Opinión

¿Y la agenda de la 4a. Transformación…?/ Bravuconadas

 

  • Mario Bravo

 

Hoy termina el primer trimestre de este 2019. El nuevo régimen completa, casi a tropezones, sus primeros 115 días al frente de un gobierno que se aseguraba del “cambio verdadero”, ciertamente en estos primeros días, el gobierno encabezado por el morenismo ha sacudido de la parsimonia de la estructura de gobierno, y política, de nuestro país, y nos ha obligado a mirarnos más a nosotros mismos desde una perspectiva nueva, históricamente, con ojos más críticos, aunque las más de la veces mirando, y sí, criticando las acciones del nuevo gobierno.

Cada mañana es, casi poéticamente, un nuevo despertar, de ninguna manera será un día como el anterior; algo diferente, algo nuevo, algo sorprendente nos alumbra la jornada en ciernes. El cambio era ya, efectivamente, necesario, urgente, para remover las telarañas que atravesaban el ánimo y la visión que, en general, teníamos los mexicanos en torno al devenir de nuestra historia inmediata. Sin embargo, el cambio que observamos si bien refresca el ambiente todavía no muestra de manera consistente y clara el rumbo que pretende darle a sus impulsos, a sus esfuerzos. No podemos afirmar con certeza que el régimen sí tiene claro su rumbo, sus objetivos y metas programáticos, pero que no ha sabido comunicarlos eficientemente a la opinión pública, porque este gobierno si en algo es habilidoso es en manejar su comunicación, sobre todo la política, la que cada día nos presume.

Pero ¿a qué nos referimos al afirmar que el régimen lopezobradorista no tiene claro el rumbo de lo que él mismo denomina como la 4a. Transformación?

Como mencionábamos más arriba, el gobierno, prácticamente en todas sus áreas, trabaja a partir de las señales o declaraciones del ciudadano Presidente. No parecen tener preparada una agenda, un plan o un programa técnicamente estructurado, construido a partir de objetivos precisos, con metas claras, ni en salud, ni en educación, ni en desarrollo económico, ni en energía, tampoco en política exterior, ni en nada, todo salta en impulsos aislados, desarticulados. Perdón si insisto en esta afirmación, pero se me hace un asunto grave, de la mayor importancia para el bienestar de nuestro país, pero no lo veo. Queda claro que el único engranaje que funciona perfectamente es aquél que tiene como propósito la consecución de la hegemonía político electoral, y en esa vertiente se han vuelto muy “duchos” los funcionarios y políticos del morenaje del 2018.

Las mayorías morenistas tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, los 17 congresos dominados por esa fuerza política, los titulares de las dependencias federales, todas, llegaron con un chip debidamente instalado, que les permite impulsar todas y cada una de las acciones que estén enfocadas a consolidar la hegemonía guinda en todos los espacios políticos disponibles. Lo demás no importa, puede esperar, el bienestar del país puede aguantar otro poco, definitivamente sobrevivirá, sí ya sobrevivió a casi un siglo de gobiernos emanados de la revolución y los neoliberales, seguro aguanta el período de envión de este nuevo gobierno transformador, que no revolucionario.

Las políticas públicas con la visión propia del morenismo a la fecha no han aparecido, lo único que han compartido los nuevos dueños de la historia pública de este país, es un discurso repelente a la crítica, asentado en la crítica del pasado reciente, que explica de manera sucinta que sí el nuevo gobierno no ha logrado cumplir sus promesas de campaña, se debe a la desastroso de la situación que el “neoliberalismo” dejó como herencia maldita al México que nació a partir del 1 de julio de 2018.

La corrupción generalizada, las “mal llamadas” reformas estructurales, la pobreza, son con razón causas de la imposibilidad de la efectividad inmediata de las nuevas ideas y buenas intenciones del nuevo régimen. “Es imposible cambiar en 100 días lo que se destruyó en 90 años”. Y sí, tienen razón al afirmar lo anterior, pero ¿no lo calcularon?, ¿no lo sabían?, ¿de verdad los sorprendió? No, pero estaban en campaña, y dijeron lo que el ánimo de la ciudadanía, de la población, quería, necesitaba, escuchar.

Ahora, fuera de la esfera político electoral, que dominan con soltura, y hasta haciendo malabares (véase el caso de la definición de la candidatura a la alcaldía de Aguascalientes), el resto de la agenda de la 4a. Transformación, no existe. Sí, así de categórico lo afirmo. El régimen avanza en su gestión improvisando, mediante impulsos de la voluntad de un solo hombre. Día a día se hace pública una contradicción entre la oferta de campaña y la oferta del gobierno. Poco a poco se ha desdibujado aquella máxima de “primero los pobres”; queda claro qué en materia de seguridad, no han logrado hilvanar una estrategia efectiva, lo dicen las casi 10 mil muertes por hechos de violencia a lo largo y ancho del país. En salud, no sabe qué hacer con la proporción del servicio de manera universal, está hecho un lío con el Seguro Popular, con la prueba del Tamiz a neonatos “hasta nuevo aviso”.

Nuestras relaciones exteriores están arrinconando al gobierno, la agresiva y majadera política exterior norteamericana, no se atiende con “consultas” de: “…levante la mano”, ni es serio, ni es responsable, a lo más es preocupante la ausencia de una propuesta estratégica de ese enorme reto que es la migración centroamericana y la propia, hacia el vecino del norte, sobre todo con el gobierno casi esquizofrénico de Trump.

En resumen, es vital que la 4a. Transformación construya una agenda que estructure y organice los esfuerzos nacionales, de todos: los gobiernos en todos sus ámbitos, las instituciones públicas, privadas, sociales, de los partidos políticos, la sociedad en general; así como en todas las áreas del desarrollo, que las engarce, coordine, les dé rumbo y ritmo, concierto. Ésta también es una función irrenunciable de la responsabilidad de gobernar. Urge la agenda de la 4a. Transformación.

 

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