Cultura

Verdugos; asesinatos brutales y otras historias secretas de militares | Conversación con la periodista Ana Lilia Pérez

 

  • Cada año 470 miembros del Ejército año ingresan a hospitales siquiátricos

 

Cada año 470 miembros del Ejército son recluidos en instituciones mentales, debido a la presión de ejercer su labor en un país en donde son asesinadas casi noventa personas diarias. La labor del Ejército mexicano en tareas de seguridad se viene discutiendo cada vez más acaloradamente en nuestro país, gracias a la decisión que tomó el presidente Felipe Calderón de sacarlos a las calles para enfrentar a los grupos del narcotráfico en el 2012. El resultado ha sido trágico, como todos sabemos. El nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador decidió que para combatir la inseguridad se debería crear una nueva institución: la Guardia Nacional, pero los resultados aún están por llegar.



La periodista mexicana Ana Lilia Pérez documentó las graves violaciones a los derechos humanos que han perpetrado soldados en activo desde hace varios años en su libro Verdugos: Asesinatos brutales y otras historias secretas de militares, publicados por la editorial Grijalbo. Un libro en el que la autora retoma diferentes géneros periodísticos, como la crónica, la investigación y la entrevista, para generar una investigación sobre los crímenes cometidos por soldados en activo, de los cuáles la mayoría de los mexicanos desconocemos prácticamente todo.

En 2003, soldados mexicanos asesinaron a dos migrantes salvadoreños en un rincón del estado de Coahuila. Prácticamente por diversión. Y ese es el punto de partida del libro Verdugos, que le tomó diez años de investigación. Para la periodista mexicana, autora de libros como Mares de Cocaína (2014), El Cártel negro (2011), Camisas Azules, manos negras (2010), es esencial entender el papel del ejército mexicano, para poder comprender cuál es su papel en la historia reciente de México. Platicamos con la autora sobre Verdugos:

Javier Moro Hernández (JMH): La tesis que manejas en el libro de que el punto de partida para entender la relación de los militares con los civiles se encuentra justo la concepción de los valores militares, resulta muy interesante.

Ana Lilia Pérez (ALP): Creo que no es tan simple explicar hechos como a los soldados torturando a civiles, como se vio en un vídeo grabado en Guerrero, por ejemplo, en donde además nadie se inmuta ante lo que está pasando, como si fuera algo cotidiano, como algo mecánico, lo cual incluso es mucho más preocupante; pero cuando inició la investigación para este libro me encuentro que no es tan sencillo explicar qué pasa, porque de alguna manera los militares parecen víctimas de su educación, entonces creo que para tratar de manera seria este asunto no podemos quedarnos en la superficie y tenemos que ver que está generando este tipo de conductas, y a mí me llevó a evaluar el tipo de modo de la vida militar, no sólo desde el entrenamiento sino el modo cotidiano que se aplica en las instalaciones castrenses.

JMH: Muchos soldados son muy jóvenes cuando entran a formar a las filas del Ejército.

ALP: Quienes entran como militares de carrera, entran prácticamente después de terminar la secundaria, ahí comienzan a hacer pruebas para poder ingresar al Ejército, a los 17 y 18 años, a las personas que yo vi en el centro de adiestramiento Kaibil en Guatemala, son muy jóvenes, son oficiales, subtenientes, capitanes, de veinte años. Entonces yo creo que no todos los seres humanos están capacitados para aguantar ese nivel de presión, que además está mal entendido, hay modelos de entrenamiento que pasa mucho por la presión sicológica y que los propios entrenadores me explicaban que no todos los chicos que presentan las pruebas están capacitados para eso, a pesar de que ya tengan un entrenamiento previo, una vida militar ya hecha, entonces es interesante saber qué provoca este tipo de conductas.

JMH: Mencionas a este grupo de los kaibiles, que es originalmente, era un grupo élite del Ejército de Guatemala, militares muy bien preparados, pero que en realidad la formación de este grupo tiene que ver con una política de represión contra grupos sociales de izquierda implementada por Estados Unidos a través de la Escuela de las América, y que el Kaibil y los Gafes en México son entrenados a partir de esta ideología anti-guerrilla.

