Opinión

La música inmensa / El banquete de los pordioseros

No soy de los que suelen escuchar música obedeciendo a los tiempos o a ciertas fechas, pero inevitablemente la Semana Santa, como sucede con la Navidad, nos invita a echar un ojo a cierto repertorio específico dentro de la gran música de concierto, esto es independientemente de tus creencias religiosas, incluso si no las tienes, no importa, apreciar la estética de la música está más allá de profesar o no algún credo, tengo amigos que sin ser practicantes de alguna religión disfrutan inmensamente el repertorio sacro de la música académica, esto está, como seguramente diría Friedrich Wilhelm Nietzsche, el dios de los ateos, esto está “más allá del bien y del mal”.

No soy de los que suelen escuchar música obedeciendo a los calendarios, pero recuerdo cuando era niño se estilaba que en cuaresma, más incluso en Semana Santa, era impensable escuchar música, la solemnidad con que se vivían esos días resultaría incomprensible para la distraída sociedad actual, más si se trata de un millennial o la generación del milenio o la generación del smartphone, como sea, pero independientemente de eso, la música sacra tiene un objetivo muy claro que está más allá del disfrute estético y este objetivo es el recogimiento espiritual. Te estaba hablando de mi infancia, me gustaría comentarte que en mi casa dejar de escuchar música no era una opción, y en mi vida actual sigue sin serlo, así que mi papá preparaba un repertorio apto para escucharse en estos días de recogimiento, fue entonces que conocí algunas verdaderas catedrales de la música sacra, algunas obvias referencias al género como las pasiones de Johann Sebastian Bach, la de San Juan y la de San Mateo, también los Stabat Mater, concretamente recuerdo el de Dvorak, música inmensa en todos sentidos, o el de Luigi Boccherini. Por supuesto el Te Deum, creo que mi favorito ha sido siempre el de Anton Bruckner pero no desestimo en nada el de Berlioz o el de Dvorak. Los infaltables requiems con el obvio repaso al de Mozart pero sin dejar de apreciar el de Verdi o el de Gabriel Fauré, sin la menor duda mi favorito de todas las misas de servicio fúnebre.

Recuerdo a mi papá diciéndome en cada concierto navideño al que asistíamos, y créeme que eran muchos, que el Aleluya del oratorio el Mesías de Haendel no era un himno navideño sino de pascua de resurrección, así que inevitablemente me acostumbré a disfrutar, no solo del Aleluya, sino de todo este oratorio en Semana Santa y más concretamente el domingo de resurrección. Recordemos que el Mesías de Georg Friedrich Haendel está dividido en tres partes, la primera es el nacimiento, la segunda parte es la pasión y muerte y concluye con la resurrección, así que sus posibilidades son muy amplias.

Paro para cada día de la semana santa hay música apropiada, por eso no entiendo y me disgusta que algunos sacerdotes permitan el recurso de echar mano de canciones populares con el fin de adaptarlas a la liturgia cuando el repertorio sacro es tan inmenso, incluso inagotable, hasta me voy a permitir el atrevimiento de hacer una afirmación temeraria, ninguna denominación cristiana tiene un acervo sacro en general, musical en lo particular, tan generoso como la Iglesia Católica, siendo así que en su arsenal musical tiene obras de belleza incuestionable y de una cantidad asombrosa que no tendría necesidad de voltear a otros lenguajes musicales que además son inapropiados.

Con el afán de hacer algunas recomendaciones, te comentaba líneas arriba que hay música para cada uno de los días de las Semana Santa, por ejemplo, para el jueves sería recomendable escuchar el oratorio Cristo en el Monte de los Olivos, Op.85 de Ludwig van Beethoven. Para el viernes santo, seguramente el día más solemne de la semana, estaría muy adecuado el oratorio Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, pero la versión para orquesta, solistas y coro mixto de Franz Joseph Haydn, aunque muy recomendable también es al versión para cuarteto de cuerdas, con la característica intimidad de la música de cámara pero sin alejarse de la solemnidad de la ocasión. Además de estas dos versiones, Haydn también hizo una versión orquestal y supervisó otra para piano.

Lógicamente las dos pasiones completas de Bach, la de San Mateo y la de San Juan, son parte del repertorio obligado para esta ocasión.

El sábado santo nos permite acercarnos al Stabat Mater (Estaba de pie la madre) un himno mariano para acompañar a la Virgen en su duelo al pie de la cruz, ya comentamos al inicio de este banquete por lo menos un par de versiones musicalizadas de este imponente canto solemne, pero además de lo ya mencionado, me parece muy recomendable la versión de Arvo Pärt  y siguiendo en el mismo tenor contemporáneo imposible no citar el de Krzysztof Penderecki.

Para el domingo de resurrección está justamente el Oratorio de la Resurrección de Georg Friedrich Haendel y por supuesto la Sinfonía No.2 de Gustav Mahler, la llamada Sinfonía de la resurrección que sin ser propiamente una obra sacra se acomoda muy bien a la solemnidad de ese día.

Todo esto lo menciono teniendo en cuenta la tragedia ocurrida en París con el incendio de la Catedral gótica de Notre Dame, fue ahí que surgió el Ars antiqua y el ars nova, el inicio de la polifonía, una verdadera tragedia para toda la humanidad independientemente del credo religioso o de que incluso no se tenga. Sucedió al inicio de la Semana Santa, lunes 15 de abril, Día Mundial del Arte.  

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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