Opinión

Ganar la elección / Debate electoral

Quizá el punto más fino de la campaña electoral en su conjunto, sea la comunicación que las candidatas y los candidatos puedan lograr con el elector, de tal manera que puedan hacer clic en el momento preciso para permitir la identificación con los ideales que se postulan y con ello lograr que el ciudadano emita su voto, consecuencia única y última.

El concepto que tenemos como tal de la campaña electoral, y la estrategia que se sigue en la misma, no es algo novedoso. De hecho, la primer campaña de la que se tiene registro documentado, se plasmó en un libelo que ha llegado hasta nuestros días bajo el nombre de “Apuntes sobre las elecciones” (Commentariolum petitionis) en el que Quinto Tulio Cicerón aconseja a su hermano Marco Tulio Cicerón, en su periplo hacia el consulado romano en el 63 antes de Cristo.

Son una serie de cartas, dirigidas por el letrado Quinto a su hermano mayor en donde, más allá de si finalmente fueron llevadas a la práctica, o si los dos involucrados en el intercambio epistolar fueron los aludidos, nos permite obtener una idea de que la disputa por un cargo público, sea cual sea el régimen del que hablamos, requiere entre otras cosas de una planeación, una idea central, pero por encima de todo, un mensaje que se quiere emitir a un receptor amorfo, pasivo, hasta cierto punto inerte, al que hay que llamar a la acción para que tome una decisión.



La comunicación política se ha vuelto una rama específica del conocimiento humano, que ya ha empezado a volverse una necesidad en los procesos electorales. Los candidatos y las ideas que postulan se han vuelto un “producto” que hay que “vender” por ponerlo en términos para todos conocidos. Por ello la investigación del mercado hará que se genere un plan de campaña, entre político, jurídico y mercadológico, que permita la definición de las actividades que, en su conjunto, definirán la campaña: mítines, entrevistas con diversos actores políticos, entrevistas con ciudadanía previamente determinada en visitas que se hagan casa por casa, spots en radio y televisión, redes sociales, etc. La estrategia obedecerá a la forma en que quiera ser percibido el candidato.

De ahí la importancia que tienen los debates electorales, tanto para la autoridad electoral, como para la ciudadanía en general. Es el momento que tendrán las candidatas y los candidatos para la difusión de sus planes de trabajo, en total igualdad de circunstancias, y puedan ser observados por los potenciales votantes, ayudando con ello a la mejor toma de decisión. El reto para la autoridad no es menor, puesto que se trata de construir un escenario en el que todos los que aparezcan lo hagan de tal manera, que cuenten con las mismas condiciones a su alcance para garantizar la imparcialidad.

Pero más allá de eso, las candidatas y los candidatos tienen que realizar una seria preparación acerca de la importancia de dirigirse a una audiencia a la que deberán convencer contrastando ideas. Malamente se ha señalado a tal o cual ganador en el debate atendiendo a una diversidad de factores. Con anterioridad he contado la anécdota del debate presidencial entre un experimentado pero adusto Richard Nixon y un joven aspirante John F. Kennedy, agradable en su imagen, que además fue el primer debate televisado en los Estados Unidos. Cuenta la historia que Nixon prepara su debate sin privilegiar su aspecto físico, y se presenta en el set sin rasurar y con rostro de cansancio, frente a un joven impecable en su vestimenta. Se dice que quienes siguieron el debate por radio, prefirieron los argumentos de Nixon y lo dieron por ganador, mientras que quienes apreciaron el debate por televisión, es decir, además de las ideas, tuvieron frente a sí la imagen del candidato, dieron por ganador a Kennedy.

En la mesa se ha puesto la posibilidad de realizar un debate organizado por el Instituto Estatal Electoral en cada municipio, con difusión en todo el Estado, de tal manera que los residentes no sólo de la capital, escuchen las propuestas directamente de las candidatas y los candidatos que encabezan las planillas que se elegirán. Dependerá de cada candidato y su estrategia la aceptación de su asistencia, pues el ejercicio no es obligatorio legalmente. La intención de la autoridad es la de generar el espacio, para que pueda ser utilizado en el momento en que nos encontramos, que es el de la promoción de las ideas.

Finalmente, en los debates, como en cualquier otra actividad de la campaña, el ganar implicará conectar con el auditorio. Ganar la elección, cosa muy distinta, es lograr ser aquel por el cual voten más ciudadanos el día de la Jornada Electoral. Necesario precisarlo, aunque ello sea una verdad de Perogrullo.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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