Opinión

Bravuconadas La cuarta transformación, entre el entusiasmo y la prudencia

  • Mañana, el envión de la cuarta transformación, cumplirá ya sus primeros 150 días a cargo del poder público en nuestro México.

Es posible afirmar que, ese primer esfuerzo, sí lo podemos llamar así, ha sido marcado por un sentido entusiasmo por parte prácticamente de todos los integrantes del cuerpo que realizó el morenaje desde el 1 de septiembre del 2018. Desde que asumieron el control del Poder Legislativo, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, y más tarde, en 1 de diciembre con la juramentación de López Obrador como titular del Poder Ejecutivo de México por los siguientes seis años, y los que se puedan acumular.

En alguna medida podemos afirmar, por lo que pudimos apreciar de la actitud política del nuevo régimen, que la gran legitimidad alcanzada con su triunfo electoral, le permitían contar con una fuerza increíble para impulsar efectivamente la transformación del país, la   cuarta dicen, para cambiar las políticas públicas necesarias para combatir, ahora sí, efectivamente, la corrupción que sistemáticamente a corroído a nuestras instituciones y la sociedad.

Asimismo, ese gran poder de representación, podía alcanzar para cumplir con la revisión integral de las reformas estructurales aprobadas el sexenio anterior, bajo un diferente escenario político, que obligaron a consensar las mismas con el concurso de otras fuerzas políticas, con otras visiones de nación, vamos, con otras opiniones. Ahora, en los hechos, la fuerza y representación morenita y sus aliados, bastan por sí mismos para cambiar la esencia y el sentido de esas reformas, la educativa, la laboral, la energética, entre otras, y así está sucediendo.

Paralelamente, en este período de envión, hemos sido testigos de una serie de la toma de entusiastas decisiones que, sin temor a equivocarnos, marcaran el rumbo y el futuro de México. Desde antes del 1 de diciembre, tras una “consulta” popular, se decidió cancelar de manera definitiva la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, sin importar las voces calificadas y ciudadanas, internas y externas que abogaban por una reconsideración al respecto. Y de ahí para acá, con base en el sentido de embelesamiento que le regalaron al morenismo los ya famosos 30 millones, una tras otra, hemos sido testigos de decisiones poco reflexionadas y en muchos casos, justificadas por acusaciones basadas en corruptelas casi tomadas de oídas de entre su propia experiencia empírica de los simpatizantes ansiosos de mostrar “lealtad” a la nueva clase en el poder. Así, programas con un claro sentido social como el de las estancias infantiles, fue cancelado sin más. Y casi 300 mil menores de una cantidad similar de entre madres y padres trabajadores, se vieron afectados negativamente en su calidad de vida, prácticamente en todos sentidos. También fueron objeto de cancelación programas asistenciales como los comedores populares, igualmente tocados por la acusación incógnita de corrupción.

En este corto tiempo de diciembre a abril, el nuevo gobierno, traspuesto de emoción, de entusiasmo pues, fue armando su estructura en el seno de la administración pública federal, sin atender, ya no digamos la norma o los procedimientos, sino el mero sentido común, y fue llenando los espacios con gente “leal”, “comprometida”, y así tenemos a un director general de Pemex, sin el perfil adecuado para dirigir una empresa global y de ahí para abajo. Así nos encontramos en febrero con la famosa lucha contra el huachicoleo, que ciertamente afectaba el patrimonio nacional a través del robo de combustibles, pero que en su improvisación dejó a una región del país sin el abasto suficiente de gasolinas durante un par de meses.

Con ese mismo entusiasmo, casi inspirado por la infabilidad de lo divino, se tomaron decisiones como la construcción del “Tren Maya” en el sureste mexicano, la refinería de “Dos Bocas” en Tabasco la tierra del ciudadano presidente, sin atender lo que las leyes establecen al respecto. Entrados en gastos, se autoriza a la de ya, la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, aunque, siguiendo su costumbre de no hacer las cosas como se debe sino con base en el frenesí, se encontraron un cerro, de Paula creo que se llama, y zaz, 8 mil millones de pesos más a un proyecto que aún no empieza.

Junto a todo lo anterior, la inseguridad sigue rampante. Estadísticamente, ya tenemos el más violento y sangriento inicio de administración federal de varios sexenios. Recuérdese el fresquísimo Minatitlán, y el jefe del proyecto de la 4aT, sólo le da por pelearse con los que él considera sus enemigos, que no son sólo sus enemigos, sino de la Patria, que también es él, aunque hábilmente evita ponerles nombre y apellido, porque él puro paz y amor;  y despotrica contra los conservadores, contra la prensa fifí, a la que advierte de “portarse bien o ya ven lo que les pasa”, recordando su dura experiencia con el periodista Jorge Ramos, y su personal pleito contra el diario Reforma, a cuyo director el morenismo de Fuente Ovejuna, ya puso en la mira; vamos, y en sentido llano, cada mañana, machaconamente, pone a los mexicanos contra los mexicanos.

Y así podríamos seguir: que la Guardia Nacional, que la nueva reforma laboral, que la educativa, a propósito hecha a la medida de los socios de la 4aT la CNTE y el agravio a la Constitución, los nombramientos de los órganos autónomos, de la Corte, ufff… en fin… Cada iniciativa marcada por la borrachera del entusiasmo, la prisa de cambiar las leyes, las instituciones, aunque no se tenga aún ni siquiera la idea de con qué las van a sustituir.

A casi 150 días, ha habido un ausente en el escenarios nacional, en las prácticas del nuevo régimen: la prudencia, la inteligencia para la acción, para las decisiones trascendentales que requiere México. Reflexión, apego a la legalidad, a la Constitución, a los mexicanos todos. Es probable que la prudencia en una de esas sea también acusada de conservadora o fifí.

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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