Opinión

La importancia de la presunción de inocencia / Disenso

El estado de derecho moderno se basa en un concepto fundamental del cual se desprenden algunas implicaciones capitales para su funcionamiento: la presunción de inocencia. La importancia de esta noción radica en que exista un debido proceso y poner éste en el centro del sistema de justicia acusatorio. Contrario a ciertas intuiciones la inocencia no siempre puede probarse. Esto lo sabemos desde sus propias implicaciones lógicas: no se pueden mostrar las ausencias. Esto sería como pedir que un ateo demuestre la no-existencia de dios: ¿cómo se agotarían las pruebas que demuestren su ausencia?, habría que probar que en ningún rincón del universo visible -y aún de ninguna manera no visible- dios o algo semejante a esa noción habita en el universo conocido y aún en el desconocido. Cuando se enfrenta un proceso legal, ciertamente puede haber posibilidad de que se demuestre no exactamente la inocencia (contra la propia definición corriente) sino que la acusación es falsa: por ejemplo, si la persona acusada tiene lo que se llama “coartada”; es decir, si se le acusa de a)haber estado presente en una escena del crimen y la persona puede demostrar que estuvo en otra parte, a la misma hora, lo que da como consecuencia lógica que a) sea falsa. Lo que resulta en que quien acusa es de hecho quien debe mostrar pruebas de la acusación y someterse a un proceso de evaluación (sea objetivo o subjetivo, por ejemplo ante un fiscal o un jurado).

No son pocas las personas que he visto critican el nuevo sistema penal acusatorio, diciendo que “está del lado del criminal”: por el contrario, está más pensado que nunca en las y los inocentes; para ello requiere que la inocencia, como he dicho, sea una creencia condicionada al proceso (a excepción por supuesto de aquellos delitos en los que puede probarse flagrancia). Incluso en el caso de las confesiones, un buen sistema de justicia sigue partiendo de la presunción de inocencia y deben ser investigadas. Lo hemos visto en películas y en series. ¿Por qué, incluso si el acusado se confiesa debe haber reservas? Imaginemos que un acusado ha aceptado su culpabilidad, y sin embargo a quien investiga la causa le resultan sospechosos algunos aspectos, o la confesión ha tenido en diferentes etapas contradicciones. Supongamos que quien se confiesa estuvo bajo amenaza, coerción, o no tiene la claridad mental necesaria para evaluar la gravedad de su confesión. Entender la importancia de una confesión adecuada nos llevará a acercarnos a la vitalidad de la presunción de inocencia para la sana vida de nuestra justicia: un enfoque simplista podría llevarnos a pensar que lo más importante es tener a alguien que sea “responsable” de la acusación. Encontrar, como suele decirle, “quien pague”. Pero eso no es de ninguna manera correcto, debido a que si la persona acusada (y confesa) es inocente, entonces el propio sistema penal estaría siento parte de una injusticia, y lo más importante, minando su credibilidad posteriormente. Una película que trata excepcionalmente de esto es La Vida de David Gale (2003) del extraordinario director Alan Parker. El sistema de justicia descansa su confianza ciudadana en su credibilidad: los errores harán que veamos con sospecha sus mecanismos. Tenemos pues una razón inicial de legitimación performática.

Está, por otro lado, el asunto pragmático: más allá del riesgo de perder credibilidad, resulta que si el proceso no es adecuado y en el intento de hacer justicia se castiga a una persona inocente, entonces quiere decir que sencillamente la persona culpable sigue libre: la primera forma de garantizar que quien haya tenido un señalamiento acusatorio esté cumpliendo con la justicia es garantizar que sea la misma que cometió el delito. Es común que en momentos de mucha desesperación y sensación de injusticia (como pasó con la autodefensas) se diga que es importante empezar a poner castigos ejemplares o castigar a quienes infringen la ley, y que sí, se “corre el riesgo” de que caigan algunas personas inocentes pero siempre es mejor a que personas culpables queden impunes, el asunto es que esta es una contradicción performativa: si una persona inocente es castigada, se cumple justamente con la premisa de que la persona culpable quede impune. Como se ve, no tiene sentido vulnerar la propia premisa en la forma de la ejecución. Por supuesto que queda argüir sobre la marginalidad: ¿qué pasa si de cada 10 casos, o de cada 100, apenas uno es una acusación falsa? ¿Valdría la pena entonces culpar y castigar con miramientos?



El tercer nivel de la respuesta es ético y mi apuesta es que no: en una sociedad dañada y lastimada, como suelen ser aquellas en donde el clamor del castigo férreo aparece, los castigos a personas inocentes terminan siendo altamente costosos por las razones ya explicadas, pero además, porque dinamitan el núcleo central de nuestra sociedad: la confianza. Toda nuestra sociedad recae en este principio: cuando preguntamos direcciones, cuando hacemos una compraventa, cuando contratamos un servicio, cuando compramos comida, siempre requerimos tener confianza. Es verdad que algo puede salir mal pero el costo en este sentido sería altísimo si partiéramos de la idea de que todas las comidas pueden envenenarnos, o que todos los servicios pueden defraudarnos, o que todas las direcciones nos fueron dadas de manera incorrecta. Aunque parezca contraintuitivo, la confianza es lo que mantiene cohesionada nuestra sociedad. El costo de una persona inocente castigada es altísimo pues vulnera desde la primerísima persona la confianza en la sociedad y el sistema de justicia. Por supuesto que la injusticia es una realidad terrible omnipresente en nuestra sociedad, pero nunca debe de venir por el sistema de justicia o aquellas y aquellos que realmente sueñen con alcanzarla.

 

@alexvzuniga | /aguascalientesplural

 

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

1 Comment

  1. Daniel
    08/04/2019 at 12:11 — Responder

    Interesante y buen artículo. El tema es también de política criminal. ¿Qué es preferible, dejar impune a quien, al parecer, cometió un delito o castigar al inocente? Empíricamente los agentes de las instituciones de procuración de justicia deben responder a esto. Considero que el actual sistema de justicia penal acusatorio, en clave de derechos fundamentales, debe optar porque, en algunos casos, el que cometió el delito no podrá ser declarado culpable. La construcción de la verdad jurídico-penal se enfrenta a retos frente a los cuales no siempre se puede contar con los medios probatorios adecuados, o bien, los servidores públicos encargados de recabarlas y custodiarlas, no saben hacerlo.

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