ALP: Y cabe la pregunta de hasta dónde llega ese tipo de estructura, algo que nosotros como mexicanos nos tocó ver una de las consecuencias de cómo ese tipo de entrenamiento de élite se puede transformar en un arma de doble filo, y lo vimos con el grupo de Los Zetas, que fueron en sus orígenes miembros de los Gafes, el primer grupo de élite militar formado en México, y que después desertan del Ejército y se reclutan como pistoleros del Cártel del Golfo, algunos desertaron pero otros aún estaban activos cuando se fueron reclutando, algo que yo puntualizo, porque hay que ver cómo es que la autoridad no detectó que sus soldados de su fuerza de élite, es decir, sus mejores soldados, los más preparados, estaban siendo reclutados por el Cártel del Golfo, porque eso no ocurrió de un día para otro.

De hecho, Arturo Guzmán Decena, el llamado Z-1, desertó y empezó a reclutar a sus compañeros de clase de armas y eso no fue de la noche a la mañana. Si el ejército lo hubiera detectado a tiempo, a finales de los años noventa, y se hubiera aplicado la ley, el Cártel del Golfo no hubiera tenido ese poder y simplemente Los Zetas no hubieran existido, la historia sería diferente y el nivel de violencia que se vive en México sería otra.

JMH: Los Zetas fueron el brazo armado del Cártel del Golfo, primero, para después convertirse en un grupo temible justo por su preparación militar.

ALP: Exactamente, y por el tipo de prácticas militares que no sólo ejercen ellos, sino quienes fueron reclutados después por la organización, aun cuando ya no sean militares, sino civiles. La preparación militar los diferenció de los otros grupos armados que estaban al servicio de los cárteles, y fue un parteaguas para que esos sicarios del Cártel del Golfo se convirtieran en una de las organizaciones criminales más poderosas a nivel internacional, con presencia en muchos países y con negocios que les generan millones de ganancias.

JMH: Mencionas los casos de soldados de inteligencia militar que terminaron trabajando para otros cárteles de la droga,  justo cuando Felipe Calderón manda el Ejército a las calles, la contaminación y la corrupción del narcotráfico hacia miembros del Ejército se incrementa, digamos que es su forma de defenderse.

ALP: Aunque hay que decir que eso se daba desde hacía mucho tiempo, hay casos documentados en Sinaloa, la primera tarea que se le asignó al Ejército en su lucha contra el narcotráfico fue precisamente al grupo GAFE, cuando fueron designados a las Procuradurías locales, de manera además encubierta porque no era legal que se diera así. En el caso de Tamaulipas fueron asignados a la delegación de la PGR en el estado, y tenían la misión de identificar cuáles eran los grupos del narcotráfico que trabajaban en el estado, pero además también tenían la misión de hacer trabajos de contrainteligencia para saber quiénes estaban trabajando ahí. Por ejemplo, uno de los militares que fueron asignados a estas labores fue el “Comandante Mateo” o “Z-10”, que cuando fue designado trabajó junto al Regimiento de Caballería del ejército, lo que le permitió además tener un acercamiento con Guzmán Decena, que lo recluta y empieza a trabajar para el Cártel del Golfo, es decir, que el militar que estaba designado para identificar quienes trabajaban con el Cártel, termina siendo identificado por los hombres del Cártel y termina trabajando para ellos, este ejemplo nos da una idea de la infiltración del crimen organizado en la milicia, y el cómo la autoridad no frenó ese tipo de violencia.

JMH: Quería retraerme un poco en el tiempo, para platicar sobre los casos de los militares Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro, que trabajaron durante la década de los setenta en Guerrero y esa presencia militar ha causado víctimas civiles, desapariciones, violaciones a los derechos humanos de la población, el caso de Guerrero es una cuestión en donde la impunidad ha imperado.

