Opinión

Aguascalientes, entre las mañaneras, las elecciones municipales y la onda cálida / Bravuconadas

Desde el 1 de diciembre de 2018, a muchos mexicanos, yo entre ellos, compulsivamente nos ha dado por contar los días del nuevo régimen. Hoy cumple ya 170 días. Desde ese día el morenaje se ha ido adueñando del tiempo, de los recursos, del presupuesto, de las decisiones, del presente, del futuro, de lo bueno y de lo malo de este país. La forma como arribaron se los ha permitido, prácticamente el resultado de julio pasado le dio al morenismo esa posibilidad, ese enorme margen de maniobra que, por supuesto, ese movimiento político y social, ha tomado sin miramientos. Y así nos ha ido.

El morenaje del país no sólo se dio en el Gobierno Federal, sino en el Poder Legislativo federal, diputados y senadores, y más allá, se arribó a gobiernos estatales muy importantes, Ciudad de México, Tabasco, Chiapas y Veracruz, y en otros casos, en congresos locales. En este tenor se encuentran hoy los casos de Puebla y Baja California. En un país democrático, esto no debería representar ningún problema, las alternancias políticas deberían ser vistas con naturalidad y cosa normal, en la lógica del impulso al desarrollo, a la creación de oportunidades de crecimiento, del fortalecimiento del andamiaje institucional de México. Sólo cambiaría el modo, el énfasis, el orden. El subrayado de los temas y los asuntos prioritarios sería conforme a la visión del partido ganador, a la personalidad y al ánimo de los actores políticos emergente, pero habría la tranquilidad del respeto irrestricto a las leyes y las normas vigente, claro, con la expectativa del posible cambio o ajuste de las mismas, lo que le daría al cambio, la plataforma legal y la institucionalidad necesaria para irse desenvolviendo en la vida común de los mexicanos.

Sin embargo, no es así, desde hace esos 170 días, el morenismo se ha ido transformando en un lopezobradorismo nato, sin antifaces, sin el privilegio o la consideración de tomar al menos un par de analgésicos o una discreta copita que nos sirva de excusa o pretexto para asumir ese salto. Lo único que nos anticipa, a veces, unas horas el sentido o la magnitud de las decisiones de López Obrador, sí, presidente de México, son sus famosas mañaneras. Cada día, desde que el día amanece, aparece él y a su característico ritmo y estilo suelta, como deshilando un pequeño tejido, sus decisiones. Por supuesto está consciente del impacto y la reacción que va a provocar en el ánimo de millones de mexicanos, y de los sectores en los que se agrupan esos mismos paisanos. Pero también, están atentos desde afuera del país, los grandes bancos, los poderosos brockers, las calificadoras, vamos, esa compleja red desnacionalizada, global, que está esperando distinguir qué puertas cierra el presidente, y qué puertas abre.

Desde hace 170 días y un aproximado de 100 ruedas de prensa mañaneras, le han representado al país: un aeropuerto (y un cerro), una refinería (o dos), un tren, una lucha contra el huachicoleo, y derivado de ella, el desabasto de gasolina por un largo período en una región importante del país y más de 150 muertos; una guardia nacional, todavía ilegal, luego, casi 10 mil víctimas mortales por esa violencia incontrolada; la condonación de 11 mil millones de pesos de energía eléctrica en Tabasco; el 74% de compras del sector público por asignación directa, y nos podemos seguir, con los pleitos entre el presidente y su gabinete, la cachetadita de Romo, contra las instituciones, el Inegi, por ejemplo. Vamos, los mexicanos, todos, hemos sufrido cada uno de esos contados días, aunque algunos, lo justifican como un acto de fe.

En Aguascalientes, estamos ya a días que se definan los resultados de las elecciones municipales, donde la reconfiguración del espectro político local, puso en la contienda a dos fuerzas con posibilidades reales de aspirar al triunfo. Por un lado, se mantiene el PAN con su candidata Tere Jiménez, como la primera fuerza, esto afirmado por diversos estudios y encuestas de opinión, seguidos por el candidato del morenismo local, quién ha logrado capitalizar a nivel local, las simpatías de López Obrador, aunque ha debido enfrentar internamente la rebelión de los grupos internos de su movimiento político. Las demás fuerzas políticas están muy lejos de aspirar a un triunfo, al menos en la capital del Estado. Probablemente, tengan posibilidades en algunos municipios del interior, descartando por supuesto a Calvillo y Jesús María, donde la presencia y posicionamiento de los candidatos de Acción Nacional, llevan una clara ventaja sobre el resto de los aspirantes.

Así, mañana 20 de mayo, se llevará a cabo el denominado debate entre los candidatos a presidir el Ayuntamiento de Aguascalientes. Nadie espera un debate de proyectos, de ideas, de propuestas, desgraciadamente. Alguno o algunos de los candidatos le pegarán al candidato que vaya a la cabeza, en este caso Tere Jiménez, en un afán de quitarle uno o dos puntos de sus preferencias. Ojalá y estemos equivocados, y podamos escuchar proyectos para mejorar la calidad de vida de la población toda del municipio capital, en seguridad, en infraestructura, en servicios públicos, en atención social, etcétera. Que escuchemos propuestas viables, en un entorno difícil desde lo federal, que logren acomodo y apoyo presupuestal sobre todo, en el escenario y prioridades del centro.

Aguascalientes, está en los indicadores de desarrollo, un tanto arriba de los promedios nacionales, es fundamental que ello se mantenga, y en lo posible, se mejore. La visión y las formas de gobernar deben seguir atendiendo a la vocación y la personalidad de los aguascalentenses, ello le ha dado fortaleza y consistencia a su trabajo y compromiso; un giro a contrapelo de esa idiosincrasia puede tener costosas consecuencias. Quién lea y entienda el código anímico del ciudadano de Aguascalientes, ese tendrá lo que espera el 2 de junio.

Finalmente, a este Aguascalientes sufrido, no sólo las mañaneras y el proceso electoral en puerta le alteran el nervio, ¿qué tal el calor?

 

mario.bravo58@hotmail.com

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Mario Bravo

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