Opinión

Tormentas en el Atlántico Norte/ Mareas Lejanas

Hace 10 días se hizo pública la investigación independiente encargada por el departamento de justicia estadounidense a Robert Mueller -exdirector del FBI- sobre el alcance de la intervención rusa en la pasada elección norteamericana. El reporte es un documento de 448 páginas que me he dado la tarea de comenzar a leer. El texto está pesadamente censurado para proteger técnicas investigativas, la privacidad de algunos individuos e información sobre juicios en curso. Aquí algunas reflexiones al respecto. Los invito a leerlo por ustedes mismos en este link https://www.justice.gov/storage/report.pdf

De esta investigación se especuló mucho sobre dos posibles crímenes cometidos por Trump y sus subordinados: conspirar con los rusos para alterar el resultado de la elección (básicamente traición a la patria) y obstrucción de la justicia en el intento por detener la investigación misma. En cuanto a la primera parte, la intervención rusa no solo fue confirmada, sino que se pudo dimensionar su escala e impacto. Se trató de una operación que los rusos llaman “Medidas Activas” (активные мероприятия).

Con dinero de Yevgeniy Prigozhin, empresario cercano al gobierno ruso, militares rusos establecieron en el 55 de la calle Savushkina de San Petersburgo una pequeña oficina llamada la Internet Research Agency, o IRA. Iniciaron con una mina de bitcoins (ver Wikipedia para referencia) para ayudar a financiar su operación y con el dinero generado compraron computadoras y contrataron a decenas de personas. Los puestos eran de community managers para cientos de páginas de redes sociales que simulaban pertenecer a personas, activistas y organizaciones políticas estadounidenses. Estos empleados eran llamados “especialistas” eufemismo que revela lo secretivo de la operación (por si la mina de bitcoins en medio de San Petersburgo no fuera suficiente).



Las páginas que manejaban los especialistas cubrian todo el espectro político estadounidense y su directiva era aprovechar cualquier oportunidad para atacar a todos los candidatos menos a Trump y a Sanders. Sus posts llegaron a millones de personas. La estrategia era afectar la percepción de los votantes estadounidenses mediante una campaña de redes sociales de dimensiones titánicas que le hablara a cada grupo en su código y en el momento adecuado; menos del 10% de los posts eran de corte político.

Eso en sí mismo, es impactante, y nos habla de los alcances que puede tener la capacidad estatal en nuestros tiempos. Es notable que, gracias a los bitcoins, el costo al contribuyente ruso no debe ser tan alto como operaciones más rústicas y menos efectivas en otras latitudes.

Paralelamente se lanzó desde la misma oficina una campaña de hackeo hacia las páginas de la campaña de, Hillary Clinton, así como las cuentas del partido demócrata y las cuentas personales de empleados de ambas organizaciones. Es notable, sobre todo siendo que el reporte dice que busca evidencia de “coordinación”, que los servidores de la campaña de Clinton fueron atacados por primera vez 5 horas después de que Trump dijo en televisión nacional lo siguiente: “Rusia, si estas escuchando, espero que puedan encontrar los 30,000 correos que están perdidos. Creo que probablemente serán recompensados fuertemente por nuestra prensa”. Dado que es difícil imaginar al gobierno ruso interesado en las recompensas que los medios norteamericanos pudieran darle, es bastante evidente que se trató de un guiño. Si bien los correos que fueron filtrados posteriormente eran de la campaña y no los que Trump pedía, la reciprocidad había comenzado muy claramente.

Algunas de estas filtraciones fueron hechos por medio de la famosa página WikiLeaks. Su fundador, Julian Assange, entró en contacto con cuentas de Twitter desde donde se hacían filtraciones (como DC Leaks y Guccifer 2.0, ambas con base en la IRA de San Petersburgo) para decirles que si filtraban por medio de WikiLeaks su impacto sería mayor. Fue la página de Assange la que liberó dos tandas de correos de Hillary Clinton. La investigación muestra que lo hacían para subir aún más su perfil y recibir otros leaks. Sin embargo, la situación particular de Assange lleva a sospechar.

Es notable que a inicios del mes le fue retirado el asilo político a Assange en la embajada de Ecuador en Londres. Un hacker güero, viejo y barbón sosteniendo un libro crítico sobre los servicios de inteligencia estadounidense fue sacado entre policías, terminando su estancia de 8 años dentro del edificio. Enfrentará a la justicia inglesa y ahora mismo se discute si será extraditado a EE. UU. para ser juzgado por crímenes de espionaje por las actividades de WikiLeaks. ¿Su participación en la intervención rusa en favor de Trump en la elección alcanzará para, (al menos) salvar su vida de una inyección letal? Probablemente no.

Mar de Fondo:

La incertidumbre sobre el Brexit ha ido elevando las tensiones en la isla de Irlanda, que vería surgir una frontera dura entre El Reino de Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Existe un movimiento que busca la unificación entre ambas irlandas, lo que implicaría la independencia de la porción septentrional, perteneciente a Gran Bretaña. El conflicto se había solucionado tras la firma de los Acuerdos del Buen Viernes, que a inicios del mes cumplieron 21 años. En dichos acuerdos, la frontera entre ambos se convertirá en una línea imaginaria, pues ambos tendrían las mismas leyes comerciales y económicas en el marco de la Unión Europea.

Desgraciadamente el Brexit y su complicada ejecución han llevado a que las tensiones se realcen, dado que el famoso No Deal restablecería la frontera dura que llevó al conflicto que duraría casi 40 años. El 18 de abril murió la primera víctima de la actual polarización. La periodista norirlandesa Lyra McKee fue asesinada por unificacioncitas de un tiro en la cabeza. La organización responsable, el New Irish Revolutionary Army declaró que McKee fue asesinada por error, dado que estaba “parada junto al enemigo”. En su funeral estuvieron tanto unificacioncitas como sus contrapartes probritánicas. Esperemos que esa muerte de una inocente junto al río Foyle, así como las recientes tragedias en la cuenca del Coatzacoalcos, no sean en vano y se tenga creatividad política para enfrentar las complejas encrucijadas que las ha hecho acaecer sobre sus víctimas. Y que los culpables sean juzgados.

 

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José Eduardo Múzquiz

José Eduardo Múzquiz

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