Opinión

Breve historia de los superhéroes / Análisis de lo cotidiano

Superman y Batman ya cumplieron los ochenta años, lo cual podría hacernos pensar que son los abuelos de los superhéroes. Nada de eso, estos venerables campeones de la justicia, son unos bebés comparados con los primeros super paladines. Los originales nacieron en el Siglo IV A.C. en la antigua Grecia. Fueron el resultado del contacto entre un Dios y una mujer mortal, por lo cual se llamaban semidioses. Estamos hablando de Hércules, Aquiles, Perseo, Prometeo y muchos más, que tenían poderes sobrehumanos aunque sufrían dolor y podrían morir. Tuvieron también la ventaja de que al morir era elevados por sus padres al Olimpo donde se convertían en dioses menores, pero con todos los privilegios de la supremacía divina. Por ejemplo, Hércules, que dedicó su enorme fuerza a hacer el bien, fue traicionado por su esposa quien lo envenenó, pero su padre Zeus, ni más ni menos que el jefe de todos los dioses, lo elevó a la categoría de Dios de los Indefensos y desde entonces se construyeron templos y ciudades en su honor. También tuvieron la primera versión de Aquaman, solo que era más poderoso y se llama Poseidón, dios de los mares, ríos y lagunas. Marvila o la Mujer Maravilla no es ni la sombra de su predecesora Artemisa o Diana la Cazadora, diosa de la naturaleza, que protegía a las mujeres y fue soltera convencida toda su vida. También llegó a tener templos y ciudades en su honor. Ninguno de los superhéroes de cómics que padecemos actualmente le llega ni a los talones a los primeros y auténticos semidioses. Incluso otras mitologías menos estructuradas como la hebrea también tuvieron a Sansón, un guerrero del bien que fue fiel a su rey. Y cosa curiosa, también murió traicionado por su mujer, lo cual parece un precedente que habría de seguir cuidando, porque los actuales tienen como condición imprescindible no tener mujer o permitir una enamorada que nunca llegará al altar con el campeón. ¿Y cuál es el fondo real de todo esto? Que los seres humanos tenemos toda la vida desconfiando de nosotros mismos. No nos consideramos capaces de resolver nuestros problemas cotidianos y creamos la fantasía de que “Alguien” venido del más allá bajará de sus privilegiadas alturas para venir a solucionar nuestros conflictos de una manera definitiva, con fuerza, inteligencia, astucia y sobre todo con una honestidad y pureza de carácter absolutamente incorruptible. La ingenuidad y la tendencia a la evasión siguen campantes, lo cual nos augura que aún faltan muchos siglos para que tengamos el convencimiento de que nosotros y solo nosotros deberemos arreglar nuestras humanas y mortales disputas. Los superhéroes han existido desde los inicios de la historia, pero solo en nuestra ilusas mentes. Y así, francamente no se puede.

 

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Héctor Grijalva

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