novela del mismo nombre.

En 2007 llegó la controvertida versión fílmica de “El amor en los tiempos del cólera”, dirigida por el británico Mike Newell quien logra excelente ambientación, música que sobrevive a las pretensiones de una producción comercial estadounidense y la insuperable actuación de Javier Bardem como Florentino Ariza, sin embargo los diálogos desarrollados en inglés y no en español a mi consideración desfavoreció al resultado final.

Más recientemente en 2012, con “Memoria de mis putas tristes”, dirigida por el danés Henning Carlsen causó más escándalo por los críticos de moral ultraconservadora, que reconocimiento por lo logrado como nueva pieza fílmica.

Ahora Netflix hará una serie basada en la novela más representativa de Gabriel García Márquez, con sus hijos Rodrigo y Gonzalo García como los productores ejecutivos, tremendo reto les espera. Mientras eso sucede, los invito a leer esta obra de García Márquez desde los ojos de latinoamericanos que amamos esa magia con la que nacemos para que podamos comparar, reconocer y disfrutar mejor este nuevo intento.

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

2 Comments

  1. 09/03/2019 at 23:25 — Responder

    Muchas Felicidades por tan interesante artículo ,es la realidad que García Márquez supo reflejar en toda su obra ese realismo mágico que solo se encuentra en nuestra latinoamérica. Es todo un reto como bien tu decías llevar esa gran obra literaria que es Cien años de soledad al cine , estaremos impacientes por ver como reflejan esos detalles que solo el Gabo nos hacia sentir al leer su literatura. Saludos desde Cuba

  2. Armando
    11/03/2019 at 22:11 — Responder

    Faltan; En este pueblo no hay ladrones (1964), de Alberto Isaac, La viuda de Montiel (1979), de Miguel Littin, María de mi corazón (1979) del paisano Jaime Humberto Hermosillo

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