ALP: Guerrero es un estado que ha estado militarizado desde los años setenta, cuando inicia la llamada Guerra Sucia en contra de las poblaciones en donde tenía presencia la guerrilla de Lucio Cabañas, yo creo que el que se siga repitiendo ese tipo de actuaciones, el que se siga hablando de graves violaciones a los derechos humanos por parte de militares, de desapariciones forzadas, nos habla de que Guerrero fue una especie de laboratorio para el propio Ejército, y lo sigue siendo en muchos sentidos, pero el que se haya mantenido oculto esos casos, que se han documentado periodísticamente pero no judicialmente, eso es lo que ha generado que continúen ese tipo de prácticas y que se vea como algo común, y lo más grave es que nos hayamos acostumbrado a este tipo de prácticas, algo que además va en contra de la misma institucionalidad de las fuerzas armadas. Creo que el ocultar los casos, vía la impunidad, genera este nivel de violencia y el descrédito que hay en contra de las mismas instituciones de seguridad del país.

JMH: El ejército es una de las instituciones menos transparentes y menos investigadas del país, me imagino que para acceder a la información necesaria para este libro no debió ser fácil.

ALP: Fue un trabajo complicado y que me tomó bastantes años, pero creo que el periodista expone los datos que pueda conseguir, traté de exponer los documentos que están probando toda la información que estoy planteando, lo cual es una tarea complicada, pero creo que este es un trabajo que pude acabar por la persistencia con la que me aboque en la propia investigación, creo que los periodistas debemos aprender a ser pacientes con muchos temas, y creo que este es uno de los temas en los que tuve paciencia para ir paso a paso, creo que es uno de los trabajos más complicados a los que me he enfrentado, precisamente por la secrecía que hay en la información del Ejército.

JMH: Cada año 470 miembros del Ejército año ingresan a hospitales siquiátricos, algo que te habla de una institución que somete a una presión tremenda a sus elementos.

ALP: Creo que el tema está en la falta de atención por parte del Ejército, pero también en el modo discrecional en la que se aplican las reglas al interior del Ejército, las reglas no escritas, porque también hay muchos abusos entre los propios mandos hacia los subordinados, y existe la permisibilidad hacia los mandos de malas prácticas, por ejemplo, el consumo de alcohol y de drogas, que se ha permitido incluso en las horas de servicio de los elementos, y acá pongo el ejemplo de cómo estos militares que al estar tan ebrios se vieron implicados en la muerte de uno de sus compañeros, que es una historia muy sórdida, porque esos mismos militares estaban custodiando el centro de reclusión de Almoloya, que es la cárcel más importante del país. Entonces, creo que hay un punto muy importante, que es justo la falta de atención de lo que le ocurre a los elementos del Ejército, algo que viene desde la cabeza del Ejército, que es el Presidente de la República.

JMH: Son jóvenes que además de sufrir esta presión sicológica que mencionamos, también reciben sueldos sumamente bajos.

ALP: Algo que podemos ver en los casos de militares que se han reclutado con el narco, ellos justifican justo ese reclutamiento como un tema de carácter económico, yo no encuentro ninguna justificación para esto, por supuesto, pero tampoco se puede negar que existe esa posibilidad; por ejemplo, el jefe de la Escuela Kaibil en Guatemala me decía que esa era la principal razón que llevaba a los soldados guatemaltecos a reclutarse con el crimen organizado mexicano, el tema económico, y decía que allá les pagan sueldos muy bajos y que cuando llegaban los reclutadores y les ofrecían ganar mucho más, entonces sí hay un elemento económico que debería revalorarse. ¿Cómo se debe revalorar el papel que juegan las fuerzas armadas en esta sociedad? ¿Cuál es su función dentro de la sociedad? Creo que los ejércitos tienen una función para los países, el problema es cuando ya te encuentras casos de miembros de las fuerzas armadas que actúan en contra de los ciudadanos y en contra de las instituciones de las que forman parte, y que en el caso de los soldados que forman parte de los cuerpos de élite, deberían tener mucho mejores sueldos.

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Javier Moro Hernández

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