Opinión

1573/ Mareas lejanas

1573, Nueva Galicia. Un día de julio, el mercante indígena Pedro Jiménez se presentaba frente a una Audiencia sorprendida, con una carta del corregidor de Centiquipaque. Aún agotado de su viaje alucinante, en náhuatl, explicó que se divisaron “muchos navíos y se escuchaba decir que eran de turcos o moros”1. Semanas después, una carta de Francisco de Monroy, un español dueño de una estancia, anunciaba a los jueces, mostrados incrédulos, que “toda la villa, mujeres y niños, huían del camino de Autlán porque los moros habían tomado el puerto en el pueblo de la Purificación”2.

Quién sabe cómo un periodista hoy en día hubiera solucionado este misterio que otros testigos calificaron de “burla” y que hoy en día llevaría el nombre de fake news. La presencia onírica de turcos en la costa pacÍfica de la Nueva España, no nos importa al final. Lo que quedaría como asombro hoy en día es saber que una aldea entera de indígenas del México colonial huyó de un fantasma turco o moro, cuya cara desconocida se resumía a lo que se podía escuchar en los sermones de las iglesias: La leyenda negra de un Islam violento, donde los piratas saquean y atacaban a las poblaciones por la espalda.

Este dato olvidado de la memoria colectiva, como suele ser con los eventos históricos que no son necesarios para unificar una nación, es significativo para entender la siguiente dinámica: ¿cómo se crea un perjuicio hacia el otro?, ¿cómo fue posible que en tierra mexicana, causara tanto miedo la supuesta aparición de una amenaza desconocida que, por razones geográficas y sociales, no debería afectar en las actividades del pueblo? Porque la única imagen que podían tener del oriental en aquellos tiempos remotos sólo salía de la boca del hombre europeo.



Aquel problema de comprensión mutua y de ausencia de diálogo cultural sigue vivo de alguna forma, pese a la era global que supone una circulación de personas, saberes sin límites y un nivel de educación cada vez más fuerte a nivel mundial. La explicación a esta contradicción se encuentra revisando los programas escolares y las bibliografías universitarias. Estudié Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas y casi nunca se estudiaba el conflicto de Siria a través de un autor sirio o árabe. Todos los autores esenciales de esta materia fueron científicos, periodistas y researchers de Francia, Alemania o Estados Unidos que se especializaban sobre estos temas. Muchos resultaron siendo grandes espíritus, sin embargo, faltaron conocimientos directos de la narrativa de los pueblos estudiados, sin intérprete ni filtro, para alcanzar lo que se conoce hoy como una “descolonización del saber”. María del Pilar Quintero en su libro Psicología del colonizado explica el problema de los estímulos sociales “que se repiten con características similares en libros de textos, suplementos, programas de T.V, programas escolares [y que] influirán en forma acentuada en el pensamiento y las reacciones, originando estereotipia en el pensamiento”3.

Adrián Meléndez, fundador de Proyecto Habesha, una ONG que se propuso traer 30 estudiantes sirios a México, me dijo hace poco el mensaje que esta iniciativa de la sociedad civil busca transmitir: “Por fin se van a conocer directamente dos mundos que tienen mucho en común. Así, sin intermediario”. Ojalá esta frase sea el inicio de algo que logre enterrar en el olvido el síndrome generado por los eventos de Nueva Galicia, 1573 dónde la ignorancia hizo que todo un pueblo en México huyera de un enemigo que sólo existía en su imaginación.

 

Notas

  1. El término moro calificaba al musulmán en la Edad Media y bajo la Colonia
  2. “El otro y los estereotipos étnicos en el mundo nahua”, Justyna Olko, 2013
  3. Psicología del colonizado. Front Cover. María del Pilar Quintero. Universidad Los Andes, 1993, Dependency (Psychology). 194 páginas.

 

Hace un año, La Jornada Aguascalientes nos abría un espacio para incluir nuestras ideas a través de una columna semanal denominada “Mareas Lejanas”, como oportunidad de expresar nuestra opinión sobre temas de migraciones y relaciones internacionales. Les agradecemos por mantener vivo este espacio de expresión libre para la sociedad civil. Participando, se construye una sociedad democrática y activa.

 

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José Eduardo Múzquiz Loya

José Eduardo Múzquiz Loya

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