Opinión

Escondido, California / Mareas Lejanas

El pasado lunes 25 de marzo a las 3 de la mañana el vecindario se despertó con el sonido de camiones de bomberos. La gente salió para descubrir que la mezquita de una pequeña y tranquila ciudad del sur de California había sido objeto de un intento de incendio provocado. Además, él o los responsables dejaron un grafiti que hacía referencia a ataque terrorista de hace unos días en Christchurch, Nueva Zelanda, donde 50 creyentes fueron brutalmente masacrados por un nacionalista blanco en dos mezquitas. Dado que Escondido está a 70 kilómetros de mi casa y tengo la posibilidad de cruzar la frontera, decidí darme una vuelta.

Escondido es una pequeñísima ciudad al norte de San Diego con apenas 150,000 personas. Perfectamente cuadriculada, se encuentra al lado de la carretera Interestatal 15. La mezquita de Dar-Ul-Arqam es un edificio modesto, de fachada beige y unas escaleras de ladrillo con barandales negros a los lados y al centro. En Google Maps lo encontré como Islamic Center of Escondido. Está en una pequeña calle en una modesta y tranquila zona residencial. Llegando di una vuelta al vecindario. Encontré un letrero que decía, en inglés, árabe y español “El odio no tiene lugar aquí”. Había casas de empeño, segundas (incluyendo una llamada “Mi Segundita Thrift Shop”) y un par de talleres mecánicos.

Al pasar por atrás de la mezquita pude comprobar que el grafiti había sido cubierto, pues no había rastro de su existencia. También vi que había alguien en el estacionamiento. Al entrar lo salude con un “Salam Aliekum”, lo que lo puso de buen humor. Me respondió con un alegre “Aliekum Salam”. Abdala estaba cuidando afuera, en una silla blanca de plástico. Era un afroamericano con una larga barba y un kufi café sobre la cabeza, que parecía estar rapada. Me presenté como un periodista mexicano para evitar explicaciones más largas y confusas y le dije que había venido de Tijuana para tener una perspectiva directa del asunto, en lugar de repetir lo que decía la cobertura estadounidense.



Me invitó a pasar tras pedirme que me quitara los zapatos y entramos a la mezquita por una puerta lateral a hablar. Era un gran cuarto cuadrado y alfombrado con patrones en amarillo opaco, verde oscuro y café tapete. En una esquina había un mosaico en azul y blanco que hacía una especie de cuña de dos metros coronada con la inscripción del nombre de Dios en árabe. Me habló de cómo las personas que estaban ahí se levantaron en la noche luego de escuchar ruidos y oler el humo. Afortunadamente lograron apagar el fuego. Pude ver que algunos eran personas sin casa a quienes la mezquita les permite entrar a descansar. No saben quién lo hizo, ni cuántos fueron. Jamás les había pasado algo parecido. Cuando pregunté por el grafiti, respondió con un semblante grave: “No comment”.

Hablamos unos veinte minutos. Me habló de cómo la mezquita se había salvado por la voluntad de Allah. “Si Allah hubiera querido, esta mezquita se quema. Pero el creo una barrera por medio de la oración de los creyentes en esa pared. Por eso nuestra respuesta es y será rezar y tener fe. Espero que la persona que hizo esto encuentre la luz. Rezo por él. Rezo por que sea iluminado y se convierta en un musulmán”.

Abdala mencionó que la comunidad se había mostrado agradecida. La prueba eran dos pequeños arreglos florales que estaban en una mesa a un lado de él. “Una última pregunta”: “¿Hay algo que quieras decirles a los mexicanos sobre lo que pasó?”. Después de pensarlo me dijo: “Sí, pero dame un segundo, tengo que decirlo bien. Si no, es mejor no decirlo”. Luego de un rato de silencio, dijo rindiéndose: “Olvídalo, no recuerdo bien”. Me preparaba para pararme cuando me detuvo: “Espera, lo tengo” Con una voz baja pero sólida dijo: “What was made for you, will never have missed you, and what missed you could never have befallen you / Lo que te ha fallado no podría haberte tocado. Y lo que te ha tocado no podría haberte fallado”. Nos despedimos, me miró a los ojos y estrechó mi mano.

Al salir, fui testigo de una muestra de solidaridad de la comunidad cuando una señora blanca de unos 55 años se acercó a expresar su apoyo a los fieles. Escuché el inicio de lo que decía mientras me ponía los zapatos y la esperé afuera de la mezquita para preguntarle que le había dicho. Dorothy, quien primero quiso mantenerse anónima y después me dijo que podía usar su nombre me platicó: “Mi familia tiene más de 100 años en esta zona. Mi padre era de Rusia, mi madre era de México, del Valle de Guadalupe, y vine a decirles que estoy con ellos. Las raíces de esta comunidad vienen desde muy atrás y siempre ha habido diversidad de culturas en estas tierras. Desde el comienzo había muchos pueblos en toda esta gran región. North California, South California, we are all one region, one family.”

Una vecina de la casa que está literalmente a un lado de la mezquita me dijo que su madre había vivido ahí por 74 años y que nunca había sucedido nada similar. Dijo también que los musulmanes eran buenos vecinos, “no hacen ruido, le traen galletas a mi madre que está enferma, son amables, andan en lo suyo, siempre saludan”. Deteniéndose un momento, dijo: “What they did to them, that was just not ok / lo que les hicieron, eso estuvo simplemente mal”. Al preguntarle sobre el grafiti, dijo haberle preguntado al investigador de incendios de la policía. “Sólo me dijo que tenía que ver con lo de Nueva Zelanda. No quise preguntarle más. He was a cop/ Era un policía.”

“Una última pregunta, ¿qué piensa de la cobertura mediática que ha tenido este evento?”. Me respondió: “Bueno, si lo que querían estas personas era ser imitadas, les están ayudando muchísimo”.

Al salir del porche de la señora, me saludaron dos jóvenes con grandes sonrisas que iban entrando al estacionamiento de la mezquita en un auto. “Hey, brother! Good afternoon!/ ¡Hola, hermano! ¡Buenas tardes!”. Los saludé de vuelta, subí a mi carro y me fui. Me quedé pensando que tal vez era mejor no saber que decía el grafiti. Escribir esas palabras de odio en este espacio es amplificar el mensaje, de una forma u otra. Pensé en las narcomantas y en el hecho de que el ataque de Christchurch se transmitió por Facebook Live. Rumié estas cuestiones mientras hice la fila para regresar a México.

jemuzquiz@gmail.com | @joseemuzquiz

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José Eduardo Múzquiz

José Eduardo Múzquiz

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