Opinión

Acabar con el adultocentrismo: la verdadera 4T / Matices

Según el Inegi, 25% de los mexicanos somos jóvenes, en un rango de edad entre 15 y 29 años, yo ampliaría el rango de edad, pero así lo presenta la institución. Un cuarto de la población en el país. En cuanto a la lista nominal, la cantidad sube casi al 20%, un tercio de la población. El resto son niños, adultos y adultos mayores.

En los discursos políticamente correctos se afirma que los jóvenes son el motor de la sociedad, son el futuro del país, algunos más políticamente correctos afirman que son el presente del país. Sin embargo, la realidad enfrenta algunos obstáculos. En primer lugar, la estigmatización hacia la generación millenial: una pasiva, distraída, poco intelectual, poco ambiciosa, poco trabajadora, sin ideología y sin capacidad de organizarse.

En segundo lugar, la situación laboral es determinante, los sueldos bajos hacia ese sector son de llamar la atención: el presente y futuro del país, recibe sueldos incapaces de movilizarse a tal grado de materializar ese presente y futuro del país. Además de ello existen impedimentos desproporcionales para ocupar algunos cargos, como al menos tener 30 años de edad o 5 años de titulación. Bajo un argumento de que para ciertos puestos la experiencia es fundamental, un joven con 8 o 10 años de experiencia y conocimiento suficiente no podría ocupar un cargo directivo por no cumplir requisitos desproporcionales, a los que diversos tribunales y la misma Suprema Corte ya han calificado como discriminatorios.

La juventud sí puede ser el motor de un país, de una organización, de una institución, de una campaña o de un gobierno siempre y cuando haya condiciones favorables para que así sea: la principal es la condición de escucha, no sólo de la generación mayor sino de los propios jóvenes hacia los mayores, si bien se debe luchar por que sus ideas sean escuchadas también debe procurarse el equilibrio entre la sabiduría de los viejos y el ímpetu de los jóvenes.

Una de las mayores deficiencias de las políticas públicas a favor de los jóvenes es que se diseñan sin escuchar y sin sentir las necesidades de los mismos, quienes con muy pocas alternativas son seducidos por el narcotráfico, las adicciones o el dinero fácil. También eso es porque se ha creado una falsa expectativa sobre la vida, el dinero, las relaciones sentimentales y más. La narrativa del mundo, alejado de la filosofía, ha promovido que la vida debe disfrutarse sin sacrificios, que el dinero no debe costar trabajo conseguirse y que el amor es un asunto secundario, desechable y físico. No creo en ello, pero tampoco tengo la verdad sobre eso.

Algunos y algunas jóvenes que luchan por vencer estigmas y construir un mejor mundo han explorado un significado de la vida, del dinero y del amor más profundo. Por ejemplo, Lionel Messi, uno de los jóvenes que revolucionó el fútbol que jornadas de entrenamiento largas, tratamientos médicos fastidiosos y críticas sin argumentos. Diego Lainez, el jugador mexicano más joven en Europa es criticado por los propios comentaristas mexicanos porque no estaba en edad para ir a Europa, esto es una muestra más del adultocentrismo, todo gira alrededor de la visión de los adultos. Isaac Hernández, el mejor bailarin del mundo, dejó todo para con talento, sacrificio y disciplina dar un sentido a su vida, Malala entendió su rol en el mundo político y social y su voz es respetada a pesar de su edad.

En ese sentido, la lectura pública sobre la juventud es errónea, las promesas de campaña sobre el tema van de la mano de estrategias que tienen que ver con el graffiti, las aplicaciones, los hackers, tipografías bonitas, memes y contenido gracioso. Eso es atractivo para todas las generaciones, mi papá ya comparte memes. Quien siga entendiendo la compleja juventud desde esa visión está condenado a no transformar la lógica de la sociedad.

El papel de la juventud en democracia, por ejemplo, es protagonista y fundamental, no sólo por el momento de votar, sino porque representan un tercio de la población que ha sido ignorado, un tercio de la población que busca espacios frescos para participar, y las instituciones políticas lo han reducido a una dirección de jóvenes dentro de un partido político, que es una estructura vieja. O lo reducen a un Instituto de la Juventud, como si la juventud fuera homogénea, en cambio, en desarrollo social, cultura, gobierno y obras públicas a adultos casi mayores para decidir esas políticas públicas que desde su visión, no tienen que ver con jóvenes. Como si la infraestructura pública no le dieran vida las y los jóvenes, como si la política cultural no fuera aprovechada por las y los jóvenes, como si en los problemas sociales no estuvieran las y los jóvenes.

Poner los jóvenes al centro y terminar con ese adultocentrismo es un problema de la sociedad moderna (y del gobierno actual), entender el rol de la propia juventud también es un reto de las y los jóvenes. No son lo que dicen que están destinados a ser y no son lo que el gobierno y el mundo cree que deben ser.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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