Opinión

Sé un samaritano y un franciscano ambiental

Este domingo concluye la Semana Santa y con ella un breve periodo de reflexión para todos los creyentes en Cristo. Esta semana sirve tradicionalmente para para hacer un análisis de la conducta humana, lo que significa evaluar cómo nos hemos comportado con nuestros semejantes; no obstante esta reflexión ya no debe quedarse exclusivamente en este ámbito, sino traspasar los límites de lo humano y evaluar cómo nos estamos comportando con el mundo natural, es decir, con nuestro entorno ambiental, qué tanto estamos haciendo para cuidarlo.

En la biblia se narra la historia del buen samaritano (Lucas 10: 25-37). En este pasaje se expone que un experto en la ley se acercó a Jesús para preguntarle qué se necesitaba para ganar la vida eterna, a lo que Jesús le pidió que le dijera “qué estaba escrito” y aquél le respondió que amar a Dios y al prójimo; luego éste le pide a Jesús, con malicia, que le diga “quién es su prójimo” y le responde con una parábola en la que narra cómo un samaritano ayudó a un desconocido cuando lo encontró tirado y herido. Previamente habían pasado por ahí un sacerdote y un levita que sólo desviaron la mirada, fueron omisos ante el prójimo. Este acto de omisión lo ha cometido la humanidad con el prójimo, pero con más dureza y hostilidad con lo próximo, es decir, el medio ambiente natural (plantas, animales, agua, aire, tierra).

Garrett Hardin (1967), en su artículo “Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica”, expresó que la visión del cristianismo fue la responsable de arrancar a la naturaleza su sacralidad y convertirla en algo profano: “En la antigüedad, cada árbol, cada vertiente, cada arroyo, cada montaña tenía su propio genius loci, su espíritu guardián. Estos espíritus eran accesibles a los hombres, pero eran muy diferentes de los hombres; centauros, faunos y sirenas muestran su ambivalencia. Antes que alguien cortara un árbol, explotara una mina o dañara un arroyo, era importante apaciguar al espíritu a cargo de aquella situación particular y había que mantenerlo aplacado. Destruyendo el animismo pagano, el cristianismo hizo posible la explotación de la naturaleza con total indiferencia hacia los sentimientos de los objetos naturales”.

En este artículo Hardin culpa a la visión cristiana de ser ésta, en gran medida, la responsable de la crisis ecológica, no obstante propuso una visión cristiana alternativa a partir del modelo de San Francisco de Asís, quien despojó al hombre de su monarquía sobre la creación y fundó una democracia entre todas las criaturas. Todo el mundo natural deviene en hermano o hermana, ciudadano y ciudadana del mundo.

Tuvieron que pasar casi cinco décadas para que el máximo pontífice de la iglesia reconociera en su encíclica Laudato si, los compromisos que los seres humanos tenemos hacia todas las creaturas del mundo, no sólo con la especie humana. En este documento se invita a cristianos y no cristianos, a tomar conciencia de que el daño manifiesto en los ecosistemas tiene un origen antropogénico y que, por lo tanto, es responsabilidad de los seres humanos reconstruir nuestra casa común, misma que compartimos con millones de especies y que debemos cuidar y proteger por el bien de ellas y el nuestro.

Cabe señalar que esta encíclica se suma a todos los llamados hechos con antelación en las distintas cumbres y programas internacionales sobre Medio Ambiente sostenidas en las últimas décadas. Lo importante de ella es el reconocimiento eclesial de que la solución a los problemas ambientales no tiene un carácter divino, sino completamente humano y que tenemos la obligación moral de resarcir los daños causados, dejar de sentirnos el centro de la creación y ver que sin los demás elementos creados la existencia humana se torna insostenible. Así mismo, se suma a la idea de que la solución tampoco es exclusivamente tecnológica, sino que se requiere del esfuerzo de todos a través de una ecología integral. “La ecología integral es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social”.

Este año 2019, el lunes 22 de abril día de la Tierra, coincide con el fin de la Semana santa, y es una buena ocasión para convertirnos en samaritanos ambientales. Lo invito a que identifique qué espacios naturales o especies animales requieren de su ayuda y hacer algo por ellos. Puede regar uno o varios árboles que necesiten agua, disminuir su consumo de carne pensando en todo el dolor y sufrimiento que hay detrás de la empresa cárnica, levantar la basura que vaya encontrado a su paso, dejar de comprar productos en empaques no biodegradables, disminuir el uso del vehículo, en fin, al medio ambiente natural y a muchas especies animales les urge el apoyo de muchos samaritanos(as) y hermanos(as) franciscanos(as) dispuestos a ayudarlo a sobrevivir y amarlo. Salvar la casa común, es un compromiso ético y moral de todos, dejemos de ser omisos a su dolor, ocasionado por nuestra especie, y hagamos algo por nuestro prójimo más próximo: nuestro planeta, nuestra madre Tierra.

 

vhsalaza@gmail.com

 

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Victor Hugo Salazar Ortiz

Victor Hugo Salazar Ortiz

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