Opinión

Bertolt Brecht / Café Fausto

Sin pudor, reconozco que supe de Bertolt Brecht a mitad de la década de los ochenta gracias a Silvio Rodríguez, quien en su disco Playa Girón (en Cuba titulado Días y flores) incluyó la canción “Sueño con serpientes” en el que inicia con un potente epígrafe de un texto del poeta y dramaturgo alemán.

No pasó mucho tiempo cuando en La Habana descubrí en la emblemática librería La Moderna Poesía, esa que todavía sobrevive muy cerca del bar Floridita, me topé con una extraña edición mexicana de los poemas de Brecht bajo el título de Poesía con una traducción de Olimpia Sigarroa y una selección, versiones y prólogo del destacado poeta cubano Víctor Casaus.

Esa edición realizada por Presencia Latinoamericana en 1983 contiene una selección de su obra poética más representativa, de sus libros Devocionario del hogar (1918- 1926), Un libro de lectura para habitantes de la ciudad (1926- 1933), Canciones-poemas-coros (1918- 1933), Poemas escogidos (1918- 1933), Poemas de Svendborg, Colección de Steffin, Poemas escogidos (1938- 1947), Elegías a Buckow, y Poemas escogidos (1947- 1956).

Nacido en 1898, Eugen Berthold Friedrich Brecht nació en el seno de una familia burguesa en Augsburgo, inició su carrera literaria como poeta y al finalizar la Primera Guerra Mundial escribió su primera obra de teatro por el que lo consideran el más representativo dentro del género épico, aunque también del denominado teatro didáctico. Es sin duda uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX, intelectual comunista y congruente tuvo que escapar de su país al ser perseguido por el gobierno de Adolfo Hitler, huyó a Polonia, luego a Suiza y a Dinamarca.

Fue precisamente en el exilio donde escribió algunas de sus mejores obras de teatro como El círculo caucásico de tiza y La vida de Galilei, aunque sin duda muchos consideran a La ópera de los tres centavos como su obra maestra.

Brecht intentó entrar a la industria del cine sin lograrlo, luego volvió a la República Democrática Alemana después de la Segunda Guerra Mundial donde siguió desarrollando su carrera como dramaturgo y poeta, falleciendo en Berlín en 1956.

Al teatro de Brecht lo conocí de cerca hasta 1997 al ver una función de Berliner Ensamble, la compañía de teatro que fundó en su país natal con la también reconocida obra El resistible ascenso de Arturo Ui en el Teatro Juárez de Guanajuato, dentro del Programa General del XXV Festival Internacional Cervantino cuando cubría ese festival como corresponsal de un diario nacional. Ver esa puesta en escena bajo la dirección de Stephen Suschke, con una puesta en escena del entonces recientemente fallecido Heiner Müller fue un privilegio, honestamente no recuerdo lo que entonces escribí al respecto, pero queda en mi memoria la espléndida actuación de Martin Wuttke en el papel de Arturo Ui plena de intensidad, fuerza dramática y expresiva.

En esa obra Brecht hace una feroz crítica con un ácido y efectivo sentido del humor sobre el ascenso al poder en Alemania del líder de extrema derecha Adolfo Hitler comparándolo con un gánster estadounidense como Al Capone, una acertada comparación de lo que representa la voracidad y violencia de la extrema derecha en el poder.

Por lecturas necesarias en mis clases del doctorado, apenas hace un par de días leí de manera apresurada precisamente el texto de El resistible ascenso de Arturo Ui en una traducción de Camilo José Cela que fue la versión montada en el Teatro de la Plaza en Madrid en 1975, un acto heroico por realizarlo en el mismo año del final del régimen de extrema derecha de Francisco Franco en España. La traducción es increíble, recomiendo su lectura.

Al leer el texto, al recordar al Brecht poeta y dramaturgo que tenía clara la utilidad del arte para la divulgación de las ideas políticas y el compromiso social, pienso en la coyuntura histórica que vivimos y en el necesario impulso del teatro como una herramienta de comunicación y diálogo de nuestra sociedad, de la necesidad de impulsar al teatro como un eficiente formador de conciencias en este proceso colectivo de transformación social y político que ahora vivimos en México.

Desde el arte, desde las diferentes disciplinas y en este caso desde el teatro, se pueden decir muchas cosas, se puede informar, concientizar a la colectividad, podemos iniciar un gran diálogo directo para encaminar a buen puerto este impulso transformador apenas iniciado. A diferencia de los medios masivos, el arte nos da la posibilidad de una mayor reflexión al tiempo que tenemos contacto directo con el público desde el arte.

Muchas personas dirán que eso está “pasado de moda” y que eso no es arte por difundir una propuesta ideológica, pero están equivocados, pues nada más actual que aquello que ahora urge y se necesita para curar y recomponer al tejido social a través del arte, de recuperar a nuestra República desde un modelo más humano.

Considero que toda acción desde el arte o dentro de una obra artística  incluye explícita o implícitamente una propuesta ideológica, pues en una obra de arte y en nuestra conducta cotidiana defendemos y justificamos una ideología y una forma de vida. La diferencia entre negar esa realidad o hacerlo conscientemente es que al menos al realizar una obra con estas características se elabora con pleno conocimiento de lo que se va a transmitir al público en términos ideológicos y ayudar en este caso a mejorar a nuestro entorno con las obras que llevemos a nuestro público o a nuestros lectores.

No hablo de hacer un viraje absoluto en la orientación de nuestra creación artística, sino de dar un aporte mínimo y consciente a este momento de transformación que ahora vivimos. El arte no es solamente belleza, es información y nos sobre todo es una demostración de nuestra manera de pensar.

Dedicar un poco de lo creado al arte con compromiso social no nos desmerece y al contrario contribuimos a dejar en mejores condiciones la sociedad en que vivimos al elevar el nivel del debate y ampliarlo a las colonias y al campo.

Es buen momento de abrir ese tema a discusión entre los creadores artísticos de nuestra región, darle mayor utilidad a nuestra creación artística, sugiero que ese es nuestro nuevo reto.

Refill: Eso de viajar es enriquecedor, aunque a veces nos prive de realizar nuestras actividades cotidianas, por esa razón no pude escribir la columna en fechas recientes, ofrezco una disculpa.

 



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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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