Opinión

Tierra fría: oda desencantada de la violencia de género / Cinefilia con derecho

North Country o Tierra fría (2005) es un, valga la redundancia, escalofriante relato de la forma en que en los años ochenta, mujeres que incursionaron en la minería, eran vejadas y violentadas por “invadir” un terreno exclusivo para los hombres. Película sin desperdicio, todos los elementos para que sea un excelente thriller judicial: historia de injusticia, despachos de abogados mamalones, el defensor retirado y fracasado que ayuda a los débiles y por supuesto la vuelta de tuerca al doblegar a uno de los testigos claves, lo que permitirá el acceso a la justicia. La realización corrió a cargo de la directora Niki Caro, quien nos mantiene casi siempre con un nudo en la garganta y al filo de la butaca, retrata inenarrables actos de violencia machista contra las mujeres, así como aquellos que hoy se conocen como micromachismos. Si uno analiza varios planos de la película, y lo contrasta con el contexto de México, se imaginará lo extremo de la violencia de nuestro país, pues si en el vecino del norte vemos, a pesar de todo, casas grandes y ciertas posibilidades de trabajo para una mujer golpeada, en nuestro país esto se agrava si tomamos en cuenta las condiciones de mayor pobreza (hacinamiento y la falta de empleo general) y por supuesto un mayor machismo que en EEUU.

El film plantea una cuestión en relación al acoso, el hostigamiento y el abuso sexual, que es muy común: la fuerza probatoria de las declaraciones, máxime cuando en este tipo de casos, normalmente se dan en lugares solitarios donde no puede haber otros testigos, de hecho, aprovechando su inexistencia. Cobra relevancia en este sentido, el amparo el revisión 3186/2016 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que resolvió que, para darle fuerza a la declaración de la víctima (máxime cuando es el elemento probatorio más importante) se tiene que cumplir con ciertos requisitos: ausencia de incredibilidad subjetiva, verosimilitud del testimonio y persistencia de la incriminación. Esta jurisprudencia analiza, por su parte, como elemento de la defensa, la inequidad procesal existente, al valorar de manera aislada el testimonio de la mujer como elemento rector de la acusación, no obstante, es importante revisar la motivación que llevó al hoy ministro en retiro José Ramón Cosío, a una propuesta, que cabe señalar, fue muy debatida, resultando votada por ligera mayoría, al considerar que las desigualdades históricamente estructurales que han generado las condiciones actuales de desigualdad en que se deben desarrollar las mujeres, sólo pueden ser abatidas desde el foro, juzgando con perspectiva de género.

Juzgar con perspectiva de género implica analizar aquellos obstáculos que la propia sociedad impone a la mujer, por el simple hecho de serlo, revisar las dificultades que impone el simple hecho de denunciar, las implicaciones y estigmas que le acarrearán, en el mejor de los casos sólo eso, si resulta vencedora en la contienda judicial, pero también, toda revictimización y culpas que al final de cuentas se le impondrán, por su forma de vestir, por andar en la calle de noche, por sus antecedentes sexuales, y un largo etcétera que podría resumirse en: por ser mujer. Y es que los estereotipos y la revictimización de la mujer, son muy visibles en la cinta cuando la protagonista va a juicio, lejos de analizar si fue o no acosada, se destaca su pasado, su conducta sexual, cosas que están fuera totalmente de la litis. Vemos también el escarnio social del machismo, incluso las propias mujeres lacerándose a sí mismas, esto que sigue permeando en México, pensemos sólo en los memes de mamá luchona o de las bendiciones, las posturas ultraderechistas del aborto donde siempre se acusa a la mujer de que es la que se debe “cuidar”.

La lucha de las mujeres es fundamental, porque es punta de lanza y abre las puertas de derechos para otras minorías: discapacitados, indígenas, personas LGBT, etcétera. La película, después de hacernos sufrir al borde del asiento, nos lleva a un final feliz. Nos quita ese nudo en la garganta, a menos que reflexionemos que ese caso fue uno entre miles o tal vez millones; que aún hoy en día hay discriminación y acoso sexual, que todavía en México la brecha salarial entre hombres y mujeres es enorme, y entonces caemos en la cuenta de que es necesario continuar con la concientización, de seguir en la lucha por la igualdad no sólo en el mes de marzo.

 

Notas.

  1. Este artículo se basa en el cine debate que encabezó la Dra. Marcela Leticia López Serna en el programa “Martes de derechos humanos: derecho de las mujeres a una vida libre de la violencia” que promueve la Casa de la Cultura Jurídica en Aguascalientes.

rubendiazlopez@hotmail.com | marcelazul@hotmail.com  

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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