Opinión

Reírse de… / El peso de las razones

Los enfoques teóricos del humor tienen una larga historia. Las personas estaban interesadas por el humor desde el principio de la historia del pensamiento occidental. Varios filósofos (como Platón, Aristóteles y Hobbes) nos dieron algunas ideas sobre el fenómeno de la risa. Las teorías de superioridad del humor buscaban principalmente las causas psicológicas de la risa y la diversión: para éstas, cuando algo evoca la risa, esto revela la inferioridad de la persona de la que otra se ríe. Una gran cantidad de instancias de humor encajan bien en esta teoría. A menudo nos reímos de las personas. Aquí un chiste sobre los abogados que ejemplifica el punto que señalan las teorías de la superioridad:

 

Cuatro cirujanos estaban tomando un descanso para tomar café y estaban discutiendo sobre su trabajo.

El primero dijo: “Creo que los contadores son los más fáciles de operar. Los abres y todo lo que hay dentro está numerado”.

El segundo dijo: “Creo que los bibliotecarios son los más fáciles de operar. Los abres y todo está en orden alfabético”.

El tercero dijo: “Me gusta operar a los electricistas. Los abres y todo adentro está codificado por colores”.

El cuarto dijo: “Me gusta operar a los abogados. Son desalmados, no tienen espinas, no tienen agallas, y sus cabezas y sus traseros son intercambiables”.

 

Platón pensó que la risa provocada por el humor se dirige a un vicio particular: la inconsciencia. Nos reímos de las personas que no se conocen a sí mismas y piensan que son mejores de lo que realmente son. Es en este sentido que la risa puede entenderse como una forma de abuso. De manera similar, Roger Scruton ve el fenómeno de la risa como un dispositivo para la devaluación del objeto de la risa a los ojos del sujeto. Entonces, para Platón, la risa difícilmente puede tener un lugar en una sociedad bien ordenada: porque socava la cooperación y la tolerancia. Además, cree que la risa anula el autocontrol racional. Su alumno Aristóteles compartió parcialmente esta perspectiva: definió el humor como una forma de abuso y conjeturó que la comedia comenzó como invectiva. Así, para Aristóteles el humor es el reconocimiento de una falla o una pieza de fealdad, como resultado de una comparación implícita entre un estado noble de una persona o cosa y un estado innoble. Pero las teorías de la superioridad también pueden explicar los casos en los que uno se ríe de uno mismo. Thomas Hobbes, el defensor paradigmático de estas teorías, comentó: “La gloria repentina, es la pasión que hace esas muecas llamadas risa; y es causada ya sea por algún acto repentino propio; o por la aprehensión de alguna cosa deformada en otra”. Por lo tanto, cuando nos reímos de nosotros mismos, lo hacemos de manera putativa desde una perspectiva actual de percepción superior que ve y saborea la ridícula falta de atención de la persona que una vez fuimos. Finalmente, Henri Bergson, de manera similar, vio la risa como un correctivo social.

No obstante, las teorías de la superioridad del humor enfrentan desafíos y limitaciones importantes: (a) parece que los sentimientos de superioridad no son una condición necesaria para la risa; (b) parece que el reconocimiento de nuestra superioridad a los demás no es una condición suficiente para la risa (como Francis Hutcheson señaló de manera memorable, nos damos cuenta de que somos superiores a las ostras y no nos reímos de ellas); (c) podemos reírnos de personajes cómicos superiores a nosotros; y (d) muchas veces la fuente de la risa no tiene nada que ver con temas de superioridad e inferioridad. Chistes lingüísticos, por ejemplo fonéticos, son muy difíciles de explicar bajo las teorías de la superioridad. Además, esta teoría del humor se enfrenta a una debilidad central: aunque proporciona una razón genérica que subyace a mucho (si a no todo) el humor, no proporciona un mecanismo del humor, y por lo tanto tampoco proporciona una razón a la razón por la cual nos reímos.

De cualquier forma, las teorías de la superioridad del humor tienen la virtud de cubrir muchos casos humorísticos: aquellos dirigidos, por ejemplo, a la insensatez. Además, pueden señalar que el valor del humor tiene que ver con que la risa es agradable, y el placer que sentimos se obtiene al reconocer nuestra superioridad real sobre el objeto de la risa. Sin embargo, es poco probable que las teorías de la superioridad (y quizá cualquier otra disponible en la actualidad) puedan capturar completamente la naturaleza del humor.

 

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Mario Gensollen

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